Si hay un lugar lleno de misterio en la isla de Tenerife, ese sin duda, es el Barranco de Badajoz. Situado en el municipio de Güímar, es un paraje agreste visitado por deportistas dedicados a la espeleología, senderistas y un sinfín de curiosos que llegan al menos hasta el lugar en el que permanece cerrada una antigua galería de la que se extraía agua; entre pateo y pateo, acaban recalando cientos de personas a lo largo de todo el año en este sitio mágico, ya sea cuando el sol aún alumbra en lo alto del cielo o cuando se pone y la abrupta orografía recobra otros significados. Quienes quieran hacer senderismo deben saber que la ruta tiene una distancia total de unos seis kilómetros, ida y vuelta y su nivel no es muy complicado, pero hay pasos estrechos y el final del camino llega a un montículo de piedras sobre una pared, que para sortearlas hay que "escalar" -algunos espeleológos han dejado allí sus clavos-. El barranco está incluido en el Paisaje Protegido de Las Siete Lomas, clasificado como Espacio Natural Protegido de Canarias.

La Cueva del Cañizo

Cueva del Cañizo

Es un barranco que fue poblado por los guanches -que lo llamaban Barranco de Chamoco- antes de la conquista por parte de la Corona de Castilla y en algunas de sus cuevas, como la famosa Cueva del Cañizo, es donde casi arranca el halo de misterio de este cañón que se comienza a abrir en Las Cañadas del Teide y viene a morir en las medianías del valle de Güímar.

A casi 100 metros de altura esta Cueva del Cañizo debe su nombre a las doce varas de caña que se hallan colocadas en la parte alta de la techumbre y que pueden verse desde el cauce del barranco. El difícil acceso que tiene este lugar no ha permitido hacer estudios a fondo. Las cañas bien pudieron usarse para secar alimentos como carne o queso. Poco se sabe de la misma, aunque hay relatos que la señalan como una estancia de verano del Mencey Acaymo y luego de su hijo Añaterve. Quizás fuera así, o como señala Francisco Remedios Acosta la cueva la pudieron haber utilizado por los guanches para llevar acabo prácticas rituales: "Consiste en la colocación de travesaños de madera (cañizos) en lo alto de la cueva. Sobre la madera se colocaría el cadáver para que fuese descarnado por los pájaros (guirres), de esta manera el cuerpo del difunto era transportado al más allá". En el siglo XIX, Sabino de Berthelot menciona los los "combates gimnásticos" de los aborígenes y entre esos duelos destaca una: “De todas las proezas, la más audaz consistía en trepar los escarpes casi inaccesibles, para en ellos plantar enormes postes de madera, que dejaban fijos en el risco como honrosos recuerdos". La Cueva del cañizo es de tan difícil acceso que solo es posible acceder dejándose caer en rapel desde lo alto de la pared del barranco, y aún así es bastante complicado.

Las galerías de agua

Galería de Acaymo, en el Barranco de Badajoz.

Desde el siglo XIX se excavaron diversas galerías para buscar el agua filtrada en las rocas. Este bien tan necesario en la isla es imprescindible para el abastecimiento de los cultivos situados en las medianías y la costa del municipio de Güímar. En total se excavaron siete galerías: Izaña, Acaymo, El Almagre, Chamoco, Aceviño, Nuestra Señora del Socorro, El Cañizo. En estas galerías se han excavado en total más de 14.930 metros, sin contar la extensión de la de Izaña, de la que no se sabe a día de hoy su longitud exacta.

La galería de Acaymo, también conocida como Cueva negra, se puede localizar debajo de la llamada Cara del Niño, y cuenta con una longitud de 1.975 metros. La galería de El Almagre es la primera de las que se encuentran en el lado derecho del Barranco de Badajoz y su longitud es de 2.900 metros. Frente a esta galería, al otro lado del barranco, se ve un cono de deyección en cuyo interior encontramos la galería de Chamoco, que es la galería más escondida de este barranco y con sus 4.086 metros de longitud sería la más larga aunque se desconoce la extensión de la de Izaña. La galería de Aceviño tiene una longitud de 2.275 metros a ambos lados de su entrada se encuentran edificaciones que sirvieron de alojamiento para los operarios así como para alojar las máquinas y el material necesario para desempeñar su trabajo. La galería de Nuestra Señora del Socorro mide 1.879 metros. La galería de El Cañizo debe su nombre a la Cueva del Cañizo que esta situada justo en frente. Con una longitud de 1.815 metros es la galería más corta del Barranco de Badajoz. Fue cerrada debido a un peligro terrible en el que se produjeron varios accidentes ya que además de los gases o derrumbes, tiene un pozo en mitad del camino en el que no resultaría difícil caer. La galería de Izaña comenzó a excavarse en 1912 y es la más antigua de todas. Se desconoce su longitud exacta ya que tras terminar las excavaciones oficiales se llevaron a cabo otras -digamos que alegales- y los trabajos se extendieron por varios ramales. Ha sufrido diversos derrumbes, como los producidos tras las fuertes lluvias de 2002, por lo que es arriesgado aventurarse dentro para registrar su extensión.

Los Abismos del Barranco de Badajoz

Leyendas de Tenerife: El Barranco de Badajoz

Relata la leyenda que un buen día los trabajadores de las galerías abandonaron sus herramientas de trabajo, sus hogares y, sin echar la vista atrás, huyeron del lugar. ¿Por qué? ¿Cuál fue el hecho que los ahuyentó de su trabajo, el único medio que tenían para subsistir?

No pocos han sido los investigadores del misterio que han intentado resolver estas preguntas. Los mayores del lugar dicen que en 1912, dos mineros que se afanaban infructuosamente en encontrar una galería viable, derrumbaron una pared donde se toparon de frente con dos maravillosos seres de luz. Así, una de las leyendas cuenta que estos seres les invitaron a acompañarles y les indicaron un lugar idóneo donde cavar. Otra versión, al contrario, afirma que el miedo se apoderó de ellos y escaparon de allí para buscar a la Guardia Civil y denunciar lo que les había ocurrido. Sin embargo, no hay documentos que corroboren que huyeron y se dirigieron al cuartel de la benemérita para denunciar; la realidad es que, desde la huida nadie se ha atrevido a vivir en el Barranco de Badajoz.

Aunque las galerías quedaron abandonadas, se sigue extrayendo agua como también continúan burbujeando historias de misterios alrededor de este paraje. Y la luz es el común denominador pues a los seres de luz le han sucedido unas esferas de luz blanca que se apoderan del frío de la noche y que a pesar de ello hace que el ambiente se torne agradable, cálido.

Una puerta a otra dimensión

Seres alados

Seres alados Teyo Bermejo

El Barranco de Badajoz cuenta también con una "puerta a otra dimensión". Es al menos lo que relataron unos ávidos expedicionarios del misterio y que aseguraron que "unos seres alados se acercaban a darles una bienvenida". De aquella experiencia hay una fotografía de Teyo Bermejo (1991), que "sin saber bien a qué o quién disparaba su cámara, captó una instantánea de un supuesto ser espeluznante. Años más tarde, Bermejo volvió al barranco para conseguir más imágenes: en esa ocasión logró retratar esta vez a las conocidas esferas de luz blanca que danzaban entre la vegetación del barranco.

Aquellos que se han atrevido a pasar una noche en las entrañas del Barranco de Badajoz, la mayoría escépticos, al día siguiente suelen confirmar que no han pasado la velada solos: escuchan murmullos de hombres y mujeres que conversan de forma ininteligible, voces que salen de las paredes del barranco y que parecen remover las piedras del interior de la Tierra misma.

La niña de las peras

La niña de las peras

La leyenda de la Niña de las Peras es una de las más populares y a la vez es también la que ha sufrido más transformaciones a lo largo del tiempo. Según las referencias esta leyenda surgió a finales del siglo XIX y comienzos del XX, en concreto entre 1890 y 1910. Y reza así: "Unos padres enviaron a su hija al Barranco de Badajoz en busca de fruta, pero la niña desapareció. La zona fue minuciosamente rastreada por los vecinos de Güímar, pero la niña no apareció. Al menos no lo hizo inmediatamente. Para sorpresa de los padres, la niña tocó a la puerta de su casa varias décadas más tardes, sus padres habían envejecido, pero ella no. Ante la puerta de la casa allí estaba ella, con el mismo aspecto que tenía el día mismo día en el que desapareció.

Lo que la niña contó después de su aparición fue que había ido al barranco a por la fruta que sus padres le habían dicho que recogiera, pero exhausta se quedó dormida al pie de un peral, donde más tarde fue despertada por un ser muy alto vestido de blanco. Lejos de asustarse, aquel ser le inspiró confianza y accedió a acompañarle tal y como le había pedido. La niña siguió a aquel extraño ser hasta el interior de una cueva en la que habían unas escaleras por las que descendieron. Al finalizar del descenso se encontraron en un jardín en el que habían más seres como el que la había guiado hasta allí, todos vestidos de blanco. Para la niña, solo se entretuvo unos minutos hablanco con ellos hasta que su extraño acompañante la guió de nuevo a la salida de la cueva y se despidió de ella. Para ella no había pasado más que un pequeño lapso de tiempo, pero para sus padres habían transcurrido 20 años.