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ERUPCIÓN EN LA PALMA

El otro lado del Tajogaite, el volcán de La Palma

Santa Cruz de La Palma, Breña Alta, Breña Baja, Puntallana, San Andrés y Sauces y Barlovento desarrollan la vida cotidiana casi con normalidad.

Santa Cruz de La Palma con ceniza emitida por el volcán. E. P.

La Palma está dividida en dos comarcas. Hoy, una, la del Oeste, sufre directamente los embates de la lava y en la otra, en el Este, la vida apenas se altera y sus habitantes se ven afectados por la llegada de la ceniza de forma puntual. Parece otro territorio, muy alejado de una tragedia con cuyos damnificados se solidarizan y para los que no cesan de reclamar la ayuda que precisan, incluso por encima de sus pérdidas.

La vertiente este de La Palma vivió las primeras jornadas del volcán Tajogaite como prácticamente un territorio ajeno a la Isla. Desde Las Breñas a Santa Cruz de La Palma, incluyendo Puntallana, San Andrés y Sauces y Barlovento (ya en el Noreste), ni los temblores ni la ceniza se habían hecho sentir y, más allá del movimiento continuo de periodistas y servicios de emergencia buscando hospedaje o avituallamiento, la realidad es que estos municipios continuaban con su actividad prácticamente normalizada. Pasaron días desde el 19 de septiembre para que el cambio de viento propiciara que los materiales emitidos como el rugido del volcán se apreciara claramente en la capital insular.

La ceniza ha cambiado el paisaje de toda la Isla, provocando su acumulación en los tejados y azoteas de los edificios. Tal es así, que lo que en las primeras jornadas era el «otro lado» de la Isla, está sufriendo las consecuencias de una erupción que sigue preocupando a todos en los 14 municipios.

Hay quienes no han podido localizar aún a sus amistades y desconocen si están afectados

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Así lo define Diego Afonso, propietario del Bar Bahía, uno de los principales puntos de encuentro de Santa Cruz de La Palma. «Veo la situación desde la distancia», porque «hasta que no empezó a caer la ceniza no éramos conscientes de la realidad». Reconoce que no ha sido capaz de cruzar el Túnel de la Cumbre, pero «basta con ver las imágenes». Las mismas que dejan un «poso de tristeza», señala, «pero también para darme cuenta de que hay mucha gente buena, que te ponen los pelos de punta». Se refiere a la cantidad de personas que se han volcado desde el minuto cero para ayudar. Para Diego, es la constatación de que «somos pequeños, pero cuando nos unimos somos enormes».

Con más fortaleza

Sobre todas las cosas, el hostelero defiende que lo importante es que no haya pérdidas humanas. «Es verdad que esto va a dejar muchas cabezas muy sensibles», pero «seguro que nos hará más fuertes». Se le hace «un nudo en la garganta» al constatar la solidaridad sigue llegando a La Palma. Empatiza con quienes saben que la lava va en dirección a sus casas «destruyendo sus recuerdos». En su establecimiento ha recibido a de algunas de ellas. Es el caso de una señora mayor. «Pidió un café mientras miraba una libreta con fotografías y sus ojos se llenaban de lágrimas». La pulsera le delataba como una de las personas desplazadas de su casa por el volcán.

Santa Cruz de La Palma es el ejemplo de las diferencias que hoy marcan la vida entre los palmeros

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Bibi Bethencourt es otra de las comerciantes más representativas de Santa Cruz de La Palma. En su bazar se venden desde recuerdos a postales del Volcán Teneguía. Por su puerta circula la vida de la Calle Real capitalina, aunque en estos días la situación es «muy triste». Es un punto de encuentro, donde se encuentran amistades y clientela. Entre las primeras, Mari Vergara. Cuentan que se enteraron de la erupción por la televisión y en los primeros días se atrevieron a cruzar la Cumbre para verlo. Bibi señala que hasta que la ceniza llegó dos o tres días después «parecía que vivíamos en un sitio distinto». Mari tiene varias amistades en la zona afectada, algunas no las localizó aún y desconoce si han sufrido la pérdida de su casa.

Vanessa Hernández estaba en la costa de Mazo pasadas alas 15:10 del 19 de septiembre y al ver en la tele lo que estaba ocurriendo «no me lo creía». Reside en Santa Cruz de La Palma y trabaja en Fuencaliente, donde dice que alguna vez «noté algo, una mínima cosa». Hasta la llegada de la ceniza «era como si estuviéramos en otra Isla. No iba con nosotros, por decirlo de alguna manera». Ahora, se siente partícipe del sufrimiento de quienes siguen perdiendo sus casas. «Es bastante triste». Por eso, envía un mensaje de solidaridad a quienes siguen pasándolo mal.

Emilio Ventura hace su vida entre Santa Cruz de La Palma y Villa de Mazo. Allí, en el barrio de Tiguerorte, a poca distancia de la boca del volcán, pero en la otra vertiente de la Isla, se afanan todos los días en retirar «tres dedos de ceniza». Sin embargo, en su domicilio de la capital, en la céntrica Avenida El Puente, nunca sintió temblor, aunque ahora no deja de barrer a diario el material que expulsa el volcán.

No es una fiesta

Jornadas previas a la erupción se mostraba escéptico. Hoy «supera las expectativas». Reclama sensibilidad con lo que está ocurriendo, ya que «esto no es una fiestita, no es la Bajada de la Virgen». Se refiere a que es necesario evitar la curiosidad de visitar la zona aún, para permitir a los equipos de emergencia que sigan trabajando. Apunta a que «no sabría que decir» a las personas afectadas. Admite que «esto de los psicólogos está muy bien», pero cree que hay que ponerse en la piel de los damnificados para comprender su dolor.

Comerciantes y vecinos coinciden en que la llegada de la ceniza les hizo ver la situación real

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Vicente Álvarez es profesor en un instituto de Los Llanos de Aridane. Define lo que está ocurriendo como un «espectáculo trágico», y defiende la posibilidad de que todo el mundo pueda ver lo que está ocurriendo desde algún punto habilitado, para que quede en el recuerdo «sobre todo de nuestros hijos». Cuando se produjo la erupción, él y su familia estaba en la zona. De allí salieron «como tiros», cuando sintieron los últimos temblores antes de la erupción. Fue la primera vez que sentía un terremoto. Quienes los acompañaban en esa jornada son víctimas del volcán. Vecinos de El Paraíso, los primeros en perder sus casas.

Él reside en Breña Baja, donde dice que estábamos «en otra Isla». En su casa «podemos dormir», pero «palmeros somos todos y también estamos afectados». Destaca la conciencia ciudadana que se ha generado, asegura que «todos nos hemos volcado» y espera que «los políticos les den a los damnificados más de lo que perdieron, porque se lo merecen».

Las vivencias tienen en común el reconocimiento a la unidad que muestran los palmeros

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Así se captó desde el aire la llegada de una nueva lengua de lava del volcán a la costa de La Palma E. D.

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