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Sector primario | La ganadería en el ojo del huracán

Los ganaderos de la Isla le plantan cara a «la peor» crisis de la historia

Tenerife responde, pese a la lluvia, al atractivo de la Feria de Tacoronte, de vuelta dos años después

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Feria de ganado por las fiestas de Tacoronte Andrés Gutiérrez

El pueblo de Tacoronte y de los municipios aledaños respondió a la convocatoria de la XXXV Feria de Ganado, organizada por el ayuntamiento norteño con la colaboración de la Asociación de Ganaderos de Tenerife (Agate). Volvía después de dos años sin poder celebrarse por la pandemia de la Covid-19 y no defraudó. La explanada frente al Mercado del Agricultor se llenó desde primera hora de animales, sobre todo ganado bovino, unas 140 cabezas entre vacas, toros y bueyes, pero también caprino. Parte de unas 35 yuntas, tanto locales como procedentes de La Laguna. Tegueste y El Rosario, donde se concentran la mayor parte de las cabezas de la raza basta autóctona en la Isla. Muchos curiosos se apostaron en la parte alta, la más cercana ala carretera general, para ver la exhibición. A media mañana ya eran 500 personas y sobre las 13:00 horas, en coincidencia con la tradicional bendición de las mascotas, más de un millar. Ni siquiera pudo con las ganas de tradición la fuerte lluvia en algunos momentos, que impidió que pudiera bajarse la imagen de San Antonio Abad. Mezcla de ciertas ganas de novelería después del coronavirus con el decidido apoyo a un sector primario que atraviesa «la peor crisis de la historia» diagnóstico en el que coincidieron todos los presentes.

y a la derecha el pony, la atracción de la mañana para los más pequeños de la casa. | a. gutiérrez

La cola de vehículos que ralentizaba el paso de la guagua de la línea 057 de Titsa hacía presagiar la presencia de mucha gente en el entorno. Y así fue. Bajar hasta el recinto permitió comprobar que los mañas no se pierden en los actos tradicionales. Música canaria en la carpa central, suelo de un característico color canelo, y no solo por el barro acumulado o las vacas en filas con pasillos para el paso de grandes y chicos. Y, cómo no, la cantina, ese rincón de los encuentros siempre con la cuarta de vino del país y la mejor carne en fiesta como reclamos.

En el camino aparece Víctor González. Viene desde Tegueste y lleva más de veinte años dedicado a la ganadería. Sin tradición profesional en la familia «aunque siempre vi vacas en casa». Trae a la feria cuatro toros: dos bueyes para romerías y otros actos, y dos sementales para cruzar. Confirma la crisis del sector: «En Tegueste ya solo quedamos nueve ganaderos». Lógico porque «esto no da ni para los gastos. Es mi trabajo, muy sacrificado porque hay que ir incluso cuando estás malo, pero me lo tomo casi como un hobby». Subrayó: «Un saco de harina de millo ha pasado de 4 a 12 euros casi de golpe». Explica que «estos animales (más de 1.000 kilos que pueden suponer 800 de aprovechamiento cárnico) comen lo que le echen, les racionamos por su bien pero son unos sacos sin fondo». Deja claro que «nunca me he comido un animal mí, aunque llegado el momento hay que sacrificarlos». Pone el ejemplo de su hijo Guillermo: «Está sacando el carné de transportista y a eso se va a dedicar. Los chicos no tienen futuro». Destaca: «En las romerías empezamos a sentirnos mal mirados, como si maltratáramos a nuestros animales y es todo lo contrario. Tiene doce toros y una vaca con la que intenta reducir gasto para que le de leche a los terneros porque «un saco de leche costaba 45 euros hace unos meses y ahora 80». Ejemplo de una frase y letra clásicas: «Para la leche que da la vaca que se la coma el ternero».

La ruta sigue entre los espacios habilitados en medio de la estructura de tubos y bidones en cuyo interior están las vacas. «No las toquen porque pueden ponerse nerviosas» advierten. Es difícil porque la atracción que despiertan entre el público infantil es casi tan grande como ellas.

Los ganaderos de la Isla le plantan cara a «la peor» crisis de la historia

Irene es una de esas niñas a las que le gusta mucho los animales. Su mamá Toñi, vecina de Tacoronte aunque nació en Tejina, explica que quiere ser veterinaria. Es precavida con su hija porque «los tuve y me llevé algún susto».

Carmen vive también en Tacoronte y le agrada lo que ve: «Muy bonito, deberían hacerlo más a menudo. Y anunciarlo más. El sector primario es el más importante. Hay que protegerlo y ayudar a los productores».

Pero no es solo la gente del país la atraída por la feria. Elsa, Rainer y Julia son alemanes, llegan desde Los Realejos y les encanta la feria.

Amor y pasión. Cuadra Ayalita. Es el mensaje en la sudadera de un grupo de personas que recupera fuerzas junto a su ganado. Los encabeza José Manuel Ayala, Ayalita, lagunero de San Roque, con 49 años y dedicado «toda la vida, desde niño con mis padres» a esta actividad. Tiene 42 animales y lo ve «my mal» porque «antes se vivía de esto, pero ahora es imposible aunque arrastramos los problemas desde hace tres años». Su hija Ivana, de 4 años, corretea nerviosa porque quiere subirse a un pony, la atracción más deseada. Su padre dice que «está acostumbrada a los animales desde que nació y ya los Reyes Magos le trajeron un ternerito». Le ilusiona que sea veterinaria, pero no cree que se dedique a una actividad ganadera que «va camino de desaparecer a corto plazo en Tenerife».

La gente se refugia en la carpa porque llueve fuerte. También Rosa Dávila, candidata de Coalición Canaria al Cabildo, su compañera aspirante a alcaldesa de Tacoronte, Noemi García, y el consejero insular Antolín Bueno. El mensaje: apoyo y ayudas al sector «que necesitamos» y lo pasa muy mal por la crisis ocasionada por la Guerra de Ucrania y la inflación. García considera «importante» para el pueblo este evento y recuerda: «Hay que enseñar a los niños que la leche no viene de la nevera».

Pedro Tomé es secretario de Agate. Valora que «la gente de aquí muestra su conocimiento y cariño por este mundo». Cree que la feria es «importante para todo el Norte» y agradece el ayuntamiento el aumento en su aportación.

La banda de Santa Cecilia, con 120 años de historia y encabezada por Paco Abreu, que lleva 62 de música a sus espaldas, puso la melodía mientras el párroco Macario López bajó al terrero para enfangarse mientras daba la bendición a ganado y mascotas. No pudo ser con la imagen del santo pero valió igual. Por lo menos para Canela y Willow dos espectaculares labradores que esperaban junto a sus dueños, Nina, Arturo y Remedios.

El alcalde, Daniel Díaz, y la concejala de Agricultura, Carmela Díaz Vilela, valoraron una feria «trascendental» para su pueblo. Recuerdo para un ganadero, Nino Hernández, fallecido en pandemia, y premio a otro Ricardo Peña, 44 años, de Barranco las Lajas, con dos preciosas colleras para las vacas cuyas campanas sonaron con fuerza. El final fue el habitual en este tipo de encuentros, esta vez reencuentro de domingo. La mayoría de la gente se marchó, pero quedaron en la cantina los habituales amantes de la cuarta de vino y de la carne en fiesta. Tradición en estado puro.

Los altos precios del pienso y la falta de relevo generacional son las lacras

Destaca a la derecha del recinto habilitado frente a la explanada del Mercadillo de Tacoronte un pequeño cercado con un rebaño de unas 40 cabras. Las traen desde el propio municipio, Urbano López, padre, y su joven hijo, de igual nombre. En total poseen 70 cabezas de razas autóctonas como la de Tenerife del Norte o la de La Palma. También ovejas, asimismo de raza palmera, de la que muestran un ejemplar. La crisis del sector primario aparece de entrada en la charla con dos factores: precios elevados y falta de relevo generacional. Ellos venden queso en su domicilio o en el cercano mercadillo. Urbano junior aclara: «Si no tuviera otro trabajo sería imposible mantenerme. Esto no da ni para cubrir los gastos, seguimos porque nos gusta y nos viene de tres generaciones: abuelo, padre y nieto». Explican que «el gasto de pienso y forraje o del gasoil para buscar la alimentación ha aumentado tres veces en poco tiempo». Añaden: «Solo en comida viene a ser de media un euro al día; si tenemos 70 cabras, es pura matemática». El saco de millo, apuntan, «está a 12 euros y antes de esta crisis a 3,50. Las 70 cabras se comen cuatro al día». Entienden «lógico» que un consumidor prefiera comprar un queso en una gran superficie a 4 euros que uno de mejor calidad, sí, pero a 12». Una posible solución: «No den subvenciones directas al productor sino a las fábricas de piensos y bajen el precio». Todos los ganaderos consultados ayer reconocen que se están sacrificando animales para mantener otros. Si se une un trabajo duro (muy temprano, todo el año sin vacaciones...) con las pérdidas, la pregunta surge sola: «¿Quién va quiere dedicarse a esto?». | José Domingo Méndez

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