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Jorge Bethencourt

El recorte

Jorge Bethencourt

Tres brochazos

Archivo - La portavoz del Grupo Mixto, Vidina Espino. PARLAMENTO - Archivo

Hay artistas que con tres o cuatro pinceladas dibujan un cuadro. Y para entender cómo está el patio político solo hay que atender a algunos brochazos. Madrid acaba de declarar, esta semana, «persona non grata» a Pablo Iglesias, un ciudadano de Vallecas que decidió recalar en un polémico chalé con piscina de Galapagar. Es un acto tan inútil, tan visceral y tan injusto, como la misma declaración que se adoptó contra Mariano Rajoy en Pontevedra, su ciudad natal. Un sectarismo ciego que practican los unos contra los otros y los otros contra los unos y que solo critican cuando son ellos damnificados.

Esa doble moral, ese cinismo político, se ha convertido en el pan ácido de cada día. El presidente Torres se agarró un enorme cabreo cuando la diputada Vidina Espino le dijo en el Parlamento que era un escándalo que un viceconsejero del Gobierno guanche esté sentado en el banquillo de un juzgado y que no pase nada. Por mucho que le cabree al secretario general del PSOE en Canarias, el problema es que su partido se ha pasado el código ético por el arco del triunfo. Y que sus socios de gobierno –es verdad que no él– que bramaban contra Fernando Clavijo, cuando estaba acosado por el caso Grúas, porque «manchaba» el cargo de presidente que ocupaba, guardan ahora un silencio de piedra. Consejos doy que para mí no tengo.

Esta exhibición de incoherencia y de la aplicación de la ley del embudo provoca que la gente asuma que las reglas solo sirven cuando afectan a los demás. En Canarias hay partidos, como Podemos, que están a favor del tren en Gran Canaria y en contra del tren en Tenerife. Como si la posición política ante esta modalidad de transporte estuviera afectada por la geografía. La cercanía de la contienda electoral está aflorando lo peor del postureo político y sacando a relucir contrasentidos que hasta ahora permanecían dormidos. Y conforme nos vayamos acercando a las urnas, esta prometedora efervescencia del tropicalismo bananero en las fuerzas canarias puede llegar hasta las más altas cotas del surrealismo.

Un último brochazo. El vicepresidente del Cabildo de Tenerife, Enrique Arriaga, ha anunciado una campaña denominada Tenerife en marcha, para «escuchar» a los ciudadanos de la Isla. O sea, en plan Yolanda Díaz. Siendo que estamos a siete meses de las elecciones, la pregunta obligada es: ¿se trata de una campaña del dirigente de Ciudadanos sufragada con los presupuestos de la corporación insular o se trata de una iniciativa de su partido de cara a las elecciones? Porque si se trata de lo primero, se abre la puerta a una nueva y original manera de utilizar las instituciones públicas para arrimar las ascuas al chicharro. Y no digo yo que sea mala idea.

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