Opinión

Sobran motivos para gritar

Manifestación del 25N contra todas las formas de violencia machista.

Manifestación del 25N contra todas las formas de violencia machista. / M. A. Montesinos

«Se ha avanzado» es una frase convertida en mantra. El rezo antes de comer, los calcetines antes de los tenis, el protocolo antes de hablar. Se abre debate sobre el machismo: «Se ha avanzado, pero…». Y así. Parece que es tabú decir que estamos mal, que hay cosas que están mal, que hay cosas que van a peor. Nos quejamos y reivindicamos, pero lo hacemos con buena cara y la muletilla de «se ha avanzado» porque estamos educadas para agradar, ser agradecidas y no molestar demasiado.

Si los discursos se enquistan en las reivindicaciones de hace décadas, es imposible que actuemos sobre el machismo de hoy, que no para de cobrar nuevas formas. Hasta hace poco, no se habían visto imágenes de falsos desnudos de menores de edad creadas con Inteligencia Artificial. Decir que «se ha avanzado» no va a ayudar de ninguna manera a todas las niñas afectadas, y a sus madres, que son las que encabezaron las denuncias públicas y sufrieron con ellas el dolor y la vergüenza. De los padres, poco o nada se sabe. Hay noticias donde la palabra madre aparece tres, nueve, quince veces. Padre, ninguna.

Hace algunos días vimos también una manifestación donde un grupo de hombres equiparaba a las ministras del país con muñecas hinchables desnudas, abiertas, expuestas. Las dinámicas de poseedor y poseída se aplican también cuando no hay relación familiar o afectiva. Si eres mujer y no cumples con las expectativas y deseos de los hombres, si no eres suya y no das lo que quieren y esperan de ti, ellos se sienten con la legitimación para vejarte y denigrarte como les dé la gana. Habitualmente, a través de la sexualización.

Por eso están tan entrelazados el odio, el deseo y la violencia sexual. Más aún si los niños empiezan a ver porno entre los nueve y los once años, sin educación ni mecanismos de entendimiento, respaldados por una cultura patriarcal que aplaude a los hombres promiscuos, viriles y dominantes. De ahí a la práctica hay unos cuantos pasos que no son difíciles de dar. España es el país de Europa donde más prostitución se consume. El tercero del mundo. Y en ese negocio, los cuerpos de las mujeres son un producto al que se accede, en la mayor parte de los casos, a través de la trata, la explotación y la vulnerabilidad.

Todo esto es violencia. Constantemente renacen opresiones viejas con cara nueva. La sociedad no evoluciona de forma lineal, siempre hacia delante, sino, más bien, como un baile: dos pasos palante, dos pasos patrás. Y el mundo, tan frágil y tan cambiante, no necesita demasiado para que los derechos y valores adquiridos se den la vuelta. Por eso, todo lo que hoy tenemos las mujeres no es motivo para sentarnos y sonreír, complacidas por poder votar y tener una cuenta bancaria. Es un motivo para gritar más fuerte.

Se trata, también, de una cuestión de memoria histórica. Por todas las que estuvieron antes que nosotras, no debemos dar por hecho lo que a ellas les costó el cuerpo, la integridad y la vida. Con ellas siento un agradecimiento que siempre estará conmigo. Con el sistema que las obligó a luchar para ser consideradas personas, jamás.

Surgirán siempre nuevas excusas para arrebatarnos libertades y discursos que presentarán nuestros derechos como un regalito, una pequeña concesión. Ya lo hemos visto muchas veces. No son hechos aislados encabezados por machistas enfermos o dementes. Es un sistema entero perpetuado por hijos sanos del patriarcado. Si seguimos empezando los discursos con un tímido «se ha avanzado», creamos la ilusión de que el progreso se hace solo, de que ya estamos bien, de que no hace falta cambiar nada. Y yo prefiero pecar de exagerada que de ilusa. Por eso, mañana, 25 de noviembre, pero también hoy, y siempre, gritemos tan alto como podamos: no más acoso, no más ninguneo, no más asesinatos. No más violencia contra las mujeres.