Uno de los sucesos más crueles y mediáticos de los últimos años en Canarias ocurrió en una jornada en la que nadie sospechó de las intenciones asesinas y supuestamente suicidas de Tomás Gimeno. Aquella tarde, en apariencia, fue como la de miles de padres divorciados o separados, que ven a sus hijos o desarrollan actividades con ellos. Pero, en realidad, fue una jornada de veladas despedidas y de muerte para dos niñas, Anna y Olivia. El objetivo del padre estuvo claro: hacer el mayor daño posible a su expareja, Beatriz Zimmermann, pues, por una parte, le dijo que no iba a volver a verlas y, por otro, que las llevaría a un lugar donde iban a estar bien.

Gimeno tenía planificado cada movimiento que hizo a partir de las 17:00 horas de aquel martes, 27 de abril, cuando recogió a su hija Anna en Radazul. Después acudió al centro infantil en el que Olivia pasaba varias tardes a la semana. Tras dejar a la más pequeña en casa de sus padres, en una céntrica calle residencial de Santa Cruz de Tenerife, llevó a Olivia a las clases de tenis en un club de la capital. Más tarde se dirigió al puerto deportivo Marina Tenerife para probar el motor de su embarcación, Esquilón, una lancha de seis metros de eslora, que últimamente no usaba con frecuencia.

«No puedo imaginar el dolor de las pequeñas Anna y Olivia. Mi abrazo, mi cariño y el de toda mi familia»

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Un rato más tarde recogió a Olivia y se fue a casa de su familia, de nuevo. Allí se despidió de su padre de una forma singular, más afectuosa de lo de costumbre. Y regresó a su finca en el camino Cruz Colorada, en Igueste de Candelaria. Esa propiedad cuenta con una vivienda, jardín, piscina y varias huertas de frutales.

Fue en ese domicilio del Sureste de Tenerife donde la Guardia Civil considera que asfixió a las dos menores. Era el procedimiento más rápido, silencioso y limpio que tuvo para matar a las niñas. No tenía conocimientos suficientes para darles medicamentos letales ni en el domicilio se hallaron fármacos ni productos químicos con los que pudiera lograr su objetivo.

Envolvió sus cuerpos con toallas y los introdujo en bolsas de basura. Después metió estas en bolsos de deporte, que cargó en el maletero de su Audi A3 de color blanco. Y no se olvidó de subir a su perro al vehículo. A una gran velocidad, regresó a la casa de sus padres en Santa Cruz de Tenerife, donde dejó al can, así como las llaves de su Alfa Romeo Giulia y dos tarjetas de crédito con las respectivas claves. Nadie detectó su presencia allí.

Y después se encaminó hacia la Marina Tenerife, donde fue grabado por las cámaras de seguridad mientras trasladaba los bolsos con los cadáveres a su embarcación. Después, salió del puerto deportivo y hundió los cuerpos.

«No creo que no haya nadie que no intente ponerse en la piel de quienes aman a estas niñas»

Letizia Ortiz - Reina de España

El bolso en el que estaba Olivia fue amarrado al ancla del barco con un cabo y una cadena. Y, además, tenía otros lastres para evitar que saliera a flote. Mantuvo varias conversaciones con la madre de las pequeñas. Pero ya no había vuelta atrás. Gimeno también envió mensajes de despedida a su padre y a algunos amigos, a quienes dejó algunas pertenencias.

Al día siguiente, la opinión pública conoció la desaparición de las tres personas y, por la tarde, apareció a la deriva el barco Esquilón, frente a las costas del Valle de Güímar. Y desde el jueves, 29 de abril, se desató el intenso seguimiento mediático a nivel nacional y autonómico del caso.

Pocas jornadas después, la madre de las pequeñas decidió renovar las fotos de sus hijas en los carteles que las daban por desaparecidas. Y, desde ese momento, con el apoyo de varias personas cercanas, inició una estrategia de comunicación para evitar que el asunto cayera en el olvido. Remitió a los medios numerosas fotos y vídeos de las pequeñas. Y, además, periódicamente, también publicó cartas, en las que mostraba su esperanza en hallarlas con vida y en una salida positiva a la situación. Y, como portavoz de sus planteamientos, tuvo a Joaquín Amills, de SOS Desaparecidos. El mensaje de «Basta Ya» contra las sustracciones de menores por sus padres y contra la violencia vicaria llegó a numerosos países. Hubo mensajes de solidaridad de todas las características y la imagen de las niñas llegó a lugares impensables para otros casos de desapariciones.

Mientras pasaban los días y las semanas, los guardias civiles continuaban una callada labor para esclarecer qué había ocurrido. En definitiva, para confirmar la principal hipótesis (el asesinato de las menores, su hundimiento y el posible suicidio de su padre en el mar) y para descartar que las niñas y Tomás Gimeno hubieran salido de Tenerife o que estuvieran escondidos en la Isla. El Equipo de Delitos contra las Personas de la Unidad Orgánica de Policía Judicial (UOPJ) llegó a la conclusión de que se podía intentar utilizar un barco oceanográfico, con radar de barrido lateral y robot de búsqueda, para intentar hallar algún indicio del suceso en el fondo del mar.

«Semanas anhelando recibir noticias esperanzadoras y hoy nos llega la peor posible, la que nos hiela el alma»

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Y fue así cómo el Ministerio del Interior solicitó al Instituto Español de Oceanografía ese recurso. A finales de mayo llegó a Tenerife el buque Ángeles Alvariño. Nunca antes se habló tanto de un barco oceanográfico, de sus capacidades ni se siguieron tanto sus movimientos, minuto a minuto, mientras estuvo frente a Tenerife. No parecía tarea sencilla encontrar en el fondo del mar los cuerpos de las dos niñas y su padre.

Pero los investigadores de dicho equipo de la Guardia Civil lograron determinar, con gran exactitud, en qué punto del mar Gimeno tiró los cuerpos por la borda. Y el jueves 10 de junio, por la tarde, llegó la noticia de que el Ángeles Alvariño había encontrado el cuerpo de una niña a un kilómetro de profundidad. El esfuerzo de los agentes y de los profesionales del buque logró un hito en la localización de personas en el fondo del mar.

En un auto judicial conocido el 12 de junio, se confirmó que Tomás y Beatriz rompieron su relación un año antes. Y, desde ese momento, el hombre mantuvo un trato vejatorio y denigrante hacia la madre de las niñas por haber iniciado una relación con el ciudadano belga Eric Domb. Gimeno no concebía que sus hijas compartieran momentos con Domb. Gimeno también tenía una nueva pareja, directora del centro al que algunas tardes acudía Olivia. A dicha mujer le entregó una caja con 6.200 euros la tarde del 27 de abril.

Los cuerpos de Anna y Tomás no fueron localizados y, semanas después del hallazgo de Olivia, el Ángeles Alvariño suspendió sus trabajos para intentar encontrarlos, entre las muestras de gratitud de gran parte de la sociedad. La tripulación y los científicos habían hecho un trabajo ímprobo, con tres turnos diarios, de ocho horas cada uno. Desde la marcha del buque de las aguas próximas a la costa occidental de Tenerife, no hubo grandes avances conocidos en la investigación que aportaran noticias relevantes.

Debido a las características del asunto, al confirmarse que se trató de un episodio de violencia de género para hacer daño a la madre, la magistrada del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Güímar que llevó el caso en su primer mes y medio dictó su pérdida de conocimiento sobre el mismo el 12 de junio y remitió todo el expediente al Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 2 de Santa Cruz de Tenerife. Más de siete meses después del hallazgo del cadáver, el pasado 13 de enero, el Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) divulgó la autopsia definitiva hecha al cuerpo de Olivia, de seis años. En la nota se explicó que la causa fundamental de la muerte fue «compatible con una asfixia mecánica por sofocación» y la causa inmediata o última «compatible con un edema agudo de pulmón».

«Si no la hubieran encontrado (Olivia), yo nunca habría parado de buscarla»

Beatriz Zimmermann - Madre de Olivia y Anna

Hace poco más de un mes, el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 2 de Santa Cruz de Tenerife decretó el sobreseimiento provisional de la causa sobre el doble asesinato de Anna y Olivia hasta tanto sea hallado su padre y presunto homicida, Tomás Gimeno. La magistrada María de los Ángeles Zabala indicó que, de las investigaciones de la Guardia Civil, se desprende que Gimeno «es, con toda seguridad», el autor material de la muerte violenta de sus hijas y se descarta la participación de terceras personas. La Guardia Civil considera que «no queda ningún aspecto de lo sucedido que no haya sido investigado» y que Gimeno se halla en paradero desconocido, «o bien desapareció en el mar». Ante esas circunstancias, la magistrada archiva la causa «hasta tanto sea hallado el imputado», según figura en el auto del 15 de marzo.

Tomás Gimeno

Tomás Gimeno

Tomás y su extraño carácter


Tomás Gimeno nació en una familia acomodada y vivió entre el Sur de Tenerife y el centro de Santa Cruz. Nunca tuvo carencias para hacer lo que le apetecía. Le gustaba vivir la vida al límite. Era un joven empresario, que en sus ratos libres disfrutaba del pádel, los karts, la velocidad de los coches, el motocross, las motos de agua o el submarinismo. Y también hacía salidas con familiares y amigos en su barco a algunas playas de Anaga. Tuvo algunos episodios propios de su carácter bronco e irascible, si consideraba que alguien se interponía en sus intereses. Tal vez, el primer revés serio en su vida ocurrió a raíz de la ruptura de pareja con Beatriz. Ambos se conocieron desde que eran muy jóvenes y llegaron a tener dos hijas en común. Frecuentaba locales de ocio nocturno del Sur de Tenerife. Personas que lo conocían lo vinculan con flirteos y relaciones fugaces con otras mujeres, a pesar de que seguía conviviendo con su novia de toda la vida. A mediados del 2020, Beatriz Zimmermann decidió que su relación con Tomás debía acabar e inició una nueva vida junto al ciudadano belga Eric Domb. Su estabilidad emocional empezó a desmoronarse. El padre de Anna y Olivia llegó a contratar a una detective para que siguiera a Beatriz, en su deseo de controlarla. Su aspecto físico empezó a deteriorarse con el paso de los meses. Dejó de acudir a centros deportivos y adelgazó mucho. Como argumento del doble asesinato, afirmó que no podía permitir que Eric Domb compartiera momentos con sus hijas. El 27 de abril no frenó sus impulsos.