Cunde la impaciencia en la feligresía blanquiazul pero también el año pasado tardaron los fichajes de enero. Andrés Martín vino el día 27 y Mario, al cierre del plazo.

Los mercados invernales no siempre trajeron al CD Tenerife los efectos deseados, pero en el caso del representativo casi siempre hubo un denominador común: la tardanza para ejecutar las operaciones más difíciles. Como ha ocurrido en esta ocasión, la primera en los últimos decenios que el club acomete la reconfiguración de enero sin un director deportivo en el despacho, habrá que esperar a los últimos compases del mes para ver desfilar por el aeropuerto a los fichajes elegidos.

Lo bueno se hace esperar

Aunque por momentos cunde la impaciencia en la feligresía blanquiazul, lo cierto es que el año pasado también fue larga la espera hasta que llegaron los hombres entonces seleccionados por Juan Carlos Cordero. La diferencia sustancial es que la situación clasificatoria del Tenerife era mucho más amable, con serias opciones de ascenso y los suficientes puntos en el casillero como para que no entrasen las prisas. El primer movimiento se hizo oficial el 27 de enero, a pocos días del cierre del plazo, y fue la cesión de Andrés Martín (proveniente del Rayo). Idéntica fórmula con opción de compra obligatoria en caso de subir a Primera se eligió para traer a Mario González, del Sporting de Braga. Dos altas que fueron muy bien recibidas por la afición del Heliodoro y que llegaron en el margen temporal de apenas cuatro fechas en el almanaque.

Lo bueno se hace esperar

Un año antes, Cordero sí fue más madrugador para cerrar otro préstamo, el de Sergio González, que arribó proveniente del Cádiz; y echó raíces, pues al curso siguiente se le firmó en propiedad. La operación para su incorporación se anunció un 12 de enero. Luego, se abrió un largo compás de espera hasta los dos últimos días hábiles para inscribir futbolistas: el día 30 se firmó a Germán Valera y ya en febrero a Jon Ander Serantes, guardameta que apenas tuvo influencia ni recorrido durante el semestre que pasó en las filas insulares.

Los de Víctor Moreno sí fueron eneros más vertiginosos. En el de 2020 llegaron sobre la bocina Lluís López (30 de enero) y Javi Muñoz (día 31), después de haberlo hecho en fechas más tempranas tanto Lasure (16) como Joselu Moreno (17).

Los fichajes a mansalva ya habían sido marca de la casa en la ventana anterior con Moreno al frente de la dirección deportiva. En su primera gran remodelación invernal, apuró al plazo para inscribir a Isma López (29 de enero) en un mercado donde también firmó a Mauro dos Santos, Uros Racic, Borja Lasso y al fallido Coniglio.

Con Serrano

Otro director deportivo paciente a la hora de formular sus movimientos invernales fue Alfonso Serrano, cuyos refuerzos estrella llegaron en la segunda quincena de enero. Probablemente su fichaje más trascendente fuera el de Luis Milla y arribó en la Isla un 20 de enero, tras anunciarse el día antes el pago de su cláusula de rescisión al Fuenlabrada. Ese mismo año, hasta el final se aguardó por Álex Mula.

No obstante, la obra de ingeniería deportiva más compleja del pucelano fue la contratación del mediático Gaku Shibasaki. Por aquel entonces, desde el club contaron que se negoció durante el mes entero, pero se le trajo un 31 para ser presentado por todo lo alto al día siguiente. No obstante, ningún fichaje invernal tardó tanto como Javi Lara, que llegó libre al Tenerife y en la jornada posterior al cierre del libro de pases. Una fórmula que no parece vaya a repetirse este año. La espera será larga, pero no tanto.