DIGAMOS, sin incurrir en tópicos, que anteayer fue una fecha verdaderamente histórica. Para la Isla de San Miguel de La Palma, la provincia tinerfeña y el Archipiélago. Tendríamos que sentirnos orgullosos y satisfechos todos los isleños. Pese a que, simultáneamente, nos acechen los vértigos, frecuentes y desazonados, por las torpezas, dejaciones, patochadas, osadías, falsedades, jactancias, frescuras... de bastantes de los encargados de administrar las instituciones y los dineros públicos.
La presencia del Príncipe de Asturias en el Roque de los Muchachos, el viernes, rubricaba algo más que la materialización de uno de los más ambiciosos proyectos de nuestro Instituto de Astrofísica. Porque, en efecto, si la primera piedra del edificio del Gran Telescopio de Canarias significa el definitivo paso en la brillante continuidad hacia el progreso científico, esa inauguración también debería alumbrarnos claves de esperanza. En otros ámbitos. ¿Por qué no?
¿Somos conscientes de la sabiduría y de la capacidad de trabajo del director del IAC, el tinerfeño doctor Francisco Sánchez, así como de la especialización máxima de los miembros del equipo que lidera? Pues son tales valores, personales, de honradez intelectual, de indesmayable dedicación investigadora en común y de ópticas de universalidad - excepcionales, sin duda - los que les han suscitado la admiración de las comunidades académicas del mundo entero.