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Jorge Bethencourt

El recorte

Jorge Bethencourt

Contra el turismo

Los presidentes de los cabildos insulares se reúnen en Fitur. | | E.D. Dalia Guerra

Jóvenes activistas canarios se manifestaron en Fitur, ese gigantesco fiestorro pagado con el sudor de nuestros impuestos, gritando que las islas están bajo ataque y en peligro de muerte. Nos bombardean los turistas y las víctimas mortales son la creciente pobreza —pues coño, imagínate si no hubiera turismo— las ballenas que los guiris asesinan con las tablas de surf o los hoteles de cinco estrellas construidos sobre los huesos de los menceyes.

La solución inmediata para este ataque es una «moratoria turística». Basta ya. Ni un extranjero más que venga aquí a gastarse las perras. Ni un nuevo hotel. Pero de lo que nos hemos cargado los canarios con las casas en las medianías, ni una palabra. A la patria no le duele un interminable multiverso de cuartos de aperos con cocina, parrilla y piscina, sino las cuatro patas de una cama hotelera.

Podríamos vivir sin tanto turismo; claro que sí. Lo que pasa es que –a cada acción le sigue una reacción– eso implicaría perder unos cuatrocientos mil puestos de trabajo y miles de millones de recaudación de impuestos. Y supondría echar a un millón de personas, para que se vayan a vivir a otra parte. A la Quinta Puñeta por ejemplo. Los que queden podrían vivir con solo un par de millones de turistas, unas pocas papas, gofio y piñas de millo. No serían más ricos, pero serían menos. Y probablemente más felices, además de muy sostenibles.

El problema es que, camino de los dos millones y medio de bocas, aquí hay que darle de comer a mucha gente. Y desde los supermercados al comercio, pasando por el ocio, la restauración, el transporte o la hostelería, entre otros sectores, viven de quienes vienen cada año a gastarse más de mil euros por cabeza en nuestra tierra.

Dado que no vamos a convertirnos en un paraíso fiscal –¡pecado, pecado!– que no tenemos capacidad industrial, pese a que hay mucho tornillo suelto, y que no hay modelo económico alternativo al que tenemos, no entiendo muy bien qué gritan contra el turismo. El mejor ejemplo de moratoria lo tuvimos con el cero turístico que causó la pandemia. ¿Nadie aprendió nada? Parece que no. Las actividades económicas no funcionan como un grifo que abres o cierras a conveniencia. Si te pasas de rosca puedes acabar rompiendo la llave. No hay mas que aprender del plátano ajeno.

No existe nada más canario que morder la mano que te da de comer. Las autoridades patrias, tan dadas al amistoso intercambio internacional de fluidos, están dejando crecer un peligroso sentimiento contra el turista. Llegará un día en que se arrepientan, pero será tarde. En vez de tanta campaña fuera igual deberían hacer alguna dentro.

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