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¡¡¡Él, simplemente, vino a amarnos!!!

«Él era la luz verdadera, la luz que ilumina a todo hombre, y llegaba al mundo.

Ya estaba en el mundo, este mundo que se hizo por Él, este mundo que no lo recibió.

Vino a su propia casa y los suyos no lo recibieron, pero a los que lo recibieron les dio capacidad para ser hijos de Dios.

Y el Verbo se hizo carne y puso su tienda entre nosotros...», Juan 1 (9_15)

Enmanuel, Dios con nosotros, está aquí: ¡¡Él es El que es!!

El vino a caminar con nosotros, a darnos la mano, a levantarnos y enaltecernos. ¡Simplemente Él vino a amarnos!

Su Amor traspasa nuestro limitado conocimiento y escoge nuestro maltrecho corazón para quitar nuestras arrugas, callosidades, heridas y cadenas y revelarnos la auténtica libertad que radica en su verdad. ¡¡¡Él es Jesús, el Mesías, el Señor!!!

Enmanuel, Dios con nosotros, se despojó de su grandeza y se empequeñeció, se hizo como nosotros para engrandecernos. Descendió a la Tierra para elevarnos al Cielo. Levanto nuestra cabeza para que viéramos más allá del horizonte, lo ilimitado del límite y conociéramos el Amor.

Él, simplemente, ¡¡¡vino a amarnos!!!

Como madre escogió una sencilla y desconocida muchacha. No se anunció con discursos elocuentes ni ceremonias rimbombantes. No escogió aposentos fabulosos ni sabanas de seda fina. No usó una campaña brillante para llamar la atención, escogió el destello de una estrella llena de su luz que señalaba el lugar y descubría el Camino. ¡Se hizo presente en mitad de la oscura noche para llenarla de su resplandor!

No presento cartas credenciales para mostrar quien era, sencillamente unos voceros celestiales anunciaron a los humildes pastores, pero también a los reyes y a toda la humanidad tan grandioso acontecimiento: «Hoy en la ciudad de Belén os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor!».

Eligió un establo de animales con poco perfume y con mucho olor a bestias. Allí se hizo presente y lleno de brillo, luz, calor, fragancia y vida aquel lugar. ¡Hoy sigue escogiendo el corazón del hombre para hacerse un lugar, para simplemente amarlo!

Su Amor no se compra, no se adquiere... Su Amor es gratuito. Se acerca y te trae su persona, la Buena Nueva que te despierta, quita tu ceguera, te saca de tus mazmorras y cadenas y te llena de vida y esperanza. Te hace conocer otra dimensión, la dimensión que siempre tiene el latido perpetuo del amor y que está por encima de nuestros defectos y carencias. Su presencia nos hace buenos porque El erradica la maldad. Su Misericordia besa nuestro corazón machacado, maltrecho y miserable y nos transfigura, nos hace parecidos a Él. Solo Él trae novedad y felicidad a nuestra vida porque Él, simplemente, ¡vino a amarnos!

Vino a los suyos y no lo reconocieron, vino al mundo y tampoco: los potentados, magnates, falsos intelectuales, religiosos de cascaron, los que solo se basan en la tradición, los que cuidan pulcramente la apariencia, los sepulcros blanqueados, todos estaban entretenidos en sí mismos y cerrados al amor pues nunca entendieron que Él, simplemente, ¡¡¡vino a amarnos!!!

Él, como ayer, sigue viniendo, sigue naciendo y sigue amando a todos los que conscientemente o inconscientemente lo necesitan. Los que pasan frío y sufren los terrores de la falta de amor, las víctimas de las guerras, del hambre, de la marginación, de la soledad, de la depresión, de cualquier tipo de opresión y maldad que hoy se mueve en la Tierra. A ellos seguro se revelará y ellos seguramente entenderán que el misterio de Dios sigue ahí y descubrirán que Él, simplemente, ¡¡¡¡vino a amarnos!!!!

¡¡¡Feliz Navidad!!!

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