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Aniversario de un suceso que conmocionó a España | El recuerdo del portavoz

Joaquín Amills : «Muchas mujeres han abierto los ojos con sus hijos por lo que le pasó a Beatriz Zimmermann»

Joaquín Amills fue, durante ocho semanas, la ‘voz’ de la madre de las pequeñas Anna y Olivia en los medios

Joaquín Amills E.D.

Joaquín Amills, presidente de SOS Desaparecidos, es una persona imprescindible a la hora de explicar los días de búsqueda de las menores y de su padre. Pocas jornadas después de la desaparición, se encargó de ser la voz de la madre de las pequeñas Anna y Olivia. Era quien distribuía a los medios de comunicación las cartas de Beatriz Zimmermann, así como las fotos y los vídeos de las menores, para que nadie olvidara sus rostros y que eran seres frágiles y vulnerables; por si alguien las veía en algún lugar. Siempre con un tono conciliador y esperanzado, Amills ejerció esa labor a cualquier hora del día, de la tarde o de la noche.

Explica que «fueron meses muy duros, de muchísima carga emocional, de muchísimo estrés, bajo la responsabilidad de ser portavoz de Beatriz y, lógicamente, vinculado muy estrechamente con ella y con el grupo que formábamos de trabajo, junto con amigas de la madre». Aclara que todo lo que realizaban era consensuado, en base a lo que creían que había que hacer en cada momento, entre todas las personas del círculo más próximo a la progenitora, que fue una víctima más del doble asesinato de sus hijas.

Convicción

Durante un mes y medio, comenta que efectuó esa representación en los medios con «muchísima convicción de que las niñas iban a estar bien; nadie podía imaginar aquel desenlace». Y es que las menores fueron asfixiadas por su padre el 27 de abril, poco antes de que tuviera que entregarlas a su madre.

El vínculo con la madre no se cortó tras la finalización de la búsqueda de los cadáveres de Anna y Tomás Gimeno. Explica que «hablamos muy frecuentemente con Beatriz y nos hemos visto en alguna ocasión en persona; mi mujer, yo, Beatriz y su esposo, Eric, mantenemos una relación de amistad, forjada en una tragedia». Pero advierte de que «eso es un vínculo imborrable de amistad, lealtad y de valorar todo aquello que sucedió de una forma constructiva». Apunta que cree que va a ser «una relación de amistad y admiración eterna».

Lecciones

Al igual que comentaba cuando todavía se buscaba a Olivia y Anna, Joaquín Amills estima que Beatriz es una persona «excepcional; con cuantos calificativos podamos decir nos quedaremos cortos». E insiste en que «nos ha dado lecciones de solidaridad, de sencillez, de amor, de entrega, de superación, positivismo». El portavoz nacional de SOS Desaparecidos siempre tiene presente una frase de la madre tinerfeña: «hay mucha gente buena y tenemos que cuidar a los niños de la gente mala». La mujer cuyo rostro apareció en todos los medios de comunicación durante los dos meses del proceso de búsqueda «sigue su vida, con proyectos», aunque sus hijas siempre van a estar presentes de una forma constructiva, señala Amills.

Sobre las niñas, explica que han dejado huella en muchas personas, entre los que se incluye. Y aclara que uno de los «regalos de la vida» fue poder encontrar el cuerpo de la mayor de ellas, para así saber qué ocurrió aquella tarde-noche del 27 de abril del 2021 y poder analizar lo sucedido.

Violencia

El episodio violento también sirvió para que muchos ciudadanos pusieran nombre a una de las vertientes del machismo, como es la «violencia vicaria». El portavoz de Zimmermann admite que «la mayoría de la gente no sabía lo que era la violencia vicaria; lo aprendimos, la cruda realidad de hasta dónde puede llegar el ser humano para hacer daño a la otra persona: eliminar a unos niños o unas niñas totalmente inocentes». Está convencido de que, a medida que pase el tiempo, se van a ir reafirmando muchas personas para evitar estos casos.

De hecho, aclara que «muchas mujeres nos mandan correos para que le demos las gracias a Beatriz, porque, por sus niñas, han podido abrir los ojos y prevenir una situación similar». Piensa que «Tenerife y Canarias han encauzado esa línea de información y formación de lo que es la violencia vicaria». «Por supuesto que hay un antes y un después; y, aunque a veces se me critica por decir esto, Anna y Olivia han salvado muchas vidas, al abrir los ojos a muchas mujeres, y también a hombres», manifiesta este representante de familias de personas desaparecidas en todo el país.

Defiende que la información sobre este tipo de episodios es «importantísima», siempre que se haga «con respeto, por ambas partes». Tiene palabras de agradecimiento para todos los medios de comunicación: para la prensa, televisiones, radios, digitales, no solo de nuestro país, sino del otro lado del océano, «que se unieron al grito de Basta Ya». Menciona que, con excepción de dos o tres noticias no contrastadas que buscaron el morbo, de las miles que se divulgaron, «en el resto hubo un trato correctísimo, desde el respeto y el dolor que sufríamos».

La psicóloga

Todas las cartas que se hicieron fueron «muy consensuadas y preparadas, y partían de nuestra psicóloga, Patricia Cabrera; luego repasadas y con la voz de Beatriz; se basaban en que las niñas estaban bien». Amills dice que no conoció a nadie que en ese tiempo le expresara que había peligro para las pequeñas, «ni los amigos de este sujeto, ni las amistades de Beatriz, ni la propia madre». «Nuestra lucha era hacerlo recapacitar para que trajera a las niñas, pero nunca imaginamos esto», apunta.

Mientras desde el entorno de la mujer se daba un mensaje de esperanza, la Guardia Civil seguía trabajando. «Tanto Beatriz como yo hemos mostrado gratitud por la labor que hicieron» los investigadores del cuerpo de seguridad y el esfuerzo a bordo del buque oceanográfico Ángeles Alvariño. «Gracias a ellos se supo la verdad y creo que en todos los sentidos, pues la Guardia Civil tuvo un tacto tremendo a la hora de informar a Beatriz, de cómo transmitir las informaciones», apunta.

Considera que «hubo un gran compromiso de muchísimas instituciones para que el buque, algo que parecía imposible, pudiera hallar, al menos, a Olivia y dar a conocer la dura realidad».

También habla de los casos de «duelos congelados» que padecen miles de familias que no encuentran a sus seres queridos. «Hay que aceptar la dura realidad, que es que, a veces, no depende de nosotros, ni de los propios familiares el que un caso sea más o menos mediático», explica. Defiende que los asuntos con mayor repercusión hay que aprovecharlos para concienciar a la población de lo que sucede, de cómo se vive y que se solidarice.

El hijo de Joaquín Amills desapareció hace casi 14 años. Y hace doce meses su padre se convirtió, por primera vez, en portavoz de otra familia desde el 2010, en que fundó SOS Desaparecidos. Opina que, a veces, «cuando la vida da un duro golpe a unos padres, después les ofrece herramientas para que ese episodio tenga sentido y un significado; y deje una huella de futuro, pero no de odio ni de venganza, sino de luz; y de que en nuestras manos está que no vuelva a suceder».

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