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La fuerza de la dinámica

El Tenerife derrota al Valladolid en el estadio José Zorrilla con goles de Shashoua y, con ‘ayuda’ del portero, de Míchel | Los blanquiazules completan las cinco primeras jornadas sin derrotas y ya son terceros en la tabla

Samuel Shashoua, celebrando con Víctor Mollejo el primer gol del Tenerife en el partido de ayer.

Samuel Shashoua, celebrando con Víctor Mollejo el primer gol del Tenerife en el partido de ayer. LaLiga

El Tenerife es un equipo que llega a un estadio como el José Zorrilla con un plan y le sale de principio a fin. Que tira tres veces a puerta y se pone 0-2 antes de la media hora para domar con autoridad, a partir de ahí, a un rival aparentemente tan fiero como el Real Valladolid. Pero lo mejor de todo es que es un equipo que visita a uno de los más claros candidatos al ascenso y gana para completar una serie de cinco jornadas sin perder –las cinco primeras–, dejando su portería a cero durante casi 400 minutos. Y ya es tercero en la clasificación, a dos puntos del líder. Se mire por donde se mire, y por muy corta que sea la muestra, las señales que dejan los de Luis Miguel Ramis van dando ciertas garantías de que este Tenerife va a estar lejos de temporadas tan decepcionantes como las últimas. El tiempo dirá hasta dónde conseguirán llegar.

En estos casos, y también en los opuestos, se relacionan las trayectorias con el efecto de las dinámicas. La del Tenerife es positiva. Lo ha sido desde que debutó en Fuenlabrada y se impuso con un golazo de Corredera cerca del final. Ese fue el primer indicio. Algo que no le pasaba en un comienzo de Liga desde hacía mucho tiempo. Y las dinámicas no son casuales. El Tenerife se la ha ido construyendo siendo una roca en defensa, como la temporada pasada con Ramis, y añadiendo un mejor manejo de las situaciones y talento en la fase ofensiva. En el primer caso, se podría decir que incluso disfruta con el sufrimiento, como apuntó el técnico el pasado viernes. Se siente seguro protegiéndose, levantando una muralla en la frontal del área, presionando en bloque, haciendo faltitas para no dejar jugar... Ayer lo demostró, porque el Valladolid tuvo sus momentos, sobre todo en el primer tiempo. Es lo que se esperaba después de la anterior derrota por 3-0 en Burgos. En realidad, su empuje tuvo más ruido que nueces. Se acentuó en medio de los dos goles isleños y se apagó casi por completo después del intermedio.

Pese a esa intrascendente ebullición local, el Tenerife empezó mejor que su rival, no solo porque creó la primera ocasión, un disparo demasiado alto de Elady, sino porque, con disimulo, logró atenuar el ímpetu del Valladolid, previsto en el guion de Ramis. Hizo lo posible para que, cuando le interesaba, el partido fuera lento. Y si le convenía, apretaba el acelerador con Mollejo –única novedad en la alineación– ejerciendo de piloto por la banda derecha. Y cuando se vino a dar cuenta, el Valladolid se encontró con un oponente mejor situado, más seguro en lo que hacía y con las ideas claras. Los de Pacheta no daban esa misma sensación. Tocaban el balón lejos de la portería de Soriano y no obtenían ventajas con sus laterales ofensivos; uno de ellos, el exblanquiazul Luis Pérez. Pero esa tendencia fue cambiando poco a poco, no por mucho tiempo. El grancanario Roque fue encontrando su sitio y ganó metros, dando aire al Valladolid y propiciando una mayor presencia cerca de un área bien defendida por Mellot, Sipcic, Carlos Ruiz y Muñoz. Ese amago de dominio sin profundidad de los locales tuvo su trampa. El Tenerife contaba con ello para poder salir en velocidad al contraataque, y a la primera que tuvo, golpeó. En un par de toques, el balón pasó de un campo a otro, vía Enric Gallego, y le llegó a Shashoua, quien resolvió la jugada con una genial maniobra con la que sentó a Queirós y con un disparo ajustado al palo ante el que no pudo hacer nada el portero Roberto (12’). El suspense se produjo por la petición de falta de los locales de Gallego sobre El Yamiq –acabó solicitando su relevo por un dolor en la espalda– en la misma acción. El árbitro no lo vio igual y dio por bueno el tanto.

Si el Valladolid era un rival herido, se enfureció todavía más con el gol tinerfeño. De hecho, concentró sus mejores minutos en ese tramo del encuentro, con Luis Pérez haciendo de las suyas por la derecha, con El Yamiq irrumpiendo en el área en una jugada personal, con un balón al larguero tras un saque de esquina y un cabezazo de Alcaraz (20’), con una falta lateral de Olaza que puso en apuros a Juan Soriano (22’)... El asedio vino acompañado por un par de jugadas polémicas en el área visitante: dos supuestas faltas, manos de Gallego... Los blanquivioletas pidieron hasta tres penaltis.

El Valladolid estuvo cerca del gol rondando la media hora. El Tenerife apenas tenía el balón, los centrocampistas no intervenían tanto, los castellanos ganaban casi todos los duelos... Pero cuando un equipo está en una buena dinámica, no solo no encaja goles en estos momentos de agobio, sino que amplía su ventaja. Con el Valladolid volcado, el Tenerife activó otro contragolpe y sentenció. Jugando a un único toque, el balón pasó de Shashoua a Corredera y luego a Míchel, quien no se lo pensó y conectó un disparo desde la frontal del área que acabó dentro de la portería. Técnicamente fue un gol en propia puerta de Roberto, ya que el balón tocó en el poste, chocó en la espalda del portero y entró, pero... Por su largo pasado en el Valladolid, el mediocentro pidió perdón a una grada que quedó en silencio. Apenas se volvió a sentir algún silbido a modo de protesta por la impotencia de sus futbolistas en el intento de evitar una derrota que parecía irremediable incluso con una hora por delante.

Curiosamente, como en el 0-1, el segundo tanto vino precedido de la caída de un jugador, Olaza, también por un encontronazo con Enric Gallego. La secuencia fue revisada sin que se detectaran razones para anular el gol de Míchel.

Con todo esto, casi tuvo más mérito que el Tenerife consiguiera que no pasara nada relevante en toda la segunda mitad. Se jugó a lo que quiso el equipo de Ramis. No fue fácil anular a un Valladolid que lo intentó con un cambio de sistema –Pacheta quitó a un central y metió a Sergio León– y agotando todas las sustituciones. Pero la cuestión es que estuvo más cerca el tercer gol blanquiazul que el primero de su adversario. Hasta el minuto 82 no inquietó a Soriano. Lo hizo con un chut de Luis Pérez en el vértice del área pequeña. Por su parte, el Tenerife mereció ampliar su renta con un par de remates de Elady, un mano a mano de Emmanuel Apeh con el portero, una ocasión triple de Sergio González, Corredera y Rubén Díez...

Esta dinámica, nada casual, impulsa a un Tenerife todavía con margen de crecimiento. Gana con autoridad hasta en campos como Zorrilla. El siguiente reto, el Mirandés en el Heliodoro el domingo.

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