El CD Tenerife no frena la caída en su visita al Villarreal B

El equipo blanquiazul juega con un futbolista menos desde el minuto 33 por la roja directa a Ángel y pierde en La Cerámica (1-0). De los últimos 48 puntos, solo ha sumado 12.

Julio Ruiz

Julio Ruiz

Cuando un equipo está en una dinámica negativa, en una crisis de resultados y de juego, como le pasa al Tenerife, se viene abajo con el primer revés. En este caso, ese contratiempo tuvo la gravedad de una expulsión en el minuto 33, de Ángel por roja directa al entrar en plancha a un contrario en una acción ofensiva. Lo que estaba siendo un partido correcto, sin más, se transformó en la verdadera realidad de un Tenerife carente de argumentos para –con uno menos, eso sí– competir ante un Villarreal B que había iniciado el encuentro en el puesto más alto de los cuatro que conducen a la Primera RFEF.

De entrada, no fue un mal Tenerife, dadas las circunstancias, las de un equipo en el que la evolución de su juego no estaba siendo su mejor virtud, que venía de una racha de 12 puntos de 45, de enlazar dos derrotas y dos empates en 2024... Que no gana desde el 11 de diciembre. Lo dicho, el inicio del partido no invitó a pensar en otro desenlace negativo. De hecho, fueron los blanquiazules los que salieron al césped de La Cerámica a llevar la iniciativa, a ponerse a los mandos ante un Villarreal B inseguro, dispuesto a verlas venir. Bajo ese guion, los de Asier Garitano fueron acumulando posesión, un dominio que tampoco se traducía en una presencia constante en el área local. Más bien, acciones aisladas. Pero algo era algo. La propuesta del filial era incluso menos ambiciosa. Se limitaba a intentar irrumpir con fútbol directo o aferrarse a algún contragolpe puntual. En cambio, el Tenerife amasaba en el medio y encontraba en Waldo la mejor alternativa para profundizar. El extremeño, titular por primera vez desde el 4 de noviembre, fue recuperando el ritmo perdido sobre la marcha, todavía sin el filo ni la punta de velocidad que caracterizan su estilo.

En sus primeros acercamientos, el Tenerife tropezó una y otra vez con el fuera de juego. Vivía al límite con Ángel Rodríguez como referencia ofensiva, con el citado Waldo y Teto en los costados y con Roberto como mediapunta. 

Sin la necesidad de tener tanto tiempo la pelota, el Villarreal B abrió la corta cuenta de remates tras una incursión por la derecha de Collado. Su pase al corazón del área fue alcanzado por Forés, que se anticipó a los centrales y metió la bota, sin consecuencias para Soriano (22’). A continuación, Roberto López respondió con un tímido chut, raso y fácil para Iker (24’). El siguiente fue Ángel (28’) con un golpeo a la media vuelta después de una falta lanzada por López.

El pulso parecía querer animarse, incluso con errores no forzados, como un pase atrás de Aitor que estuvo a punto de acabar en una asistencia a Forés (30’). Cuando el encuentro comenzaba a salir del cascarón de manera atropellada, llegó, de repente, el momento decisivo de la roja a Ángel. Pocas veces se habrá visto que una jugada de ataque termina con la expulsión del delantero que intenta alcanzar el balón. El lagunero no midió bien y la planta de su bota fue a parar al tobillo de Lekovic. Alejandro Quintero González no lo dudó. Tampoco el árbitro del VAR.

De ahí al descanso, el Tenerife dio un paso atrás, normal por la inesperada desventaja –Asier no introdujo cambios–, y el Villarreal B transitó sin saber bien qué hacer, con más dominio que riesgo. Fue como un pacto para llegar al intermedio con la finalidad de replantear un partido que, en cierto modo, había empezado de nuevo.

La vuelta de los vestuarios tampoco trajo novedades; al menos, en el lado visitante. Garitano montó un rombo en el centro, con Aitor como pivote, Corredera y Teto más abiertos y Waldo en punta. Miguel Álvarez sí movió piezas: quitó a Collado y puso a Pascual.

Los efectos empezaron a ser inquietantes. Porque el Tenerife fue perdiendo consistencia. No le daba para jugar a lo de antes y tampoco se protegía con garantías. Dejaba demasiados espacios entre líneas. Toda una invitación para que el filial lo tuviera todo de cara para salir en la búsqueda del gol. Las ocasiones no tardaron en caer. En el minuto 49, Tasende intentó pillar a contrapié a Soriano con un potente chut desde la posición del centro lateral izquierdo. Respondió el portero con reflejos. Dos más tarde, Carlos Romero conectó una volea que salió fuera. Ya la tercera llegó el 1-0. Fría respuesta del bloque defensivo frente a una genial maniobra de Forés. Medrano no acertó a tapar al atacante, Sipcic llegó tarde y Soriano quedó expuesto al ajustado remate cruzado al palo más alejado. Lo cierto es que el tanto se estaba viendo venir. El Tenerife estaba sin estar, corría en el campo con la sensación de que había dejado de creer en un plan que no se ajustaba al escenario posterior a la roja.

Después del 1-0

Fue entonces, justo después del 1-0, cuando Garitano dio el paso de modificar algo. En el 58’ sustituyó a Waldo por Enric Gallego. El delantero, con su presencia, logró nivelar un poco a un Tenerife que se había partido. Activó a un equipo al que le estaba faltando un punto de apoyo para pensar en algo más que en achicar agua. El Villarreal B también contribuyó permitiendo que su oponente se enredara con el balón en zonas de baja influencia. Le convenía atraer a un rival en inferioridad para que se descubriera atrás. De esa manera, se aproximó varias veces a un segundo gol que no se produjo. Lo tuvo Ontiveros con una falta directa (64’) y una finalización tras conducción en la que pecó de egoísmo (76’). También Forés en el 81’, con una parada de Soriano. Tampoco le hizo falta mucho más.

Y del Tenerife, muy poco, casi nada, solo una doble oportunidad en una misma jugada que tuvo su origen en una falta lateral –el balón parado ya era casi el único recurso–. Corredera y José León remataron algo forzados en el 67, un minuto después de que Asier apostara por Sergio González y Rahmani en lugar de Aitor y Teto. Al rato, el técnico agotó los cambios con Bodiger y Luismi Cruz por Corredera y Roberto López. Pero no hubo manera. Más intenciones que otra cosa en un Tenerife que no daba señales de, al menos, poder evitar la derrota. La voluntad de atacar movida por la inercia, desajustes, desorden... Y así fue. El Villarreal B puso fin a una serie de cinco jornadas sin ganar y el equipo blanquiazul alargó su pésima racha, ahora de 12 puntos sumados de los últimos 48.

Con un total de 33 en 26 jornadas, va quedando cada vez más claro que las cuentas ya no salen para sostener el reto original de pelear por subir a Primera. La cuestión está ahora en improvisar con la instalación del campamento base para evitar un final de temporada angustioso. Urge una reacción que no llega para frenar la caída y acabar con una dinámica que lo va destruyendo todo, el entusiasmo de la afición, el objetivo de los dirigentes, la fe del equipo, la credibilidad del entrenador...