Guardianes del viñedo canario

Bodega Piedra Fluida, que ha adquirido 35 hectáreas de viñedo propio, se convierte en un bastión de resistencia frente al abandono de la viña

Piedra Fluida ubicada en La Orotava. / Bodega Piedra Fluida

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

En un contexto alarmante para la viticultura canaria, donde el abandono de viñedos se ha convertido en una constante con la pérdida de cerca de 2.500 hectáreas desde 2012 en el archipiélago, Bodega Piedra Fluida emerge como un bastión de resistencia, amor por la tierra y compromiso con el patrimonio vitivinícola.

Esta cifra no solo habla de un retroceso económico, sino de una profunda herida cultural, paisajística y medioambiental que pone en riesgo siglos de tradición. Las causas son múltiples: las dificultades para el relevo generacional, la escasa rentabilidad del cultivo y los cada vez más notorios efectos del cambio climático.

En medio de este panorama, Piedra Fluida ubicada en La Orotava y amparada por la Denominación de Origen Protegida Islas Canarias se alza como una bodega singular, no solo por la calidad de sus vinos, sino por su labor encomiable en la recuperación de viñedos antiguos y la conservación de cepas que, en muchos otros casos, han sido condenadas al olvido. La suya es una auténtica apuesta por la viticultura heroica, esa que desafía el abandono, la altitud y las condiciones extremas, y que devuelve a la vida auténticos tesoros enológicos.

Su filosofía es clara: cuidar la viña como quien cuida una herencia. Han adquirido más de 35 hectáreas de viñedo propio, distribuidas por diversos enclaves de la isla de Tenerife, apostando firmemente por viñedos singulares que requieren entre uno y dos años de mimo constante para volver a dar fruto. Y lo logran, porque, como bien dicen, “la tierra devuelve el cariño que le das”.

Uno de los ejemplos más notables se encuentra en el norte de la isla, concretamente en Santa Úrsula, donde conservan un sistema de conducción único en el mundo: el parral tradicional canario, característico de la zona, que es una expresión cultural de la viticultura isleña. De allí nacen algunos de sus vinos más emblemáticos y premiados a nivel internacional, como el blanco Frontones y el tinto Listán Negro, verdaderas joyas que reflejan el alma del terruño.

Pero la singularidad de estos viñedos no radica únicamente en su valor etnográfico o en su legado histórico. En términos técnicos, el sistema de conducción en parral permite una mejor aireación de la planta, favorece el control de enfermedades y protege los racimos del sol directo, algo esencial en las latitudes subtropicales del archipiélago. Este modelo, que exige una atención manual minuciosa y un conocimiento profundo de la planta, no es viable a gran escala industrial, y por eso mismo cobra especial relevancia en proyectos como Piedra Fluida, donde la calidad prevalece sobre la cantidad, y el compromiso va más allá del rendimiento económico.

Cultivan viñedos a 1687 metros, los más altos de Europa

Viñedos únicos

Además, los suelos volcánicos y la diversidad orográfica de la isla dotan a cada parcela de una identidad intransferible. No hay dos viñedos iguales. La altitud, la orientación, la exposición al alisio, la profundidad del suelo o su composición mineral crean microterroirs que son interpretados por la bodega como si de instrumentos musicales se tratara. Cada uno tiene su tono, su ritmo o su voz. El resultado es una gama de vinos con personalidad definida, honestos, fieles a su origen y con un alma que los diferencia en el mercado nacional e internacional.

Este proceso de recuperación se traduce en el renacimiento de cepas viejas algunas de más de 80 años de antigüedad- y en la dinamización del entorno rural. La bodega colabora con viticultores locales, genera empleo estable, apuesta por la formación de jóvenes en técnicas de cultivo tradicionales y modernas, y pone en valor el trabajo del agricultor como pilar esencial del desarrollo sostenible.

En este sentido, Piedra Fluida está construyendo un modelo de viticultura que es viable desde el punto de vista económico, además de ser socialmente justa y medioambientalmente responsable. Un equilibrio que muy pocas bodegas logran alcanzar. Su visión a largo plazo es la de conservar lo que otros están dejando atrás, elevarlo y convertirlo en símbolo de orgullo insular.

Bodega Piedra Fluida, que ha adquirido 35 hectáreas de viñedo propio / Bodega Piedra Fluida

Piedra Fluida ha convertido la recuperación vitícola en una forma de activismo. No se trata únicamente de producir vino, también de reconstruir un paisaje, proteger la biodiversidad local y preservar la historia agrícola de las Islas Canarias. Todo ello con una visión que combina tradición y excelencia, donde el control de calidad se ejerce desde el viñedo revitalizado hasta la botella, asegurando un producto que no solo destaca por su sabor, sino por el relato que encierra.

Sus viñedos, muchos de ellos ubicados a 1.687 metros de altitud sobre suelo volcánico, que son los de mayor altura de Europa, dan buena cuenta de la apuesta por la excelencia. Piedra Fluida cultiva sus cepas en condiciones extremas, unas particularidades que dotan al vino de una identidad única y confirman el poder de una naturaleza que, bien tratada, devuelve lo mejor de sí.

Pulsa para ver más contenido para ti

Así, Bodega Piedra Fluida no solo embotella vino, también embotella historia, paisaje, esfuerzo y esperanza. En un momento en que el campo canario pide auxilio, su labor es ejemplo e inspiración para un futuro en el que el viñedo no sea solo pasado, sino promesa viva.

TEMAS

Noticias de Portada Leer Noticias cerca de ti CercaJuegos Jugar