El alto número de pacientes con cáncer de mama y la incidencia de la pandemia en el sector médico ha hecho que el procedimiento sea aún más solitario. Con el objetivo de acompañar a todas las mujeres que abordan esta enfermedad, Amate ha logrado constituirse como el mayor recurso de apoyo para muchas de ellas, concretamente ocho mil pacientes anuales. Asimismo, la entidad persigue una normalización del cáncer que propicie la participación activa de los jóvenes en esta lucha y elimine los numerosos estigmas que la rodean, siendo uno de ellos la invisibilización del cáncer masculino en la sociedad. 

Alrededor de 30.000 mujeres son diagnosticadas anualmente en España con cáncer de mama. Esto significa que cada una de las afectadas se ve expuesta a las mismas vivencias que el proceso conlleva, desde la primera consulta donde un profesional con mayor o menor tacto le comunica su enfermedad, pasando por el aluvión de emociones que ello suscita, hasta, aún contando con el apoyo del círculo cercano, no encontrar un igual con quien desahogarse sin causar preocupación.

La Asociación de Cáncer de Mama de Tenerife (Amate) lleva quince años, desde su fundación en el 2006, ayudando a las personas que padecen esta enfermedad en el Archipiélago, sean mujeres u hombres. Su fin principal, y el que engloba las diversas actividades que realizan, consiste en promover una solidaridad estrecha entre aquellos que lo padecen, estén o no en tratamiento, sus familiares y las personas en edad de riesgo.

Quince años atrás, un grupo de cinco mujeres afectadas por el cáncer de mama se reunía para buscar en conjunto una ayuda que nunca percibieron. Éste constituiría el punto de inflexión que las llevó a erigirse como asociación, facilitando la asistencia a quienes se acercaban con las mismas incertidumbres y miedos, creando así una enorme red de colaboración y confianza basada en el entendimiento mutuo.

Atrás quedó el pequeño cuarto en el Centro de Voluntariado de Santa Cruz donde atendían llamadas desde un escritorio. A raíz de su fundación, los servicios que ofrecen han ido creciendo exponencialmente. En la actualidad su margen de actuación abarca la atención social y psicológica tanto a pacientes como familiares, la fisioterapia oncológica que previene o rehabilita secuelas, la estética reparadora de los agresivos daños que deja tras de sí el tratamiento, numerosos talleres como el de colocación de pañuelos o confección de almohadas ortopédicas y eventos sociales y deportivos donde puede colaborar el conjunto de la ciudadanía.

Han sido 8.000 las mujeres canarias ayudadas por Amate en el último año, personas que han encontrado en la Asociación el acompañamiento necesario para afrontar los agresivos procedimientos a los que son sometidas. En este transcurso la entidad ayuda a aumentar la autoestima y regular los cambiantes estados de ánimo, así como instaurar conductas saludables relativas al deporte o la dieta, entre otros.

Para María del Carmen Bonfante Vargas, presidenta de la entidad, la fortaleza indiscutible de la Asociación reside en muchas de sus integrantes, mujeres que han superado el cáncer y gozan de salud plena, por lo que actúan como referente directo para quienes acuden a Amate en busca de apoyo. Esto hace posible que aquellas que han sido recientemente diagnosticadas hallen consuelo en frases contundentes como “yo lo he pasado, tú también lo harás” o “volverás a sonreír”, provenientes las que lo han experimentado.

Añade que el paso primordial a la llegada de una persona al centro consiste en “abrazar siempre en primer lugar, ya luego nos miramos a los ojos”. La portavoz habla de la importancia del diálogo, de sentirse escuchado y poder desprenderse de cualquier pensamiento que alguien que no haya padecido un cáncer de mama no puede comprender con exactitud. “Cuando acuden a nosotras caminamos de la mano en todo momento, nunca se la soltamos”.

Una problemática relegada a un segundo plano es el cáncer de mama en hombres, pues a pesar de que afecta apenas al 1% de la población masculina, los síntomas son similares a los de las mujeres y se diagnostica de la misma manera. El principal contratiempo es el estigma que rodea a esta enfermedad y que socialmente parece afectar sólo al género femenino, haciendo que su detección precoz sea más compleja. “Los chicos jóvenes no esperan poder tener un cáncer masculino, por eso vamos a los institutos y les enseñamos la importancia de autoexplorarse igual que las mujeres”, aclara.

Los jóvenes deben actuar como embajadores y velar por el bienestar de la familia, especialmente las integrantes femeninas e impulsarlas a realizarse los chequeos pertinentes. “Tienes que ir al médico cuando no te duele nada para poder detectar el cáncer de forma precoz, cuando duele es más preocupante”, destaca la presidenta. Un diagnóstico temprano eleva al 85% las posibilidades de una completa recuperación.

Más allá de los 24 empleados imprescindibles, Ámate cuenta con una red de 700 voluntarios, cuya adhesión se realiza asistiendo a un breve curso explicatorio. Posteriormente se ofrece un abanico de posibilidades, donde consta el voluntariado en hospitales, peluquerías o puntos de información en la calle, entre otros.

Asimismo, y como sustento económico más allá de las empresas colaboradoras, la organización es apoyada por unos 1.500 socios, muchos de ellos pacientes, que aportan una cuota anual de 40 euros, modificable a voluntad de cada persona. Quienes perciben su ayuda pero no pueden permitirse este pago quedan exentos de él, llamados socios sin cuota, que reciben los mismos beneficios que si lo efectuaran.

La logística desarrollada por la asociación permite su presencia constante en hospitales y centros médicos, así como la asistencia en viviendas particulares. “Muchas mujeres no tienen fuerzas para moverse después de recibir quimioterapia o simplemente tienen un familiar dependiente y no pueden acercarse al centro”, relata Bonfante. “También sufragamos gastos como abonos de transporte, para que aquellas que viven en municipios lejanos no gasten su dinero en acudir a la sede”, añade la portavoz. La entidad no se centra exclusivamente en el mundo médico que rodea al cáncer, sino que trata de ser útil en el resto de aspectos cotidianos.

“Es una labor muy dura, pero al final te quedas con las personas a las que has ayudado, las redes de contacto y colaboración que se generan y los mensajes que llegan tiempo después de mujeres explicando que hemos sido su sustento y que la vida vuelve a ser lo que era para ellas”, relata Carmen emocionada.

Los 15 años que Amate ha dedicado a apoyar a todo paciente con cáncer de mama que se ha puesto en contacto con ellas, les es devuelto a través del cariño de la comunidad. A pesar de que este año ha sido el más duro para el mantenimiento de la Asociación y su presencia en centros hospitalarios para realizar la labor de acompañamiento, diversos negocios y personas independientes han mostrado su apoyo cediendo productos para rifas o, los más habilidosos, tejiendo mantas, cojines o pulseras para su venta solidaria.

Escasos recursos

“Este año hemos tenido que reinventarnos para sacar dinero, realizamos una Carrera de la Mujer virtual y aumentamos considerablemente nuestra presencia en redes sociales”. Agrega que “nos ha abrumado la cantidad de personas que se ha volcado con nosotras, garantizando que podamos mantener a los trabajadores, porque todos son imprescindibles, no sobra ni uno”.

Las cadenas de altruismo que arrastra la Asociación sobrepasan los límites del ámbito médico o el de la enfermedad, se trata de personas, ya sean éstas pacientes, familiares o ciudadanos que ayudan a otras tantas en cualquier área. Normalizar la presencia del cáncer en la sociedad ayuda a su prevención o diagnóstico temprano y anima al conjunto de la ciudadanía a fomentar un diálogo público inclusivo.