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«Del mar no te puedes fiar»

La tragedia del ‘Villla de Pitanxo’ pone el foco sobre el trabajo de los pescadores isleños y su máxima: «siempre alerta» - «Nos hemos visto al límite», afirman

Ricardo Ortega, patrón Mayor de la Cofradía de Arguineguín, en su barco ‘La Pardela Dos’ atracado en el muelle grancanario . Juan Castro

Siempre de cara y con un ojo abierto. Pasan gran parte de su vida en el mar pero por muchos años de experiencia que acumulen, los pescadores nunca le pierden el respeto al agua. Tormentas imprevistas, corrientes cambiantes o fuertes rachas de viento, son algunas de las condiciones a las que estos marineros se han enfrentado más de una vez durante sus jornadas laborales. Muchos, incluso, han experimentado situaciones límite en las que han temido por su vida, por lo que la previsión es siempre una máxima en su día a día. «En la mar no te puedes dormir, hay que estar alerta en todo momento», explica Ricardo Ortega, patrón mayor de la Cofradía de Arguineguín (Gran Canaria), quien asegura que «el exceso de confianza puede llevarte a perder la vida en cuestión de segundos». La tragedia del Villa de Pitanxo en Terranova (Canadá) removió a los pescadores isleños que tras lo sucedido recuerdan los episodios más tensos vividos en sus embarcaciones.

La pesca corre por la sangre de Ortega, marinero grancanario de 62 años que desde los 14 practica la profesión rodeado de una familia entera de pescadores: los Rubio. El Pardela dos, el nombre de la embarcación que Ortega comparte con su hermano, no ha vivido ninguna situación extrema gracias a la cautela de sus dueños, que aprendieron de su padre el «no fiarse del mar». Se guían por sus instintos y prefieren «magua antes que dolor». Ortega tiene claro que su vida está en juego cada vez que pone un pie en el barco por lo que sigue la filosofía de que «un cobarde vale para dos guerras y el valiente vale solo para una». La desaparición del biólogo canario tras el naufragio en Canadá conmovió a Ortega, que insiste en que para el mar «ningún barco es grande y se lo puede tragar todo».

La evolución de la tecnología permite a los marineros adelantarse al mal tiempo

Lo cierto es que la cautela ha evitado que este marinero grancanario viva situaciones límite pero no todos han corrido la misma suerte. Manuel Díaz, patrón mayor de la Cofradía de las Mercedes en Tenerife, asegura que el «exceso de confianza» lo ha conducido varias veces al peligro. «Nos hemos visto al límite en más de cuatro ocasiones», afirma el pescador de 59 años. Al recordar el peor momento a Díaz se le viene a la cabeza una travesía desde Fuerteventura hacia Tenerife en la que el viento «malo» de suroeste y la lluvia lo llevaron a pensar que «no llegaría a tierra». Mantener la calma y «tener a Dios» de su lado, fueron las claves que según este marinero le permitieron alcanzar la costa doce horas más tarde de los esperado.

También lo ha pasado mal en el mar David Suárez, un pescador grancanario de 35 años que tiene arrendada una pequeña embarcación de nueve metros en el Muelle de Arguineguín. Suárez considera que el principal peligro está en «dejarse llevar por el ansia de pescar» cuando llevas semanas sin recibir beneficios. «Cuando todos son gastos y necesitas el dinero te arriesgas y te juegas el tipo por llevar el sustento a casa», aclara. Suárez reconoce que las travesías entre islas son las más duras y recuerda una vez que, volviendo desde Tenerife, el barco tuvo que hacer frente a rachas de viento de fuerza seis. «Te tiemblan las piernas y lo pasas canutas pero al día siguiente vuelves a montarte en el mismo barco donde pasaste tanto miedo, por lo que te acabas acostumbrando», asegura. El joven grancanario también vivió un duro episodio cuando presenció desde su barco el hundimiento de otra embarcación a la que tuvo que socorrer. «Es una cosas difícil de olvidar, se te queda la imagen en la mente», recuerda.

Para David Lorenzo, patrón de la Cofradía de Nuestra Señora de la Consolación (Tenerife), uno de los principales peligros en el mar es que el viento azote a la embarcación por un lado o por detrás ya que esto provoca «la desestabilización» del barco. Lorenzo asegura que nunca ha llegado a temer por su vida pero reconoce que en un momento tuvo que achicar agua de la popa con un cubo para evitar saturar las bombas de achique. Este pescador, que también se dedica a mariscar, relata que en tierra ha vivido momento más tensos. El último ocurrió cuando una ola arrastró a Lorenzo desde una roca y cayó de cabeza en un charco que se llenó con la subida de la ola pero que contaba con muy poca profundidad. «Me tiré de cabeza sin manos y cuando me levanté vi que el agua me llegaba por las rodillas. No me maté de milagro», recuerda.

Los pescadores canarios coinciden al reconocer que el peligro en las Islas es menor que en otros territorios porque la costa «siempre está cerca» y el agua «no está tan fría». Aún así, Juan Francisco Placeres, patrón de la Cofradía de Morro Jable (Fuerteventura) asegura que más de una vez lo ha pasado «mal» en su barco a pesar de estar a tan solo tres horas de la costa. «En el Archipiélago hay muchos ahogamientos en la orilla, en la zona del mar del norte, por eso siempre hay que ser responsable», asegura Placeres. Este marinero coincide con Ortega en preferir pecar de «precavido» antes que «jugársela», por lo que asegura que es el tiempo atmosférico el que marca las jornadas laborales.

Algunos trabajadores aseguran que los apuros económicos les han llevado a correr riesgos

Y es que todos los trabajadores del sector reconocen que las nuevas tecnologías les permiten estar al tanto del parte meteorológico en todo momento, lo que según ellos, facilita mucho la labor. «Las aplicaciones de móviles hoy en día son muy útiles, nos ayudan adelantarnos a lo que va a pasar», señala Suárez. «Antes mirábamos el cielos y las mareas y teníamos que fiarnos de nuestra intuición, la cosa ha evolucionado muchísimo», agradece Díaz.

El avance de las tecnologías también ha permitido que las familias de los pescadores puedan localizarlos en cuestión de segundos, algo que hace algunos años era impensable. Muchos pasaban días e incluso semanas en el mar sin poder dar noticias a sus seres queridos. El móvil ha facilitado el contacto, pero para algunos pescadores no es suficiente. «Hay comunicación pero no es lo mismo que estar en tu casa y compartir momentos», admite Placeres, y con él coincide Suárez, quien asegura echar de menos la rutina diaria con sus hijos.

Y es que las largas jornadas de trabajo en alta mar complican la conciliación familiar. Así lo reconoce este marinero grancanario que lamenta haberse perdido en el pasado parte de la infancia de sus hijos por pasar largas temporadas embarcado. A pesar de las dificultades los pescadores isleños aseguran que la pesca artesanal diaria que se practica en el Archipiélago permite adaptar mejor las jornadas para dormir en casa, aunque la mayoría no puede permitirse ni cinco horas de sueño diarias. «El cuerpo se acostumbra a levantarse sin que suene el despertador», describe Ortega que muchos de los días empieza sus jornadas laborales a las cuatro de la mañana. Los pescadores canarios coinciden al asegurar que «el sacrificio» vale la pena ya que ninguno cambiaría de profesión si pudiera volver a elegir.

Lo que sí cambiarían son los «malos» datos de pesca registrados en el pasado 2021. «A mis 59 años nunca había visto una temporada tan horrible», asegura Díaz quien confía en que la tendencia cambie este año. Lo cierto es que según los datos de producción de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aguas del Gobierno canario el año pasado se capturaron 8.626 toneladas de pescado mientras que los datos de 2019 registran un total de 11.302 toneladas. Esto refleja que en cuestión de dos años los 1.056 pescadores de las Islas han visto como la producción se reduce un 24%, casi un cuarto del total.

En cuanto a facturación las cifran indican que en 2021 el total fue de 30,8 millones mientras que en 2019 se alcanzaron los 32,6 millones de euros. Los pescadores creen que el cambio climático es una de las cuestiones que está afectando a las temporadas de pesca y «echan de menos» una borrasca que «de vez en cuando limpie los fondos marinos y los sedimentos», explica Suárez. 

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