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Tejido empresarial | El problema de la baja productividad

Canarias suspende en todos los factores que miden la productividad económica

Las Islas siguen sin aprobar ‘asignaturas’ como la formación del trabajador, la inversión en intangibles o la penetración de la I+D pese a los esfuerzos durante los últimos años

Un trabajador de una terraza de Santa Cruz de Tenerife atiende a uno de sus clientes. María Pisaca

Investigación y Desarrollo (I+D), Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), inversión en activos intangibles –marcas registradas, patentes, licencias, permisos, franquicias–, ocupados con estudios superiores... Canarias está por debajo de la media nacional en todos y cada uno de los factores que, en conjunto, determinan la mayor o menor productividad de una economía.

La productividad mide cuántos bienes se producen o cuántos servicios se prestan por cada uno de los recursos –tiempo, personal, capital...– empleados en la elaboración del bien o la prestación del servicio. Así que una empresa será más productiva cuantos menos recursos necesite en su actividad. Un ejemplo puede ser el de una firma dedicada a elaborar sombreros que fabrica 15 cada hora. La empresa invierte en la compra de una máquina nueva para coser los sombreros y pasa a fabricar 20 piezas cada hora. Ha ganado así productividad. De modo que la economía de un país o región será más o menos productiva en la medida en que su tejido empresarial sea capaz, en resumen, de hacer más con menos. La fórmula más generalizada para su cálculo es dividir el Producto Interior Bruto (PIB) del Estado o territorio de que se trate entre el total de horas trabajadas u horas de producción. Cuanto mayor sea el resultado, mejor será la salud de la economía en cuestión. Pues bien, la economía canaria no solo lleva años, más bien décadas, hundida entre las menos productivas de España –lo que se agrava al tener en cuenta que España tiene la productividad más baja entre las grandes potencias de la Eurozona–, sino que, además, se muestra incapaz de cambiar la tendencia. De hecho suspende todas las asignaturas.

El Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) acaba de publicar un análisis que deja al descubierto los problemas que tiene la comunidad levantina en lo relacionado con la productividad. Es más, concluye que la «debilidad» de la autonomía valenciana «se deriva de la baja productividad de una parte mayoritaria del tejido productivo». Los expertos del IVIE toman como referencia siete grandes factores que determinan una mayor o menor productividad, «siete variables explicativas» que muestran las carencias de la Comunidad Valenciana. El caso es que el estudio del IVIE es comparativo, con lo que incluye los datos de las restantes autonomías, y resulta que si la región mediterránea sale mal parada, Canarias ni levanta cabeza.

Las dos primeras variables tienen que ver con la formación del capital humano, esto es, de los trabajadores. La primera es el porcentaje de ocupados que cuenta con estudios universitarios. La media nacional dice que un 32,4% de los empleados, tanto asalariados como autónomos, tiene formación universitaria, es decir, algo más de tres de cada diez. Sin embargo, la tasa en las Islas no llega al 30%. Con solo un 29,1% de sus ocupados con bagaje universitario, el Archipiélago es la sexta Comunidad Autónoma por la cola. Y baja un puesto más, hasta el quinto por la cola, en el ranking del personal altamente cualificado. En España, un 35,4% de los ocupados cuenta con una alta cualificación, porcentaje que cae hasta un 31,3% en Canarias.

Un tercer factor analizado por el IVIE es el «esfuerzo inversor en intangibles». Entran aquí las inversiones en la mejora de la formación del personal, en publicidad, en diseño, en bases de datos, en software... Aquí las Islas son penúltimas. Este tipo de inversión apenas representa un 4,4% del PIB autonómico, solo una décima más que en Baleares. La media nacional alcanza el 7,1% por el tirón de Madrid, Cataluña y Navarra, las únicas tres regiones que superan ese 7,1. Con esto guarda relación el cuarto factor, el de la inversión en I+D, que al fin y al cabo es el gran intangible del tejido productivo.

Investigación y desarrollo

La inversión en I+D en el Archipiélago es de 106 euros por habitante. ¿Mucho o poco? Poquísimo, minúsculo. La media del Estado es de 364 euros, con lo que no extraña que las Islas sean la última Comunidad Autónoma en esta particular clasificación.

En las TIC sí ha habido mejoras en los últimos años, pero aún insuficientes para situarse en la media del país. Canarias reúne un 3% de las empresas del sector TIC español, tres de cada cien, un porcentaje pequeño pero al menos no desdeñable y que le permite colocarse en media tabla.

Otro factor analizado por los expertos del IVIE es el peso de las grandes empresas en el mercado laboral. No en vano son las grandes firmas las que contribuyen en mayor medida a la productividad de una economía. Si se tiene en cuenta que el tejido empresarial de la región lo integran micropymes en más de un 90%, no sorprende que el Archipiélago también aquí quede en mal lugar. En España hasta un 33,2% de los asalariados trabaja en grandes –las que tienen un mínimo de 250 personas en plantilla– o medianas empresas –las que tienen entre 50 y 249 empleados–, un porcentaje que en la Comunidad Valenciana baja hasta el 30,2 y que en Canarias ronda el 25. Esto no es más que el lógico resultado de la singular demografía empresarial de la región. Si en España solo un 0,73% de los negocios tiene al menos medio centenar de trabajadores –una de las tasas más pequeñas de las grandes economías de la Unión Europa–, en el Archipiélago el porcentaje se queda en un 0,65%.

Por último, el estudio del think tank valenciano se detiene también en la profesionalización de la cúpula directiva de las empresas. En la mayor o menor capacitación no ya de los asalariados, sino de los emprendedores y empresarios. Y tampoco en esto es tranquilizadora la radiografía del tejido productivo regional. Mientras que la media nacional muestra que un 42% de los emprendedores españoles tiene formación universitaria, en Canarias el porcentaje vuelve a ser inferior, en este caso en cinco puntos (37%).

El elemento clave del crecimiento de la población


Aunque la cuestión de la productividad pueda parecer circunscrita al ámbito estrictamente económico, lo cierto es que su relevancia social es enorme. Sin ir más lejos, la productividad ayuda a entender el porqué del notable crecimiento que ha experimentado la población canaria en las últimas décadas. No pocos expertos –y así lo corroboran análisis como el del IVIE– han puesto de manifiesto que el problema socioeconómico del Archipiélago no está en la población –que incluso ha dado lugar a una comisión de estudio en el Parlamento–, sino en la productividad, o más bien en la baja productividad. La economía canaria se basa en actividades, con el turismo como gran exponente, muy intensivas en mano de obra, es decir, que emplean mucho personal; actividades que, además, no han escalado o progresado hacia una mayor productividad, hacia una mayor creación de valor. La población, o el incremento poblacional, es en última instancia la reacción al efecto llamada de esas actividades muy intensivas en mano de obra que, además, y por lo general, no exigen una alta cualificación. Por eso la población ha crecido aquí mucho más que en autonomías como País Vasco, cuyo industrial tejido productivo es mucho más exigente.

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