Cierre de instalaciones recreativas, caída de ramas, adornos navideños voladores, veleros enredados, problemas para atracar en los puertos canarios y retrasos en los vuelos fueron algunas del más de centenar de incidencias que se registraron en todo el Archipiélago debido a los fuertes vientos que han invadido Canarias. . Una corriente procedente del sudeste entró durante esta madrugada en Canarias generando, desde entonces y durante el resto del día, rachas que superaron los 90 kilómetros por hora en cumbres y en las vertientes norte de la mayoría de islas. 

El viento ha sido especialmente notable en las cumbres, siendo Izaña el lugar más afectado. Ha soplado a una velocidad máxima de 89 kilómetros por hora, con rachas que alcanzaron los 114 kilómetros por hora. También hizo mucho viento en Agulo (La Gomera ) y Tejeda (Gran Canaria) donde registraron rachas máximas de 96 kilómetros hora y en La Graciosa y La Laguna (Tenerife), con rachas máximas de 95 kilómetros por hora. En la ciudad de los Adelantados, de hecho, la lluvia y el fuerte viento ha causado numerosos desperfectos en las carpas y otras estructuras del Campamento Real, en el Parque de la Constitución. Por este motivo las instalaciones permanecerán cerradas al público hasta que se reparen los daños. El Ayuntamiento de La Laguna decidió por ello aplazar la apertura de la Muestra de Artesanía y la celebración de las actividades de dinamización comercial previstas para previstas para la jornada de ayer en Taco, Geneto y la plaza Antonio Mederos Sosa del casco.

El viento no ha sido el único protagonista de la jornada en Canarias, una densa capa de polvo sahariano, arrastrado por la misma borrasca que trajo los primero copos de nieve a las Islas, también ha teñido de color sepia el cielo de todo el Archipiélago. La intrusión de calima ha reducido la visibilidad por debajo de los 1.000 metros y ha provocado que los registros de partículas de polvo en el ambiente estuvieran cerca de los 1.000 microgramos de PM10 por metro cúbico en algunos puntos de la geografía isleña. Las altas concentraciones de polvo sahariano - muy por encima de lo recomendable - generaron que el aire fuera insalubre para personas mayores o con algún problema de salud previo.

El viento ha soplado con rachas máximas de 114 kilómetros hora en Izaña

Si bien el episodio de polvo sahariano se aleja de la supercalima de 2020, es un fenómeno muy poco habitual en las Islas. "No es la primera vez que ocurre en Canarias una intrusión de polvo sahariano, pero sorprende lo rápido que se superan, tras el episodio de 2020, las concentraciones de partículas PM10 de más de 1.000 microgramos por metro cúbico", explica Sergio Rodríguez, investigador del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Y es que, cuando la calima hizo acto de presencia el pasado lunes, algunas estaciones meteorológicas de Lanzarote llegaron a captar concentraciones de hasta 700 microgramos por metro cúbico. "El causante fue un pequeño filamento de polvo que salió desde Marruecos", recuerda.

En el día de ayer, esos filamentos no dejaron de salir de África, provocando concentraciones fueron de más de 100 y hasta casi 200 microgramos por metro cúbico desde primeras horas del día en casi toda Gran Canaria, la zona metropolitana y norte de Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro. Por la tarde, Gran Canaria registró concentraciones de hasta 600 microgramos por metro cúbico de partículas PM10.

Efectos en la salud

Estas concentraciones de polvo rebasan los índices que son favorables para la salud, que deberían encontrarse de los 50 microgramos por metro cúbico al día. Esto supone que su inhalación puede generar problemas de salud graves. Desde hace años se sabe que los días de calima se relacionan con una mayor mortalidad. Desde hace unos años, un grupo de investigación coliderado por el cardiólogo del Hospital Universitario de Canarias (HUC), Alberto Domínguez, y el propio Sergio Rodríguez, del IPNA-CSIC, ha estado desentrañando las razones que pueden estar provocándolo e intentando cuantificar el riesgo que conlleva respirar el aire cuando contiene polvo del desierto del Sáhara.

La inhalación de polvo empeora el pronóstico de los pacientes abocándolos a sufrir más cardiopatías, aumentando incluso, su riesgo de mortalidad cardiovascular. "Un aumento de 10 microgramos por metro cúbico de polvo sahariano en el aire aumenta un 2% el riesgo de sufrir un evento cardiovascular", relata Rodríguez. De esta manera, si las concentraciones de calima aumentan en 100 microgramos durante todo el día, el riesgo será un 20% mayor; y si lo hace en 1.000 microgramos lo hará un 200%.

Esto ocurre porque cuando el polvo desértico entra en contacto con las vías respiratorias provoca una reacción inflamatoria en la parte alta del tracto respiratorio. "Estudiamos dos biomarcadores específicos de los procesos inflamatorios presentes en el organismo que demostraron que esto estaba ocurriendo", rememora Rodríguez. Concretamente fueron la hidroxiprolina y el factor de crecimiento transformante beta 1 (TGFB1). La inflamación de las vías inflamatorias descubierta también tiene que ver con la infiltración de macrófagos  o células inmunológicas en el tejido de las vías respiratorias, que intentan actuar contra los a agentes patógenos inhalados a través de la calima. El proceso inflamatorio contribuye, a su vez, al engrosamiento de las paredes de las vías respiratorias que, a largo plazo, "puede conducir a cambios irreversibles y una pérdida de la función pulmonar", como indican los firmantes del estudio.

Además, según en qué dirección soplen los vientos, las calimas que llegan a Canarias pueden contener trazas de sustancias químicas que arrastran desde las centrales térmicas del continente africano como bromo, cromo, níquel, zinc y circonio. Por tanto, existe una posibilidad –aun sin constatar– de que la inhalación de estos contaminantes también pueda afectar también a la salud.

Tres calimas intensas en tres años

Entre 2020 y 2022 Canarias ha padecido tres episodios de calima densa en las Islas. El primero de estos episodios fue el conocido como la supercalima, que afectó al Archipiélago entre el 22 y el 24 de febrero de 2020 –unos días antes de que se detectara un boom de casos de covid en las Islas–. La densa intrusión de polvo sahariano en concentraciones nunca antes vista, alcanzando los 3.000 microgramos por metro cúbico en partículas PM10 y 1.000 microgramos por metro cúbico de PM2.5. En aquella ocasión el polvo sahariano tiñó los cielos de un intenso color ocre y no solo redujo considerablemente la visión, si no que también afectó al rendimiento de la energía solar, provocó la llegada de especies exóticas y afectó a las conexiones aéreas.

La segunda sucedió a mediados de enero de 2021. Según explicó la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en aquel entonces, aquella era la "segunda entrada de polvo sahariano más intensa en el registro histórico". Las estaciones de Gran Canaria y Tenerife captaron concentraciones de PM10 de más de 1.000 microgramos por metro cúbico Gran Canaria y Tenerife.

Esta última intrusión de aire sahariano también ha sorprendido a los investigadores por lo "rápido que se puede alcanzar los 1.000 microgramos por metro cúbico". "Los episodios no se están produciendo con más frecuencia pero sí parecen ser más intensos", concluye Rodríguez. Precisamente el aumento en la intensidad de estos episodios en Canarias es una de las posibles consecuencias del cambio climático descritas para el Archipiélago. "Estos fenómenos van asemejándose a lo que prevé el Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC) en relación a las consecuencias a las que se enfrenta el Archipiélago con el cambio climático", destaca Abel López, geógrafo de la Cátedra de Reducción de Riesgos de Desastres de la Universidad de La Laguna (ULL). Concretamente lo que se espera es que las intrusiones de este aire sahariano sean "más frecuentes e intensas" debido al calentamiento global. En consecuencia habrá "más olas de calor y habrá un mayor riesgo de incendios forestales" en verano como explica el geógrafo.

Aunque los episodios de calima intensa no solían ser habituales, hay precedentes de que han sucedido en otros momentos de la historia. La más importante hasta el momento era la que entró un día de Reyes de 2002. En ese día se superaron concentraciones de 5.000 micras por metro cúbico, pero una intensa lluvia consiguió que se diluyera en tan solo un día y medio. Si nos remontamos a un pasado más lejano, se podría hacer referencia a una intrusión de calima en febrero de 1898 en el que la visibilidad se redujo hasta los 137 metros y que se saldó con la vida de 78 personas que viajaban en un barco de vapor francés.

Todos estos fenómenos coinciden en época invernal porque las intrusiones de polvo sahariano durante los meses de diciembre, enero y febrero se suelen producir en los niveles bajos de la atmósfera. "Así tienen menos recorrido, pero también afectan más a la visibilidad y a salud de la población", explica Rodríguez. En verano, al viajar por las capas altas, la calima es capaz de llegar a Norteamérica en apenas unos días pero no afecta tanto a la superficie de las Islas.