Como diría el rey mago, que ahora es mago porque cuando viene a España lo hace de oriente, me llena de orgullo y satisfacción la acogida que ha tenido la nueva apertura de mi cantina ilegal. El anuncio en las redes, y la acogida que me han brindado, me ha hecho sentir que mi negocio forma ya parte del carnaval, no en vano, han pasado ya once años desde aquel lejano 2012 en el que le planté cara a los restaurantes de la zona y abrí un lugar de encuentro de los carnavaleros, un lugar de tertulias, conversas; un lugar que se ha convertido en un personaje más del carnaval, con permiso de La Lecherita.

Este año vuelvo a abrir mi local donde les contaré lo que aquí chismorrea la gente y donde les podré ofrecer de nuevo las ya famosas garbanzas de mi señora madre. Este año las haremos rellenas de conejo en salmorejo; espero que les gusten. Mi amigo Teto El peluca, prestigioso chef del Restaurante La Clavada que tiene dos estrellas Michelín, me preguntó por qué no le hace mi madre a las garbanzas una reducción al Pedro Ximenez aderezada con aroma de jengibre, por aquello de la cocina alternativa, pero que va... mi cantina perdería el encanto y mi viejita, a sus 87 años, ya bastante tiene con pasar las noches enteras rellenándome las lentejas y yo, por buscar estrellas, no quiero estrellarme.

Total, aquí estamos otra vez, con un nuevo Carnaval casi normal, y digo casi, porque hay alguna variación lamentable que ya comentaremos. Once años han pasado ya y aquí seguimos, en esta esquina de EL DÍA a quien agradezco que haga públicas mis tonterías. ¿Quién lo diría? Otra vez el Carnaval en la puerta y otro año pa’trás.