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Cataluña

Así fue la cena de Jordi Turull y los consellers de Junts que pudo cambiar el destino del Govern

Los ya exmiembros del Consell Executiu llamaron a capítulo al secretario general para evitar la ruptura con ERC, pero él se enrocó: "No he salido de la cárcel para acabar con un partido de diez diputados"

Los consellers de Junts, con Jordi Puigneró al frente, entrando a la reunión del Consell Executiu del pasado miércoles. Manu Mitru

Martes, 27 de septiembre. Parlament. Debate de política general. Al final de la tarde, el representante de Junts, Albert Batet, desde su escaño, recibe un whatsapp de Jordi Turull y de Laura Borràs -sentados en la tribuna- que lo autorizan a lanzar la bomba: "Si no hay estas garantías [de cumplimento de exigencias de Junts] y no hay esta concreción, le pediremos que se someta a una cuestión de confianza". Rumor de voces en el hemiciclo. Se ha activado una carga nuclear que puede acabar con el Govern de coalición, como finalmente sucedió. Muy pocos en Junts lo sabían. Entre los ignorantes, todos los consellers salvo el vicepresidente, Jordi Puigneró. A partir de ahí sonaron todas las alarmas. Y tuvo lugar una cena decisiva.

Los consellers levantaron la ceja y se pusieron manos a la obra. Al unísono, convocaron a Turull a una reunión de urgencia, pese a que, según una fuente, fue el secretario general el que les citó. Sólo Turull, Borràs, Puigneró y el 'expresident' Carles Puigdemont tenían conocimiento de que se lanzaría la bomba si Aragonès no recogía el guante y no se comprometía con las exigencias de JxCat. Ese núcleo duro ya había tenido una reunión en la que Borràs se mostraba absolutamente decidida a plantear el envite, mientras otros advirtieron de las consecuencias que podía tener, conociendo la personalidad de un Pere Aragonès que ya había puesto en jaque la relación interna al vetar la delegación de Junts a la mesa de diálogo.

Cuando los consellers oyeron a Batet, entendieron lo que ya se intuían: que la continuidad del Govern pendía de un hilo. La tensión en el partido ya era un hecho desde hacía semanas. Y la reunión con Turull fue una cena en un reservado del restaurante Set Portes, cercano al Parlament.

No fue bien. Más bien todo lo contrario. Los consellers de entrada mostraron su perplejidad con el misil que acababa de lanzar Batet y fueron diciéndole a Turull que no veían los beneficios de salir del Govern, que eso convertía en irrelevante al partido. Hubo matices, los que pusieron Puigneró y la titular de Universitats, Gemma Geis, que supieron nadar y guardar la ropa. Pero la mayoría mantuvieron la posición frente a un Turull molesto, que se defendió con contundencia.

Junts o el Govern

La conversación fue tensa. Sobre el suelo de baldosas del restaurante, en forma de tablero de ajedrez, se jugaba una partida decisiva para el futuro del Govern. Los miembros del Ejecutivo se cuadraron tanto que Turull estalló: "No he pasado por la cárcel y he asumido el cargo de secretario general para acabar al frente de un partido de diez o doce diputados, y hacer de muleta, como Podemos con el PSOE. Yo podría vivir muy bien dando charlas por todo el país sin tener que aguantar líos", aseveró. Explicó con crudeza que ERC estaba "chuleando" a Junts en Palau y que se había avisado reiteradamente a los republicanos de que las cosas no iban bien. También argumentó que mantenía a los consellers informados, y que ya se habían reunido todos juntos semanas atrás en un restaurante cercano a Sant Celoni, donde había explicado que ERC no cedía.

"Entre romper el partido o el Govern, prefiero romper el Govern", dijo Turull

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Según dos de las diversas fuentes consultadas, presentes en la cena, Turull terminó diciendo: "Si tengo que escoger entre romper el partido o romper el Govern, opto por romper el Govern". "Claro que fue una cena tensa, es normal, cuando hay puntos de vista diferentes", apunta uno de los asistentes. "Intento olvidarme, porque me entra toxicidad", añade. "No entiendo por qué Turull apostó por salir del Govern", apunta otra persona que participó en la cena.

Turull también se enfrentó a las críticas que recibió sobre el discurso que estaba haciendo el partido. "Con este discurso hemos conseguido 32 diputados y gracias a ello vosotros sois consellers", llegó a espetar. "Y no olvidéis que sois consellers de Junts per Catalunya, no olvidéis para qué nace este partido, no lo perdáis de vista".

La cena se alargó más allá de la comida, que fue un pica-pica variado, y acabó con un escueto "adiós" de Turull, que adujo que tenía que conducir hasta su domicilio de Parets del Vallès y que al día siguiente el debate parlamentario continuaba, con la negociación de las resoluciones.

Enseguida se marcharon todos, uno a uno, del reservado del restaurante, con la sensación de que lejos de solucionarse el cisma interno, la salida del Govern era una hipótesis más que cierta y el secretario general del partido, a quienes muchos consideraban alguien de tono pactista distinto al de la presidenta de la formación, mostró una firmeza en esa cena que hizo ya prever lo peor para los partidarios de mantenerse en el Ejecutivo. El único punto en común fue la idea de "intentar hasta el final" el mantenimiento de la coalición.

El partido, ciertamente, no se ha roto, pero unos y otros velan armas en función de los futuros acontecimientos, y esa decisión, la de abandonar el Govern, sigue escociendo especialmente a quienes tuvieron que dejar su cargo.

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