La campaña de vacunación en Tenerife dio ayer un importante impulso hacia delante al habilitar tres de los puntos centralizados para realizar esta tarea de manera masiva durante los próximos meses y hasta alcanzar la inmunidad de rebaño. A pesar del continuo bombardeo de información, la población canaria no se amedrenta ante el riesgo irrisorio de sufrir efectos adversos y acude con esperanza al llamamiento del Servicio Canario de la Salud (SCS) para recibir el pinchazo de la vacuna que le permita acabar con el miedo al contagio que lleva arrastrando desde hace más de un año. 

Es un día lluvioso en La Laguna, a pesar de que, como comentan los lugareños, en estos últimos días, ha predominado el sol resplandeciente de un abril que poco se asemeja al que se vivía hace tan solo un año. El aire lúgubre y frío con su chispeo intermitente, al que tan acostumbrados están los universitarios y docentes del Campus de Guajara de la Universidad de La Laguna (ULL), contrastó, sin embargo, con lo que se estaba fraguando en el interior de uno de sus tantos edificios. En la jornada de ayer un nuevo punto de vacunación masivo abrió sus puertas en el Anexo al Aulario de Guajara, con la promesa de vacunar a más de 660 personas al día, un número que se podrá elevar hasta 6.000 canarios dependiendo de la disponibilidad de vacunas.

Este punto permanecerá abierto varios meses. “Lo que haga falta para alcanzar el 70% de la población vacunada”, explica Ramón Pinto, director de enfermería de la Gerencia de Atención Primaria de Tenerife. Pinto ha sido uno de los encargados de imaginar y organizar el ingente dispositivo que hoy ha convertido aulas y pasillos universitarios en un centro de salud improvisado. Salas de espera, triaje, consultas y monitores que indican el turno de cada paciente han transformado uno de los espacios públicos que el Servicio Canario de la Salud (SCS) utilizará para hacer frente a la campaña de vacunación más importante de la historia. Este punto singular de vacunación masiva se unirá a otros tantos ubicados en las dos islas capitalinas –casi una decena– que en los próximos meses permitirán inocular entre 25.000 y 30.000 dosis al día en toda Canarias.

Asimismo, una vez estén todos estos puntos estratégicos habilitados, los centros de salud –en los que hasta ahora se ha estado realizando la vacunación a mayores de 70 y 80 años–, dejarán de inocular dosis de manera masiva. “Lo harán de manera puntual una vez culminemos la campaña por si hay algún rezagado”, señala Pinto, que indica que es necesario que la actividad asistencial en Atención Primaria vuelva a dedicarse a otras patologías que requieren un seguimiento continuo.

En el día de ayer, además del Campus de Guajara en la ULL, también se puso en marcha el ubicado en Güímar, en el Centro Tecnológico de Candelaria-CTcan y en el Consultorio de Garachico, en la isla baja, que en conjunto podrán inocular en esta primera fase unas 1.800 dosis diarias. Se unen además al Recinto Ferial de La Gañanía, en Los Realejos, que lleva abierto varias semanas. La Consejería de Sanidad tiene previsto abrir los dos últimos puntos estratégicos en la isla de Tenerife durante la próxima semana, lo que permitirá, a corto plazo, inocular 10.000 vacunas diarias en la Isla.

De regreso en Guajara, en la entrada al edificio anexo al Aulario, los afortunados muestran algo nervios y vacilan en el paso, a pesar de que todo el recorrido se ha llenado de carteles que indican dónde está la vacunación. “¿Por aquí es dónde vacunan?”, preguntan algunos despistados que han decidido madrugar para justamente no perderse en el camino. Todos los que acuden a la cita, programada con uno o dos días de antelación, son mayores de 60 años que muestran ilusión y expectación por recibir su primera dosis de AstraZeneca. Una de las tres vacunas incluidas en el Plan de Vacunación contra la Covid-19 que en una ventana de unos 15 días les otorgará una protección contra el desarrollo de una Covid-19 grave de hasta el 70%.

Cuando el portuense Guillermo Marrero llega la puerta, una enfermera le anima a entrar mientras busca su nombre en el listado. “Ojalá me la hubieran puesto antes para estar más tranquilo”, comenta Marrero, mientras se sienta a esperar en una de las sillas que han habilitado para que las personas puedan esperar a recibir el pinchazo. Apenas le da tiempo para apoyarse levemente en la silla cuando una voz desde una de las aulas –ahora reconvertida en puesto de enfermería– le pide que entre. Marrero no esconde su alegría. Hace algo más de un mes vacunaron –también con AstraZeneca– a su mujer y ya tenía ganas de poder recibir él también esa protección. El puesto de enfermería está lleno de agujas y de pequeños botecitos en los que se puede leer Covid-19 vaccine injection AstraZenec y, mientras un enfermero se encarga de inocular en apenas un minuto la vacuna, un auxiliar se encarga de registrar los datos del paciente. En estos momentos, la Gerencia de Atención Primaria ha decidido habilitar solo dos de los 12 puestos de enfermería que podrán estar funcionando allí a pleno rendimiento. En un futuro eso permitirá aumentar la capacidad de vacunación de manera ingente en este y otros puntos.

“Le llamaremos en tres meses”, recuerda el enfermero desde el arco de la puerta a María Victoria Gutiérrez, que mientras se sienta a esperar los 15 minutos de rigor –un tiempo de vigilancia reglado destinado a atender una urgencia en caso de que se diera algún efecto adverso– comenta con otra mujer su percepción sobre la vacuna.

“No me dolió en absoluto”, señala Gutiérrez, que no esconde que sintió algo de inquietud las horas antes de entrar a la salita de espera. “Una lee y escucha tantas cosas”, asevera haciendo alusión a los últimos informes de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) sobre la relación de la vacuna de AstraZeneca con la aparición de eventos trombóticos extremadamente raros. “Hay que vacunarse, el beneficio es mayor que el riesgo y si me toca, pues habrá que arriesgarse, otros fármacos tienen más efectos”, señala Guitérrez.

Sus palabras se repiten como si de un mantra se tratara en cada una de las 150 personas que acuden al punto de vacunación, que funcionará todos los días desde las 8:00 hasta las 20:00 horas, a lo largo de la mañana. “No tengo miedo”, insiste Juan José Baute. El hombre es muy consciente de todo el daño que pueden causar las enfermedades infecciosas, pues tuvo la oportunidad de vivirlas de cerca en África durante dos años en la década de 1980. Quizás sea por eso o porque la percepción del riesgo cambia abruptamente cuando tienes que apartar los dientes de un caimán con tu bota, pero lo que está claro es que Baute, como muchos otros, es consciente de todo el beneficio que lleva implícita una vacuna.

“De tantos millones de vacunados, el porcentaje de trombos es muy bajo”, remarca Guillermo Marrero. No es de extrañar que realice dicha apreciación, pues el riesgo de desarrollar un evento de este tipo apenas llega al 0,2 por cada 100.000 vacunados en ese grupo de edad, frente a los 40 ingresos en UCI que se evitan con la vacunación. “Tengo diabetes tipo 2 y si los fármacos que tomo no me han provocado ningún efecto, esto tiene menos posibilidades de hacerlo”, señala por su parte María Fátima Luis, que el próximo mes cumplirá 60 años. Lo único que lamenta Luis tras recibir la vacuna es que ella haya tenido esa posibilidad mucho antes que su marido, que ha cumplido 73 años. Los citados se despiden del recinto con una ilusión inusitada para un día tan gris, sin dejar de pensar que su predisposición podrá acabar poco a poco con ese virus que tanto ha cambiado el mundo.

Desde hace un año, lo que más deseaba Guillermo Marrero en este mundo era tener un arma para enfrentarse al coronavirus. En el día de ayer por fin cumplió su deseo aunque sabe que no es el fin del camino. “Mantedremos las precauciones el tiempo que haga falta, hay que ser solidarios”.

Pocos minutos antes de recibir la vacuna de AstraZeneca, Juan José Baute espera tranquilo su turno. Baute ha estado en situaciones mucho peores y que ha tenido que vivir de cerca las peores consecuencias del avance de una enfermedad infecciosa cuando vivía en África.

“No tenía ninguna duda cuando me enviaron el mensaje”, asegura María Fátima Luis, que es consciente del beneficio de la vacunación. Con una diabetes tipo 2, recibir el pinchazo ha sido una alegría, pues su patología es una de las que le hacen persona de riesgo en caso de contraer Covid-19.

No se atreve a aconsejar a aquellos que tienen dudas respecto a la vacunación, pero Domingo Yanes es tajante: “hay más beneficios que riesgos” cuando se habla de la vacunación contra el coronavirus. “Es una forma de estar protegido y liberarse del miedo”, señala.