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Pelé, símbolo de la perfección en Brasil

Para Brasil, ‘o Rei do futebol’ fue un símbolo de una nueva identidad nacional y de cultura popular que ayudó a terminar con la baja autoestima colectiva

Pelé posa con la Copa del Mundo que obtuvo en 1958 durante una entrevista en Nueva York.

En el Brasil aún hoy desprovisto de un Premio Nobel, Pelé se conformó en un icono que creó una nueva identidad cultural y nacional a través de la máxima expresión del fútbol ‘bem jogado’, de brillo técnico, que enraíza con la ‘ginga’, el balanceo del cuerpo que sigue un ritmo musical africano. Su éxito fue de tal calado que, en el portugués americano manchado por prejuicios raciales que han pervivido en el tiempo, ‘ser o Pelé de...’ es sinónimo de excelencia, de perfección en cualquier ámbito cotidiano.

Nacido en el Brasil de los excluidos, en 1940, en Tres Coraçoes, en el estado cafetero de Minas Gerais, Edson Arantes do Nascimento no fue educado para enfrentarse al establishment o abanderar una revolución. Fue un genio y un ciudadano de orden, que cohabitó y se dejó instrumentalizar por la dictadura militar (1964-85). Al marcar su milésimo gol, en noviembre de 1969 en el estadio de Maracaná, en el peor momento de la represión, dedicó el tanto a: “los niños, los pobres, los viejos ciegos y las instituciones de caridad”, en un discurso vacío que ni cosquilleaba a los poderosos. Pelé no tenía alma de activista, ni en su etapa de ministro de Deportes (1995-99) durante el primer gobierno de Fernando Henrique Cardoso cuando apoyó campañas de alfabetización y terminó el derecho de retención de los clubes. 

El exfutbolista brasileño Edson Arantes do Nascimento, Pelé, en una fotografía de archivo. EFE/Sebastiao Moreira

La leyenda de Pelé, el ‘Atleta do Século’, se circunscribe a las cuatro líneas, donde tuvo una carrera maciza que se extendió a lo largo de tres décadas y que encumbró la edad de oro del fútbol brasileño con la consecución de sus primeros tres Mundiales (1958, 1962 y 1970), que colocaron el listón individual allí donde nunca nadie más pudo alcanzarlo. Fue ‘o Rei’ de un deporte que ayudó a universalizar y del cual fue el primer gran ídolo global.

El complejo de perro callejero

Su trayectoria de redención nacional hilvana desde el Maracanazo de 1950, cuando con aún con 9 años vio por primera vez a su padre llorar mientras oía en la radio el 1-2 contra Uruguay, hasta México 70 en la considerada mejor selección de todos los tiempos con el visionario Mario Lobo Zagallo acomodando cuatro ‘10’ (Rivellino, Gerson, Tostao y el propio Pelé) en un equipo de leyenda.

Los Mundiales de ese Brasil de toque, combinatorio, acumulativo en la generación y gestión de ‘craques’, de plasticidad barroca del dribling y de opulencia de goles sepultó el llamado ‘complexo de vira-lata’ (complejo de perro callejero), que acuñó el dramaturgo Nelson Rodrigues, asociado a la profunda falta de autoestima colectiva por la herencia de ser una colonia extractiva. 

Implícitamente, Pelé dinamitó décadas de prejuicios y estigmas raciales explicitados en el clásico ‘O negro e o futebol brasileiro’, de Mario Filho (el periodista con el que se bautizó el estadio de Maracaná) y amplificados por el drama futbolístico de 1950 que crucificó al portero (negro) Moacir Barbosa y que alimentó la suspicacia hacia los descendientes de esclavos porque no contaban con el “equilibro emocional” para afrontar los partidos decisivos.

El título de Suecia 58, que conquista Pelé con 17 años, es el mito fundacional de una forma de entender el ‘futebol arte’ y Brasil a través de la improvisación. Allí nació la ‘dupla’ Pelé-Garrincha (que personificaban el Santos, paulista, y el Botafogo, carioca, respectivamente), que nunca fue derrotada en un partido de la Seleçao y que encarnaban la pureza del fútbol creativo, y la convicción de que al talento precoz hay que potenciarlo y no frenarlo. Simbólicamente, el dorsal ‘10’, con el que gana su primer Mundial, empieza a ser diseñado para identificar el mejor de este deporte. 

‘O rei’ venerado por todos sus súbditos

Perduró el convencimiento y el consenso generalizado en Brasil de que Pelé fue el futbolista diez, un adonis, irrepetible, inmejorable, un genio que dominaba todos los fundamentos técnicos individuales. Le presentaron pleitesía todos los ‘craques’ coetáneos y futuros. Sin excepción. 

Pelé, en una imagen de archivo. AFP

Pelé son los tres Mundiales, pero también el primero en llegar a los mil goles (hizo 1.283 a lo largo de su carrera), marcados mayoritariamente en el Santos FC, un club pequeño del litoral de Sao Paulo que llevó al Olimpo del fútbol. El hecho de que el ‘Peixe’ dejara de jugar torneos oficiales, como en los inicios de la Copa Libertadores, para primar las excursiones por el extranjero donde se medía a las superpotencias europeas como el Benfica, el Real Madrid, el Barcelona o el Inter de Milán no han disminuido nunca sus logros goleadores.

Las críticas, que no fueron pocas, siempre se centraron en la figura del Edson ciudadano, en un desdoblamiento que el propio Pelé potenció para mantener inmaculado su legado futbolístico. Por eso, sus logros nunca se mancharon por el padre ausente que no reconoció a una hija ilegítima que ni a su funeral acudió; o fue eximido de cualquier culpa que su único descendiente futbolista, Edinho (exportero del Santos), pasara por la cárcel por tráfico de drogas. El exfutbolista de verbo fácil y contradictorio, de opiniones vacías, fue resumido en una de las mejores frases de Romario que ya conforman el ideario del país, “Pelé callado es un poeta”, pero que no es incompatible con el sentimiento que nunca hubo ni habrá otro jugador como él.

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