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Maite Fernández Valderas

Emociones que emocionan

Me encanta repetir en mis pensamientos esa letra de la canción tan pasional de Rafael, Escándalo: «Si lo nuestro es un pecado, no dejaré de pecar». Una canción que te transmite fuerza y buenas vibraciones, de esas que llegan a hacerte mover incluso en soledad. Esas que, ya desde por la mañana, te inyectan vida.

Emociones a las que volvemos una y otra vez, porque somos seres emocionales, y nuestras acciones son motivadas por esos impulsos vinculados a los sentimientos. Realmente, queremos convencernos de que la razón nos gobierna, cuando realmente es el corazón el que desarrolla el papel más determinante. ¡Si hasta votar es un gusto más que una razón!

A veces, le tenemos cierto miedo a las emociones, básicamente porque queremos controlarlas, cuando eso realmente es una tarea de gran dificultad. Abandonemos ese deseo de control y dirijámonos a la gestión de las emociones. Pasemos por la tarea del auto conocimiento, para facilitar el anteponernos a nuestras reacciones y, así, reconducir aquellas que consideremos menos productivas o interesantes para nuestro éxito social, personal o profesional.

Emoción en la política, ¿si o no?

El político con emoción es esa persona con capacidad de conexión desde su equilibrio personal. Es capaz de controlar sus vaivenes y sus épocas de desencanto y desilusión. Es esa persona coherente, que muestra una concordancia entre lo que siente y lo que expresa o manifiesta.

Es esa persona que busca ayuda, y no permite que su imagen pública se desgaste, y su liderazgo político quede empobrecido. Es, desde su equilibrio personal, quien mantiene los límites de su ego, para que este no gestione sus emociones en sentidos exclusivos y se distancie de una ciudadanía deseosa de admirar y ver en esa persona un referente social y de futuro. Ese ego controlado le hace medir sus declaraciones públicas, y definir y planificar su despliegue público; vive en un constante preparatorio, lo que le provoca un desarrollo constante. Un ejemplo lo tenemos en el Rey de España, una clara muestra de equilibrio personal llevado a la emocionalidad y a la coherencia. Don Felipe ríe y aplaude un éxito deportivo, solemne en una entrega de premios, firme ante un problema, da el pésame con lágrimas en los ojos, distendido como anfitrión con líderes de otros países.

La emoción es el lenguaje de la ciudadanía, y nuestros cargos públicos sinceros serán capaces de conectar ante los problemas de la gente y las necesidades que las personas planteen.

Las cifras no conectan y los datos son solo referentes de apoyo, pero no destinatarios de discursos políticos ante problemas sociales. Ya sabemos que los presidentes «estadísticos» no pasaron a la historia dejando una marca política, y en el Congreso podemos observarlo frecuentemente en los miembros del Gobierno: cuando los argumentos no tienen fuerza ni consistencia, se recurre a estadísticas desconectadas de toda realidad emocional.

Imagina una sociedad libre de miedos, imagina una sociedad segura, imagina una sociedad protegida, imagina una sociedad coherente, imagina una sociedad que se perciba justa. Esa es la libertad, la percepción de esas emociones, eso es el orgullo e identidad de comunidad.

Esta semana, en el Observatorio Mundial de Mujeres Políticas, tuve el placer de pronunciar una conferencia con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer; y la centraba en tres ejes: en la comunicación de Gobierno, en los recursos públicos y en las estrategias saludables ante la violencia.

Mi estrategia va dirigida a reconducir el foco actual de la comunicación que se desarrolla ante cualquier mujer víctima de violencia. El foco está en la víctima y mi propuesta es enfocarlo hacia el agresor y la figura de la mujer vencedora. Se comunica siempre el resultado perdedor, cuando el mensaje a exportar debería ser uno que removiera a las futuras víctimas, para evitar situaciones de futuras pérdidas humanas.

Nos entretenemos en el lenguaje, si inclusivo o no inclusivo, y dejamos en desarrollo la profundidad psicológica del comportamiento humano. Los límites, esos límites que los padres deberían de regalarle en la educación a sus hijos, esos límites que la sociedad debería de imponerse individualmente. Esos límites que el ser humano necesita para convivir, los que ante cualquier deseo de hacer daño te frenan instintivamente. Esos límites que construyen una sociedad segura y generan orgullo. Esos que deberían de ser auténticos pilares, y que como ciudadanos, padres, madres, hermanos tienen que llenar nuestra cabeza de cuestiones y preguntas para que nos conduzcan a un análisis acertado para nuestra siguiente elección.

Hazte preguntas y contrasta...

Cómo me gusta decir: ¡Despierta ciudadanía! ¡Mantente siempre despierta!

@EtikMaite

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