Opinión

Reflexiones sobre el incendio de Tenerife

Labores de enfriamiento en Ravelo del incendio de Tenerife

Labores de enfriamiento en Ravelo del incendio de Tenerife / Andrés Gutiérrez

Estamos asistiendo en Tenerife a un incendio forestal con características poco vistas hasta el momento. Vaya por delante mi reconocimiento y ánimo para todas esas personas que han luchado y siguen combatiendo el fuego –a muchos de ellos los conozco personalmente y sé de su valía y conocimientos técnicos–, pero es necesario hacer algunas reflexiones que van más allá de la preocupación que todos tenemos para que el incendio se controle y extinga porque no queremos que se vuelva a repetir.

Hagamos un poco de memoria. En el gran incendio de 2007 el fuego llegó de Los Realejos a Chío en menos de cinco horas. Tuvimos que dejar un camión atrás en el Llano del Hospital en Icod de los Vinos porque el fuego de copa corría más rápido que el vehículo y, afortunadamente, el personal pudo escapar a tiempo. Hay una fecha grabada en mi memoria: 31 de julio de 2007, a las 23:15 horas. Vi llamas de más de 20 metros en la finca de Los Cámaras en Redondo (Icod de los Vinos) y terminé de certificar mi creencia de que las máquinas y los hombres no tienen, en la mayoría de las ocasiones, capacidad para apagar los fuegos. La única solución es la prevención. Y para eso hay que poner los medios adecuados.

Es decir, el 40 de mayo hay que tener limpios los entornos urbanos, los cortafuegos y haber concluido un amplio trabajo de retirada del combustible de las vías por las que nos movemos.

A todo ello debemos sumar la conexión entre la agricultura y la ganadería con el medio ambiente y la economía. Si le pagamos las papas a 0,50 euros el kilo o el litro de leche a 0,60 euros a nuestra gente, ¿quién va a sembrar u ordeñar? Y si encima, las traemos de fuera a un menor precio, pues menos todavía en una situación de dumping que machaca a nuestros campesinos.

La aparición y, sobre todo, propagación de los incendios está relacionada directamente con el abandono del campo. Y éste se produce porque lo que antes era pasto para el ganado ahora es combustible para los incendios. Entiéndase que llegamos a tener más de 80.000 vacas hace unos años y que ahora sólo tenemos 4.000 y las alimentamos con cosas de fuera. Esta situación se repite con las cabras, en la que llegamos a tener más de 140.000, con sus correspondientes pastores, cosa que hoy en día se ha perdido.

Por lo tanto, es necesario volver a tener ovejas, cabras y vacas que retiren miles de toneladas de pasto que ahora se ha convertido en el ‘alimento’ para las llamas. Y no hay que olvidar el tema del estiércol ya que hoy en día apenas se demanda algo de pinocha para las plataneras.

Todo ello, agravado por la creciente burocracia que aleja aún más si cabe a cualquier persona que quiera dedicarse al sector primario. El campo se lo han apropiado en parte los urbanitas que denuncian y se molestan porque un gallo canta en la madrugada o un cochino no lleva colonia de Chanel. Por no hablar de los pobres ingresos que reciben los campesinos o la vigilancia que hacen algunos inspectores de trabajo por si un campesino ayuda a otro en su finca. En definitiva, un sinsentido.

Es necesario la creación de una comisión técnica en la que participe la parte política que tiene que estar por encima de los intereses de los partidos. Aquí no se habla de votos, sino de vida, de nuestra gente, de nuestra economía y de nuestros montes. Los planteamientos de prevención son los que tienen que imponerse por encima de los votos y de las lecturas a corto plazo.

Agradecemos la ayuda de todos, de las brigadas forestales, de los bomberos, de los helicópteros y de los hidroaviones, pero los incendios se apagan con prevención y fomentando el trabajo de las tierras abandonadas.

Tenerife ha perdido el 90% de sus campesinos en el último medio siglo. De unos 200.000 hemos pasado a apenas 20.000. Por eso es necesario incorporar a los jóvenes con ilusión y ganas al campo. De lo contrario, hablar de economía circular y de huella de carbono es seguir auto engañándonos y tener que seguir esperando a que las máquinas intenten hacer milagros para apagar el fuego, cosa que no han conseguido en Canadá, California o Hawái, territorios con muchos más recursos económicos que nosotros.

La prevención incluye entrar en las escuelas, institutos y la Universidad para que nuestros jóvenes conozcan de primera mano el territorio en el que viven y también aprendan quererlo, defenderlo y trabajarlo. Esa es la gran tarea que tenemos para los próximos años.