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Cruces y fuegos: Los Realejos vuelve a ser lo que era

Las calles realejeras se volvieron a llenar de gente, cruces, flores y fuegos, como en aquellos 3 de mayo anteriores a la pandemia de Covid-19

Procesión de la cruz en Los Realejos este mediodía El Día

Los Realejos vuelve a ser lo que era. Este 3 de mayo de 2022 ha sido el del final de una larga pesadilla que los realejeros han sabido convertir, en un tiempo récord, en un sueño real: recuperar su día más grande entre las flores y la pólvora del pueblo. Ha vuelto a ser el de antes del inicio de la pandemia de Covid-19. Un municipio repleto de cruces, más de 300, que sus vecinos adornan con flores y esmero para compartir su belleza con todo el que pasa en este día de multitudes. Un pueblo que huele a pólvora de traca y que de noche se ilumina con un pique pirotécnico que dura siglos y que es una de las mayores exhibiciones de fuegos artificiales de Europa. Un lugar donde se comparten pasteles, platos típicos y vasos de vino; donde se celebra el paso de la cruz como la vuelta a una normalidad con olores, colores, sonidos, tactos y sabores propios.

El alcalde realejero, Manuel Domínguez (PP), confesaba este martes la importancia de «recuperar la sonrisa de los vecinos» en «un día de felicidad, de alegría, de caminar por las calles y de entrar en las casas para compartir las tradiciones, las costumbres y la forma de ser de los realejeros».

Enrique Agonec Hernández, representante de la calle El Sol, no podía ocultar su alegría «por tener unas fiestas como Dios manda», como las de antes, «pese a que no pudimos trabajar, como es habitual, durante todo el año anterior para prepararlas. Cuando empezamos allá por marzo a ponernos en marcha por si se podían celebrar, nuestras expectativas eran muy bajas porque pensábamos que iba a costar encontrar colaboración, pero ha sido todo lo contrario. La gente y las empresas se han volcado, han colaborado más que nunca. Fue algo impresionante».

Cruz de la calle El Sol Isidro Felipe Acosta

Con los recursos aportados por la gente para adquirir flores, decoración y fuegos, sin aportación económica del Ayuntamiento, como es tradición, ambas calles han podido organizar una fiesta a lo grande. «Con las emociones a flor de piel, después de tanto tiempo. Se ha notado mucho sentimiento, por la importancia de volverte a encontrar con la gente. Ha sido como despertar de una pesadilla y vivir en un sueño», reconoce Enrique Agonec.

Isidro Hernández Capellá, representante de la calle El Medio, coincidía en que era «un día especial, con muchísimo trabajo, que ha recordado a los días de antes, pero con un sentimiento especial. Había muchas ganas y emoción, y eso se ha notado en la gran cantidad de gente que ha venido». Pese a la falta de tiempo, coincide con la calle El Sol, en que «la gente ha respondido, ha trabajado con más celeridad y eso nos ha permitido que todo salga bien al final». A su juicio, uno de los momentos más emotivos fue la procesión de mediodía, «ya que nos permitió volver a ver la cruz en la calle».

Cruz de la calle El Medio El Día

La traca de Los Realejos El Día

Esta noche, con la procesión nocturna de la cruz, se reviven momentos mágicos. El pique de fuegos, que no es otra cosa que la ofrenda de los vecinos y simpatizantes de las calles de El Sol y El Medio Arriba a su cruz. Una cruz que cargan mujeres y hombres y que en la raya de la calle La Pila, que marca la frontera de este pique ancestral, cambia de manos para continuar con la segunda parte de una ofrenda que retumba y reluce en todos los rincones del Valle.

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