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EL HIERRO

La suerte da un ‘abrazo’ a Ángeles, la canaria ganadora de un premio millonario en la Bonoloto

La vida de esta madre coraje ha estado marcada por el infortunio

María de los Ángeles Brito Brito, el sábado en su casa de La Frontera. E. D.

Dicen que Dios aprieta, pero no ahoga. No pasa siempre, aunque en el caso de esta herreña se cumplió a rajatabla. Ángeles acaba de ganar más de dos millones en la Bonoloto.


Hay algo en su cabeza que no le deja disfrutar la alegría millonaria que se llevó hace cinco días, una interminable lista de problemas con los que lleva lidiando años. María de los Ángeles Brito Brito es la propietaria del billete de Bonoloto premiado con 2.002.322,57 euros que fue validado en la administración La Isla del Tesoro de Cruz Alta, un establecimiento ubicado en la calle Tigaday del municipio herreño de La Frontera, cerca del centro de mayores al que la afortunada suele acudir para desconectar de una realidad compleja: «Yo he sufrido mucho... Ahora me ha tocado esto, pero la vida no ha sido demasiado buena conmigo», confiesa esta herreña de 71 años.

Viuda desde hace algo más de una década y madre de dos hijos esquizofrénicos, Ángeles confiesa estar al límite de sus fuerzas. «Usted no sabe lo que yo he pasado en esta vida», avanza sin dar pistas pero dejando al descubierto un problema de enorme magnitud. El mismo que la impulsó horas antes de convertirse en millonaria a telefonear a los servicios sociales insulares para exponer una vez más que no podía más, que la enfermedad de sus hijos la tenía devastada. «Ya son tantos años pidiendo ayuda sin recibir respuestas que me he quedado sin fuerzas», repite sin querer transmitir más pena de la necesaria.

«Nadie sabe lo que duele tener dos hijos esquizofrénicos; son muy buenos pero se les va la cabeza»

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Con el acento elegante y pausado que caracteriza a los habitantes de El Hierro, la voz de Ángeles hace equilibrios para no romperse por la emoción. Lo habitual cuando ocurren estas cosas es mantenerse en el anonimato, pero ella ha decidido contar su historia. «Solo los que lo han sufrido en sus propias carnes saben la pena que supone que la Guardia Civil se presente en tu casa porque un hijo te ha pegado, que se lo lleven como un preso porque está fuera de control, que lo veas irse y no puedas hacer nada rota de dolor... Ellos no han robado, son buenos chicos pero el día que se les va la cabeza no sabes cómo van a reaccionar», repite sin ocultar que alguna vez ha temido por su vida. «Tienen buen corazón y sé que no lo hacen con la intención de dañarme, pero pasa y entonces te derrumbas...», confiesa antes de dejar en el aire una de esas preguntas que casi nunca tienen respuesta: «¿A qué están esperando, a que un día me lleve un mal golpe y todo se complique?».

Un «dolor» invisible

Ángeles admite estar agotada de pedir ayuda para sus hijos, cuenta sin vergüenza que su desesperación ha llegado a unos límites insospechados. «Un día fui a hablar con varios políticos y les dije que tenía un terrenito que podía regalar y construir en él un centro de atención para la gente que tiene brotes esquizofrénicos como los de mis hijos, pero me dijeron que así no funcionan las cosas... No quiero dar lástima, pero me he visto sola porque este es un problema que nadie sabe solucionar». Bruno, uno de sus hijos, no habla. Emite unos sonidos [gritos] desde el día en el que se le paralizó un nervio que se extiende desde el tímpano. «Ya lo he llevado unas treinta veces a centros de Madrid, pero no hay remedio», cuenta sobre las dificultades que padece uno de sus cuatro hijos: «Tres machos y una hembra», apunta con la naturalidad con la que una madre habla de su organigrama familiar. En ese cuadro falta desde hace unos once años Ramón, su exmarido.

«Le hicieron un trasplante de hígado en Madrid del que se recuperó en El Hierro». Antes de pasar por el quirófano Ángeles residía en el municipio tinerfeño de Candelaria [ella abandonó El Hierro con unos 12 años] y regresó a la que en su día fue conocida como la Isla del Meridiano tras comprar una «casita» en el barrio de Tenesedra (El Mocanal), en un punto muy próximo al lugar en el que estaba la casa de sus padres. Quinta de siete hermanos [seis chicas y un chico], María de los Ángeles nació el 2 de agosto de 1951 en el seno de una familia de campesinos. «Yo solo estudié hasta que me dieron el Graduado Escolar», revela en una fase de la conversación en la que habla de una infancia en la que no había más remedio que arrimar el hombro en casa: «Con nueve o diez años tenías que ir a limpiar o a trabajar en el campo».

«En casa vive un joven de Senegal que conocí cuando vendía pulseras de colores en La Laguna»

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Eso sí, tras regresar a su Isla se matriculó en la Escuela de Mayores de Valverde. «Allí aprendí cosas para poder defenderme un poquito mejor en la vida», narra con orgullo una madre que está a punto de enfrentarse al enésimo brote de Bruno [se escuchan unos violentos gritos a través del teléfono]. «¿Usted cree que esto es vida?», traslada sin dejar de lanzar frases de cariño a su hijo... «Él es bueno, pero se le va la cabeza», repite sin caer en la cuenta de la reiteración. «Mis niños tienen el corazón de su madre, pero son difíciles de controlar», remarca en presencia de Camara, un joven nacido en Senegal que llegó a Tenerife en patera en 2020 y que acoge temporalmente en El Hierro. «Hay vecinos que me dicen: ¿qué necesidad tienes de esto?, pero es un niño bueno y necesita alguien que lo ayude», justifica en relación a una amistad que nació una mañana que había ido a visitar al Cristo de La Laguna (Tenerife). «Estaba en una esquina vendiendo pulseras de colores y le di los 14 euros que tenía en el monedero». A partir de ese momento se estableció un vínculo entre ellos que llevó a Ángeles a contactar con los gestores del centro de acogida de Las Raíces (La Laguna) para tantear la posibilidad de iniciar los trámites para una acogida. Pero la historia de Camara merece un apartado especial.

Un boleto millonario «gratis»

Ángeles ya era millonaria antes de ser consciente del giro de 180 grados que había dado su vida. «Vino mi hija y me contó que la Bonoloto había tocado en La Frontera... Preguntó si la había puesto y mi respuesta fue: yo no tengo tanta suerte», revive cuando ya tenía la mosca detrás de la oreja. Esa curiosidad fue la que la llevó a hacer una comprobación inolvidable: «Al ver en el móvil el 6, 7, 9, 29, 30 y el 31 los ojos se me salieron de las órbitas. ¡Qué gran alegría, mi niño!».

«Al ver en el móvil el 6, 7, 9, 29, 30 y 31 los ojos se me salieron de las órbitas. ¡Qué gran alegría, mi niño!»

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La apuesta ganadora de Ángeles le salió «gratis». Bueno, en realidad fue el resultado de una reinversión de las ganancias acumuladas en varios sorteos. «Fui a poner la Bonoloto y me dijeron que tenía cuatro euros en reintegros... Llevaba varios días con terminaciones premiadas y dije que me pusiera lo mismo, es decir, que no tuve que pagar ni un céntimo».

María de los Ángeles aún no tiene planes de inversión [algún consejero le ha dicho que no los desvele para que no atraer a los abusones] pero una de las cosas que sí va a hacer es arreglarse la boca. «Me hace mucha falta», cuenta sin olvidarse de los suyos. «A mí me queda poco en esta vida y mi deseo es que los míos tengan una vida mejor», especifica sin concretar. «El boleto está en el banco, pero aún no me han llamado... Me dijeron que ellos se encargaban de todo, pero voy a preguntarle a un yerno que trabaja en un banco de Las Palmas a ver qué ha pasado», avisa.

Camara: su «quinto hijo»

Camara es un joven senegalés que vive en la casa de María de los Ángeles desde hace nueve meses. Se presentó en El Hierro por sorpresa tras una breve etapa en suelo peninsular originada a partir de un proceso de redistribución de migrantes acordado entre el Gobierno de Canarias y el Estado. «Estuve recogiendo aceitunas en Jaén, pero me volví a Canarias», desvela un africano que buscó la aventura europea a través del Archipiélago. «En mi país se quedó parte de la familia», apunta de unos parientes que más de una vez han recibido la ayuda económica de María de los Ángeles. «Viajé tres días en barco [desde Huelva a Tenerife] y cuando estaba aquí la llamé por teléfono para decirle que iba a ir a El Hierro», abrevia Camara sobre una decisión que tomó en abril de 2022. Ahora está arreglando los papeles para ver si consigue que le den la residencia en las Islas. «Ángeles es como mi madre», repite una y otra vez... «Es una mujer buena». Él, al igual que otros compañeros de patera, estuvo semanas interno en el centro de Las Raíces (La Laguna) y ahora su deseo es estabilizar su vida en El Hierro.

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