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Limón&Vinagre

Pilar Garcés

Leticia Sabater: Todo lo que no quieres por Navidad es ella

Leticia Sabater, en el videoclip de su villancico ‘Papá Noel, lléname el tanke’

Hay quien, con muy mala leche, sostiene que Leticia Sabater es nuestra Mariah Carey patria. El All I Want for Christmas de la estadounidense regresa cada Navidad más fresco que un muñeco de nieve pese a que pronto cumplirá treinta años, para arrancarnos una sonrisa y un deseo entrañable mientras suena en los altavoces de los grandes almacenes o en los intermedios de las funciones escolares. Los villancicos de la catalana también aparecen con puntualidad por estas fechas, pero con el propósito más prosaico de convertirse en la banda sonora de las cenas de empresa, a esas horas en las que las botellas se han vaciado, los pudores han desaparecido, saltan los muros de contención y se ilumina el lado friki de la vida.

La inclasificable presentadora y cantante lo expuso de otro modo: «Entre Mariah Carey y yo hay una gran diferencia. Ella hace el villancico para lucirse, y yo hago el villancico para que os divirtáis, os descojonéis, le saquéis punta a todo, lo veáis con vuestros colegas en cualquier parte del mundo, os desmelenéis, hagáis memes y os los paséis, etc». ¿Quién dijo autoestima? Que hablen de una, aunque sea muy mal. Carey se luce, es verdad, en ese estribillo imposible para el común de los mortales y que han reproducido desde la niña de la maravillosa Love Actually, otro icono de las pascuas felices, hasta Michael Bublé o Justin Bieber. Y tiene motivos para enorgullecerse de un tema que le ha reportado muchos millones de dólares de ganancias, que llega al número uno cada diciembre, que fue elegido como uno de los sencillos más importantes del siglo XX y que incluso los críticos más selectos consideran un clásico de su género. Lo de Leticia Sabater es otra cosa. Diva o mamarracha, tal vez un placer o un dolor culpable. Por eso su canción de este 2022 termina con un homenaje a Julio Iglesias, que entona una versión salaz de La Marimorena. Porque has visto ese vídeo horrendo hasta el final y lo sabes.

Papá Noel, lléname el tanke se titula el villancico con el que la rubia autora de La salchipapa (7,4 millones de visualizaciones) planta cara a la crisis energética (con su miaja de crítica social al mencionar que a los Reyes Magos les han cortado la luz por impago) y a la inflación, con un jamón por guitarra, espumillón a mansalva y el mundo por montera.

Tumbada en su Leticar de color rosa chicle, acompañada por dos papanoeles en paños menores, desgrana todos los tópicos que acompañan a estas fiestas: la prima sosa que empina el codo, el cuñado. Y Leticia Sabater, con unas abdominales envidiables y un hilo de voz correosa enhebrando rimas que no riman, rimas que riman (perrear con chingar) y escenas subidas de tono. Este artefacto sigue a otros éxitos anteriores como El polvorrón o Trínchame el pavo, por lo que se ve venir el recopilatorio que le regalarás al compañero que odias en el amigo invisible. Hay mucho más en la grotesca canción que ya han visto y escuchado decenas de miles de consumidores. Una coreografía espantosa, tacos, alusiones sexuales tipo Benny Hill, una música que parece plagio de Quevedo y un mensaje político antifeminista, que la antaño presentadora de programas infantiles como Con mucha marcha o Vivan los compis se ha encargado de descifrar para quienes no se habían percatado. Que las mujeres se tienen que depilar, que las feministas se están cargando la femineidad. Le ha faltado añadir que donde hay pelo hay alegría a esta figurita de plástico del belén de Pesadilla antes de Navidad, mitad Grinch, mitad Esteso y Pajares.

Culpemos al calentamiento del planeta de la incansable producción de Leticia Sabater, nuestra plaga biestacional: una canción del verano y otra de invierno. Se derretirán los polos y ella seguirá masacrando el arte. Mujer a prueba de bombas, veterana de realities televisivos como La selva de los famosos, Esta cocina es un infierno, ¡Mira quién baila!, Acorralados, Expedición Imposible, Supervivientes, y La casa fuerte, que ganó concursando emparejada con su versión morena, Yola Berrocal, si no existiera la hubieran inventado los canales de televisión que necesitan carne de celebridad chabacana y sin complejos para sus parrillas. Ella no los tiene: «Yo soy una artista de entretener, de divertir», asegura quien empezó en el Un, dos, tres y fue chica Hermida. Entretenida es la costumbre navideña de ponerse un jersey hortera y ver Qué bello es vivir, barra de turrón en mano. Lo suyo es un empacho de mal gusto, viral como una gripe, pero con menos síntomas, para quien prefiera qué bello es beber.

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