Aniversario golpe de estado en Chile

Los valencianos que Pinochet se arrepintió de no matar hace 50 años

Los hermanos Garcés, Vicent y Joan, narran cómo lograron sobrevivir al golpe de Estado a Salvador Allende en Chile hace 50 años

El presidente Salvador Allende y sus escoltas, salen del palacio de la Moneda para observar el sobrevuelo de la aviación golpista.

El presidente Salvador Allende y sus escoltas, salen del palacio de la Moneda para observar el sobrevuelo de la aviación golpista. / ORLANDO LAGOS

Diego Aitor San José

Rodeado de militantes del Partido Socialista de Chile al que estaba afiliado, en la Fundición Libertad, el punto de encuentro en caso de golpe militar, Vicent Garcés escucha por radio la despedida de Salvador Allende que quedaría para la historia. "Se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre", locuta el hasta ese 11 de septiembre de 1973 presidente del país antes de que La Moneda sea bombardeada y asaltada por los uniformados por orden de Augusto PinochetEn ese momento, Garcés, natural de Llíria, no sabía si su hermano mayor Joan seguía con vida.

La historia pudo haber cambiado en numerosas ocasiones aquel día del que se cumplen 50 años. Joan y Vicent Garcés acabarían volviendo a España en un vuelo de Spantax fletado por el gobierno franquista. El aviso de una dirección segura, una persona entre la multitud, la petición de dejar un maletín, el arrojo de un diplomático y la suma de suerte y casualidad hicieron que los dos hermanos valencianos sobrevivieran al golpe de Estado. Aquello marcó los pasos del futuro y dos décadas después, en Londres, Augusto Pinochet se lamentó de no haber acabado con Joan, el abogado que impulsó la denuncia que terminó con su detención.

Vicent narra el 11 de septiembre de 1973 marcando los detalles. El día se abrió con una llamada de Joan para advertirle que los militares iban a dar un golpe de Estado y que él se iba a ir con Allende al palacio presidencial. Joan ejercía de "asesor personal" del dirigente desde que ganase las elecciones de 1970. Fue en esa campaña cuando se conocieron. Joan hacía su doctorado en Ciencias Políticas y tenía la teoría de que la coalición de izquierdas Unidad Popular podía ganar las elecciones. Acertó y Allende lo incorporó a su equipo más próximo al formar gobierno.

Asesores y trabajadores de Allende salen del palacio presidencial ante los militares.

Asesores y trabajadores de Allende salen del palacio presidencial ante los militares. / STRINGER/CHILE

"Cuando salgas de La Moneda, no vayas a casa, ve a la de un amigo, se llama Joaquín", recuerda Vicent que le dijo a su hermano en esa conversación telefónica rozando el amanecer. Ese amigo del que le dio la dirección era un demógrafo que hacía un estudio para una comisión de la ONU y que años después sería presidente de la Comunidad de Madrid: Joaquín Leguina. Ese aviso le acabó salvando la vida, aunque Vicent no lo sabría hasta horas después.

Porque Vicent pasó gran parte de la mañana en el Ministerio de Agricultura en el que trabajaba. Hasta allí llegó tras estudiar un posgrado sobre Planificación y Desarrollo Rural en Montpellier donde conoció a otros ingenieros chilenos, le hablaron de la reforma agraria y meses después se fue al país sudamericano a pasar de la teoría a la práctica. Desde la ventana de su despacho vio cómo los carabineros que protegían el palacio presidencial lo dejaban desguarnecido. Temió por su hermano, que estaba dentro, mientras se iba al punto acordado: la Fundición Libertad.

Joan Garcés abraza a Salvador Allende tras ganar las elecciones en septiembre de 1970.

Joan Garcés abraza a Salvador Allende tras ganar las elecciones en septiembre de 1970. / V.GARCÉS

Vicent no cumplió para sí con el consejo que le había dado a Joan. Acudió a la casa que compartían en Santiago, la capital chilena. En la puerta, un grupo de gente, miembros del grupo Protección Comunitaria, aliados en el golpe, le asaltó. "Sabían quién era, me tenían controlado", cuenta. Sabían que trabajaba para el gobierno de izquierdas. Decían de llevarlo ante las autoridades militares. De repente, un hombre entre la multitud insistió más que el resto en ser él quien lo entregase. Ya en su coche, tras dos kilómetros de conducción, una pregunta le alivió: "¿Adónde le llevo?". "Nunca supe quién fue", admite Vicent, pero le salvó la vida.

Mientras, Joan continuaba en el palacio. El anuncio del bombardeo a la sede de gobierno obligó a Allende a sacar a familiares y colaboradores próximos por una de las salidas laterales. Todos excepto Joan, para él tenía una labor especial. "Alguien tiene que contar lo que ha ocurrido", le dijo el presidente chileno. Su salida fue por la puerta principal de donde se habían retirado los militares ante las inminentes detonaciones. Antes de salir, sin embargo, Allende le quitó el maletín que llevaba. Eso le permitió pasar como un viandante perdido entre los siguientes controles.

"Venimos a por Juan Garcés"

Joan y Vicent se sabrían a salvo en diferentes viviendas a principios de esa tarde. Días después coincidirían en la casa del embajador de España en Chile, Enrique Pérez Hernández, aunque cada uno estaba en una estancia y sin contacto entre ambos. Lograr la protección de los hermanos no fue fácil para el diplomático. Una de las noches en la que los Garcés en la residencia del embajador se presentó un grupo de militares con una orden de búsqueda: "Venimos a por Juan Garcés". "Esto es territorio español y si quieren entrar me tendrán que matar", cuenta Vicent parafraseando al embajador en pijama ante los uniformados.

Vicent Garcés, en una entrevista con Levante-EMV en 2015.

Vicent Garcés, en una entrevista con Levante-EMV en 2015. / FERNANDO BUSTAMANTE

Pérez insistió en que eran españoles y que su obligación era protegerlos. "Era un diplomático liberal", agrega para matizar que en España en aquellos momentos la dictadura franquista seguía en el poder. De hecho, uno de los argumentos que esgrimió el embajador en las negociaciones para lograr la salida de los Garcés fue el papel de Francisco Franco en el golpe militar. Les recordó que Franco había sido el primer jefe de Estado del mundo que reconoció a Pinochet y que le había enviado ayuda una vez este triunfó.

Las gestiones surtieron efecto y el 22 de septiembre los Garcés junto con un ingeniero español que estaba trabajando en Chile y el último ministro de Agricultura de Allende partían del aeropuerto de Santiago en un avión Spantax que aterrizaría horas después en Mallorca. Vicent Garcés hizo carrera política en el PSPV y el PSOE, ocupó cargos en las ejecutivas y llegó a ser eurodiputado. Joan Garcés, por su parte, fue director general de la Unesco, estuvo en el equipo de François Miterrand y, sobre todo, siguió vinculado a Chile como uno de los representantes de las víctimas de asesinatos, desapariciones forzadas y torturas de Pinochet que, una vez detenido, se lamentaba de no haber frenado a Joan cuando pudo hace 50 años.