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Wladimiro Rodríguez Brito

Las borrascas ¿cambio cultural y cambio climático?

Estos días nos ha visitado una borrasca que cubre las carencias ambientales en un territorio olvidado por los gestores de la naturaleza. Hemos tenido mucha suerte, ya que hemos perdido más de 80.000 agricultores en los últimos años. Es decir, nos hemos quedado sin los campesinos que labran, escardan, pastorean, retiran hierbas, pinocha, limpian los barrancos, retiran los árboles muertos (leña), entre otras muchas cosas.

Hablamos de labores propias de la vida rural en la que los campesinos labradores con una yunta se han convertido en un elemento exótico, más propio de salir en las fotos de los turistas que de ser una parte natural del paisaje. Ahora nos aparecen unos aguaceros a finales de noviembre y ponen una alerta amarilla en el mes más lluvioso del año.

Todos los días escuchamos hablar de cambio climático, pero ¿qué anuncian los expertos sobre el kilómetro cero y sobre la soberanía alimentaria? ¿Sabemos ya los centímetros y los metros que subirá la marea para el año 2081 por la tarde? Aquí y ahora traemos cebollas de Nueva Zelanda, ajos de China y manzanas de Chile, ignorando a nuestros agricultores que cultivan las reinetas rodeadas de matorrales. Ahora somos modernos y tenemos gimnasios rodeados de zarzas. Y qué decir de los almendros huérfanos de campesinos que los poden o los retiren de la maleza. Solo nos acordamos de los almendros cuando florecen e iluminan nuestros campos en unos días de febrero y marzo. Eso sí los llevamos a la Fitur, pero asociados con la estética paisajística y no con los agricultores. En el espacio turístico mundial hablan de menores distancias ante el cambio climático y el consumo de combustible. Aquí hablamos de más camas –360 nuevas para el próximo año en Tenerife– y menos campesinos y de la supuesta diversificación económica en Marte (Congreso en Adeje todo sostenible).

Pancho y Ravelo

El otro día encontré en Ravelo un faro entre matorrales de tierras sin labriegos. Descubrí que conocía la isla o no todo lo bien que creía. Conocía a Pancho de cerca. Es un campesino y hace 92 años y, seguramente, es el medianero con más años de la isla de Tenerife. Me comentó que entró en las fincas de la familia Peraza de Ayala hace algo más de 70 años. Casi nada.

Las manzanas reinetas que cultiva Pancho –posiblemente el mayor cosechero de Canarias con 92 años–, son de una calidad extraordinaria. Eso pone de manifiesto la ruptura cultural que tenemos en el plano económico, ya que tenemos una amplia superficie de suelo en las zonas de influencia de los alisios desde Tenteniguada hasta la Montaña Vaqueros, en Garafía. Ahí podemos producir frutales de calidad, como castañas, nogales, caquis, naranjas, ciruela, legumbres y cereales. Y forraje para el ganado, tagasastes, maíz, cultivo de papas de color, de verano, bonitas y coles.

Otra de las enseñanzas de Pancho es la limpieza de una zona forestal, creando islotes limpios como franjas para defendernos de los incendios que nos castigan. En el presente caso, se trata de cultivo de frutales, barbecho, ganado, cereales. Es decir, un buen cultivo es una barrera natural limpia que impide la propagación del fuego, que es una de las asignaturas olvidadas en la gestión ambiental.

Las lluvias de este fin de semana son un alivio, no solo para la vegetación, sino que también cubren la incapacidad de hacer prevención en nuestros montes de las autoridades.

Otra lectura en el plano de la política agrario ambiental.

Es lamentable que maestros de la vida como don Pancho sean ignorados y olvidados por los responsables de la política agraria y ambiental. Mientras nuestras universidades y nuestras calles están cargadas de luces de navidad puestas desde octubre que oscurecen la vida y la cultura de ayer y derrochan vanidad y energía, aquí realizamos estudios sobre dinosaurios o cómo erradicar las vinagreras calcosas en los malpaíses de Lanzarote o las tuneras y piteras en Canarias; plantas que han sido muy útiles en la lucha contra el hambre en las islas y que ahora dicen que son invasoras.

Dignifiquemos a los Panchos que aún quedan en Canarias. Acerquemos su vida y su conocimiento a los niños y no dejemos que se nos vayan sin plantear unas reinetas. Pongamos a las futuras generaciones bajo su sabiduría ante la situación climática y los problemas que genera la escasez de agua. Fomentemos la revalorización de las medianías como prevención de los incendios forestales. Es urgente hacer una política agroambiental que dignifique los paisajes y paisanajes, que mime de verdad los libros abiertos que quedan en nuestros campos. Esos son los verdaderos conocimientos y masters en gestión del territorio y en conocimiento agronómicos y no esos provenientes del mundo universitario en eso que llaman globalización.

Rescatemos los gramos de sabiduría que queda en gente como don Pancho y dignifiquemos y tratemos con el máximo cariño a una generación en una sociedad que ha devaluado lo rural en lo que constituye un mar de ignorancia y desprecio hacia al campo y a los campesinos.

Pongamos luces rurales y hagamos más justicia con los que hacen surcos. Nuestras calles están cargadas de bombillas que contaminan con energía, que cada día es más escasa y más cara. Pongamos algún mensaje de Pancho entre tantas bombillas que no alumbran. Tengamos una sociedad sostenible en el plano económico y social y no hagamos responsable la mala gestión de los incendios, inundaciones y catástrofes agroambientales al cambio climático con los zarzales en la puerta del gimnasio y de los colegios.

Gracias Pancho.

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