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ERUPCIÓN EN LA PALMA

Un respiro mental para los que ayudan a los damnificados por el volcán de La Palma

Cruz Roja ofrece a quienes intervienen en la emergencia sesiones de descarga emocional

Colada de lava del volcán de La Palma en el entorno de la montaña de La Laguna @involcan

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Colada de lava del volcán de La Palma en el entorno de la montaña de La Laguna Dalia Guerra

Intervenir en una emergencia como la del volcán de La Palma no es fácil. Quienes ayudan a las personas que lo han perdido todo necesitan a su vez un soporte psicológico para mantenerse fuertes.

Frustración por no poder hacer más. Impotencia ante el inexorable avance de la lava que se lleva a su paso el hogar, el sustento y los recuerdos de muchas vidas. Pena y tristeza por quienes lo han perdido todo y empatía porque lo que están pasando miles de personas en La Palma le podría haber tocado a cualquiera. Así se han sentido centenares de trabajadores que han intervenido en la emergencia provocada por volcán, ayudando día y noche sin descanso a los afectados. Un esfuerzo titánico que, sin embargo, puede tener repercusiones psicológicas para ellos si no aprenden a gestionar estas emociones de una manera adecuada.

Con este objetivo, Cruz Roja ha ofrecido diferentes sesiones de ventilación emocional a quienes a lo largo de estos dos meses han intervenido en la gestión de la crisis volcánica. Policías, bomberos, personal de medioambiente y protección civil que se están dejando la piel para llegar a todo. Un trabajo agotador y con mucha carga mental que hace necesario que se enfoquen en otras actividades que les permita dejar atrás el volcán, aunque solo sea por unas horas. 

“Todos han sentido más o menos lo mismo”, detalla Ana Garcés, psicóloga del Equipo de Respuesta Inmediata de Emergencias (ERIE) de Intervención Psicosocial. A pesar de que se trata de profesionales que trabajan normalmente en emergencias “en esta ocasión se han puesto todos a disposición de unas tareas que no han venido realizando hasta ahora y que en la mayor parte de las ocasiones han supuesto un acompañamiento de las personas afectadas en un momento de duelo por pérdida”. Sacar enseres, ir junto a ellos a revisar sus viviendas o a atender sus fincas y animales “les conlleva una carga emocional muy fuerte”, que se intensifica ya que “todos el personal atendido son vecinos de La Palma y alguno de ellos también afectado directa o indirectamente”.

Desajustes en la alimentación o en el sueño pueden ser síntomas de que algo no va bien

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Acompañar a una persona “que en un momento dado se han visto bloqueadas” a las que tienen “que guiar y ordenar sus pensamientos”, genera “sensaciones y emociones, normales, pero que hay que saber gestionar”. Por eso, esta psicóloga insiste en que es necesario “expresar y compartir esos sentimientos”, ya que de lo contrario “puede generar algún tipo de sobrecarga que luego conlleve no poder continuar con nuestra vida o rutinas de manera normal”.

Las sesiones grupales, que se han desarrollado en las aulas anexas a los Servicios Sociales del Ayuntamiento de El Paso por parte de dos psicólogas y dos socorristas de acompañamiento desplazados a la isla desde otras partes del país, han servido para que los alrededor de 180 profesionales que han participado hayan podido poner en común la experiencia que han vivido en estos dos meses. “Esto les ha permitido ser conscientes de que todos han vivido lo mismo, con mayor o menor intensidad, pero los sentimientos han sido los mismos”. Garcés señala que es importante “dar nombre a esas emociones, reconocerlas y saber por qué se producen”.

Además, indica que los profesionales han sabido identificar también “que todos esos sentimientos de frustración, impotencia e incertidumbre vienen acompañados de otros como por ejemplo la ternura y el agradecimiento”. Recalca que quienes intervienen en la emergencia deben tener claro “que todos tenemos la necesidad y la obligación del autocuidado”. Por eso, es importante “darnos cuenta cuando algo nos afecta para buscar vías de escape y poder encauzarlo adecuadamente”.

Para ello, recomienda que pongan en su vida aquellas actividades que les relajen y que cada uno a su manera busque la desconexión. Algo difícil en una isla que en estos momentos se encuentra engullida por una crisis volcánica que es palpable desde que desembarcas o aterrizas en ella. Sin embargo, La Palma tiene dos vertientes en los que la crisis volcánica se vive de muy distinta manera. “Vivir al oeste o al este de la isla es importante para conseguir esa desconexión porque ahora mismo hay dos espacios paralelos”, explica Garcés, en un momento en el que el contexto de cada uno “es determinante”.

La psicóloga Ana Garcés señala quees habitual que estos trabajadores olviden «autocuidarse»

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Por eso, uno de los objetivos de estas sesiones ha sido proporcionarles pequeñas pautas y que tomen conciencia de esa necesidad de desconexión. “Deben ser conscientes de sus capacidades y limitaciones y que deben cuidarse”. Al igual que “necesitamos recuperarnos físicamente de los esfuerzos, el cerebro también necesita desconectar y enfocar hacia otros lados, aunque solo sea para descansar un poco”.

La extensión de la crisis volcánica, que ayer alcanzó ya los 66 días, hace que poco a poco las largas jornadas de trabajo, el estrés del día a día y todos los sentimientos encontrados se vayan normalizando, pero el paso del tiempo también agota mentalmente a los equipos que trabajan en la emergencia. “El estrés y el nivel de activación sube, mucho más en una emergencia que se va alargando mucho en el tiempo”, valora Garcés. Unos niveles de actividad basados en esa necesidad de ayudar a los demás “que hace que se olviden de si mismos”. No comer bien o los desajustes en el sueño pueden ser los primeros síntomas para quienes estén viviendo en esta situación de estrés.

Sin embargo, Garcés quiere poner en valor que a pesar de todas la espiral de emociones que han experimentado “han tenido la capacidad de sobreponerse y ser el brazo fuerte para las personas que se han sentido perdidas en esta emergencia”. Aún así, les recomienda no olvidar que a veces quienes ayudan también necesitan ser ayudados, para que puedan seguir dando después lo mejor de sí mismos como profesionales en esta crisis.

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