Maestras y maestros de ayer

Luis Miguel Pino creó vocaciones docentes en Clásicas

En 1978, llega a Tenerife para ocupar su plaza de catedrático de Griego en el instituto Poeta Viana, donde permanece hasta 1988

Luis Miguel Pino Campos y la doctora Juana Sánchez-Gey durante una conferencia.

Luis Miguel Pino Campos y la doctora Juana Sánchez-Gey durante una conferencia. / ED

Domingo J. Jorge

Una frase célebre perdida en los tiempos afirma que «un profesor es el que enseña y maestro es del que aprendes». Esta premisa en la enseñanza, a buen seguro, se ha visto superada por muchos docentes. Justamente el profesor con el que nos encontramos en este momento de entrevista durante la última entrega del pasado lunes hace considerar incorrecta dicha afirmación. Los vocablos maestro y profesor coinciden siempre en aquellos enseñantes que aman su oficio y tienen claro que su vocación pasa por enseñar y animar continuamente a sus alumnos para que aprendan. Ése es Luis Miguel Pino.

Así, Luis Miguel Pino Campos (Cádiz, 1953), desde su más temprana juventud –como ya nos explicaba él mismo en la página del lunes 4 de diciembre–, se impregnaba de su pasión por enseñar, mientras pasaba por sus años de formación en el instituto y luego en la Universidad en Cádiz y Sevilla. Desde aquel entonces veía clara su vocación del magisterio dando clases particulares a sus compañeros. Esa vocación por la docencia luego supo trasladarla a otros, a quienes les abrió el conocimiento hacia el mundo de las Clásicas, que emana de los griegos y los romanos. De esa forma, con ese afán de enseñar para que otros aprendan y el amor por la investigación, Luis Miguel llega a Tenerife en 1978.

De esta manera, el profesor Luis Miguel Pino aprueba su oposición a catedrático de instituto en junio de 1978 y viene a Santa Cruz de Tenerife ese mismo año en el mes de septiembre. «Tras pasar todos los trámites de la oposición, elijo Santa Cruz de Tenerife como destino. Lo hago, porque en un viaje en tren conozco a una profesora, Mercedes, que también había aprobado las oposiciones, en su caso de Dibujo, y me habla muy bien de Santa Cruz de Tenerife. Además, me sentía atraído por las condiciones que me ofrecía el lugar. De esta forma, me vengo a Tenerife, a ocupar la plaza de catedrático de Griego del instituto Poeta Viana en septiembre».

En el Poeta Viana

Comienza, en este momento, un nuevo proyecto profesional en el Instituto Nacional de Bachillerato Poeta Viana, en el que permaneció hasta 1988. Son los tiempos de los inicios del Bachillerato Unificado Polivalente (BUP) y por lo tanto cambios metodológicos en la enseñanza, además de los propios cambios de la nueva etapa histórica por la que pasaba España, la Democracia. «Me encuentro con un instituto ya funcionando con un rendimiento académico adecuado y con un claustro de profesores magnífico, donde un joven, como yo, tenía mucho que aprender y también que aportar. La gramática que utilizo para mis clases es la Helade de Jaime Berenguer Amenós. Es un texto muy adecuado tanto en explicaciones como ejercicios, pero que desde un principio decidí completar con material mío que proporcionaba a mis alumnos de 3º de BUP y COU en la asignatura de Griego. Por ese entonces, recuerdo que los chicos hacían las fotocopias en la librería La Cruz del Señor, de Eugenio. Se trataba de facilitar las herramientas necesarias para que mis alumnos obtuvieran el conocimiento necesario y las destrezas adecuadas en lo que era mi asignatura», aclara.

La pasión por el mundo de las Clásicas de Luis Miguel Pino le llevaba a ampliar su jornada lectiva. «Mi interés por ampliar conocimientos entre los estudiantes me llevó a crear unos talleres por las tardes que yo les ofrecía voluntariamente. Estos talleres versaban sobre mitología. Nos reuníamos en el instituto por la tarde para compartir actividades de investigación sobre el origen de los dioses, su relación con el arte, la filosofía, y otras muchas cosas. Los chicos y chicas venían con grandes ansias de aprender y divertirse aprendiendo», recuerda.

Cambios metodológicos

Hoy se habla de la innovación y los cambios metodológicos. El profesorado de Griego y Latín, como señala Luis Miguel, «se ha caracterizado siempre por querer generar nuevas aportaciones metodológicas». «Ello se hacía y promovía incluso a través de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, la SEEC», detalla. Desde que llega al Poeta Viana y luego durante su paso por la Universidad de La Laguna, participó en seminarios, charlas, jornadas y congresos organizados por la SEEC. «Esta sociedad era y sigue siendo un punto de encuentro entre profesores de Latín y Griego con diferentes objetivos entre ellos publicar artículos relacionados con estas áreas», aclara. «En las reuniones anuales entrábamos en contacto profesores de Bachillerato y Universidad de toda Canarias para proponer actividades relativas a encuentros con la intención de fomentar el estudio de los clásicos, además de exponer ideas que iban encaminadas a preparar la Selectividad o la PAU. También se planteaban criterios metodológicos por parte del profesorado que mostraba inquietudes hacia la innovación. Tengo especial recuerdo de aquellas primeras reuniones donde me encontraba con compañeros como Josefa Dorta, Trinidad Arcos, Ángel Martínez, Germán Santana, Jesús Nuez...».

Un vínculo especial

El equipo docente siempre crea un vínculo y fortaleza especial, que lleva el rumbo incluso de la propia dirección que tome el profesor en aquello que trae hasta sus clases para enseñar. De ese paso por el Poeta Viana, Luis Miguel guarda muchos recuerdos hacia colegas con los que compartió horas y horas de amor por la enseñanza. «Son tantos los compañeros con los que compartí mi día a día en el Instituto y nuestro amor por el enseñar. Juana Sánchez-Gey y Vicente Rodríguez Lozano con su pasión por la Filosofía. Emilio Marrero Feo, con el que tuve el honor de dirigir el Poeta Viana durante un curso, él como director del centro y yo como vicedirector. Begoña Lasarte, quienes fuimos compañeros en el enseñar las Clásicas, ella desde el Latín. José Juan Pérez Pérez y su Lengua Española y Literatura. José Javier Hernández, quien era uno de los profesores de Inglés, y tantos y tantos otros», la emoción rodea su rostro.

Pero este profesor miraba además por el colaborar con otros y a la par que daba clases, e investigaba, también acudía a otros centros, fuera de su horario lectivo, para impartir charlas y así apoyar a otros colegas en la formación clásica de sus alumnos. «En varias ocasiones acudí a la invitación de Jorge García Jorge, profesor de Filosofía, para dar charlas sobre el mundo griego y romano, y los clásicos, siendo él director del instituto militar San Hermenegildo. O [se ríe] siendo tú, Domingo Jorge, profesor del Colegio Echeyde de Ofra, donde también formé parte de esas Semanas del Mundo Clásico que organizabas». Se trata de compartir y llevar conocimientos a otros y esto lo hacía muy bien Luis Miguel Pino.

Enseñar o hacer que otros aprendan aquello que les pueda ayudar a crecer su conocimiento y valores personales, esto es lo que Luis Miguel Pino Campos logró durante más de 30 años y algo que enseñó a hacer a otros que cogieron luego su testigo vocacional para convertirse también en maestros o profesores. El próximo lunes, Luis Miguel nos aportará más vivencias en otra página de Maestras y maestros de ayer, donde subiremos con él a la ULL.