El Juan Sebastián de Elcano, la más conocida de las embarcaciones de la Armada española, atracó ayer en el Puerto de Santa Cruz después de varios años sin hacerlo debido a la pandemia. La Asociación Histórico-Cultural Gesta del 25 de Julio de 1797 recibió con salvas a un barco en el que viajan 241 tripulantes, de los que 167 pertenecen a la dotación permanente y 74 son alumnos de la Escuela Naval Militar. 

El buque escuela Juan Sebastián de Elcano arribó ayer al Puerto de Santa Cruz de Tenerife entre salvas de bienvenida. La Asociación Histórico-Cultural Gesta del 25 de Julio de 1797, el colectivo que se encarga de escenificar el ataque de los ingleses a la ciudad, recibió de esa forma al barco, el más conocido de la Armada española. Este permanecerá en la Dársena de Los Llanos hasta mañana, cuando pondrá rumbo a Río de Janeiro (Brasil) en el marco de su 95 crucero de instrucción.

La embarcación había partido el 14 de enero desde Cádiz y entró en la bahía de Santa Cruz a primera hora de la mañana. «Se va a realizar un cambio de hora: a las 10:00 serán las 9:00», se escuchó por megafonía una vez atracado el barco, signo inequívoco de que estaban en Canarias. Vino después el denominado saludo a la voz, en el que la tripulación se sube a los palos de la embarcación –el más alto de ellos situado a 50 metros sobre el agua– y rinde honores a la autoridad que los recibe, en este caso el almirante del Mando Naval de Canarias, José Lago.

La embarcación había partido el 14 de enero desde Cádiz y entró en la bahía de Santa Cruz a primera hora de la mañana. «Se va a realizar un cambio de hora: a las 10:00 serán las 9:00», se escuchó por megafonía una vez atracado el barco, signo inequívoco de que estaban en Canarias. Vino después el denominado saludo a la voz, en el que la tripulación se sube a los palos de la embarcación –el más alto de ellos situado a 50 metros sobre el agua– y rinde honores a la autoridad que los recibe, en este caso el almirante del Mando Naval de Canarias, José Lago.

Manos a la obra

Finalizado el acto y tras el acceso a bordo de la Asociación de la Gesta (hasta un miembro vestido de fraile iba en la comitiva), arrancó un intenso trajín en torno al Elcano. Algunos de sus tripulantes se ponían manos a la obra con reparaciones diversas, la cocina trabajaba a pleno rendimiento, un camión de basura se acercaba para recoger los desechos generados en la travesía y que ya estaban preparados en la cubierta para ser desembarcados... Mientras, un grupo de alumnos bajó a tierra para visitar La Laguna.

«Esta es la primera escala que realizamos en este nonagésimo quinto crucero de instrucción, además con muchísima ilusión y ganas, porque hacia varios años que no podíamos venir a Santa Cruz de Tenerife por culpa de la pandemia», expresó el comandante del buque, Manuel García. «A partir de aquí intentaremos hacer como hicieron en su momento Elcano y Magallanes, que cogieron la fuerza de los vientos para poder cruzar el Atlántico y dirigirse a América», manifestó.

El barco podrá ser visitado por quienes lo deseen durante su estancia en el puerto santacrucero

En concreto, y tras navegar durante 30 días a Río de Janeiro, irán hasta Buenos Aires (Argentina), Punta Arenas (Chile), El Callao (Perú), el Canal de Panamá, Cartagena de Indias (Colombia) y Puerto Limón (Costa Rica). Desde allí se desplazarán hasta dos puertos norteamericanos (Pensacola y Nueva York) y cruzarán de vuelta el Atlántico para regresar a España. En total, seis meses. El crucero terminará en Marín, en la Escuela Naval Militar, ya en julio, y días después el buque se trasladará a Cádiz, donde se prevé su llegada el 21 de ese mes.

Visita al barco

El buque-escuela Juan Sebastián de Elcano podrá ser visitado durante su estancia en Santa Cruz. Quienes suban a bordo se encontrarán con una embarcación con mucha historia. Según recoge la web del Ministerio de Defensa, fue botado en 1928 y el primero de sus cruceros de instrucción lo realizó entre agosto de 1928 y mayo de 1929, en sentido contrario al seguido por el galeón Victoria, la que fuese la nave de Juan Sebastián de Elcano en la primera vuelta al mundo en 1522.

Allí trabajan y se forman 241 personas, de las que 167 pertenecen a la dotación permanente y 74 son alumnos de la Escuela Naval Militar. Estos últimos son los llamados guardiamarinas, que reciben una doble formación: por un lado, militar y, por otro, universitaria, dado que allí estudian Ingeniería Mecánica. Se trata de los futuros oficiales de la Armada, del Cuerpo General y del Cuerpo de Infantería de Marina. Entre ellos, según explican, es frecuente que haya muchos canarios.

El barco cuenta con 113,1 metros de eslora y, a grandes rasgos, se divide entre la zona de máquinas, los dormitorios y la cubierta. En esta última se habilita en los trayectos un espacio para que la tripulación pueda practicar deporte. «Hay que destacar que, en estos casi 100 años de vida, el Juan Sebastián de Elcano ha recorrido más de 1.850.000 millas náuticas en todos los mares y océanos y navegado más de 15.300 singladuras», enumera el portal de Defensa. «Ha entrado en 205 puertos de 73 países diferentes, con un total de 1.265 visitas o escalas», añade la página.

El crucero de instrucción se prolongará durante seis meses alrededor de América

Los puertos más visitados en España son los de Cádiz, donde tiene su base; Marín, como sede de la Escuela Naval Militar, y Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, «por ser el Archipiélago el punto de partida frecuente previo a adentrase en el Atlántico rumbo a las Américas».

«Embajador» de España

El Elcano cumple con una segunda «misión permanente» de «embajador», consideran desde el Ministerio de Defensa. «El buque desarrolla una labor de apoyo a la política exterior del Estado, llevando la insignia nacional a todos los países que visita, y recibiendo a bordo a diferentes autoridades y personalidades nacionales y extranjeras, ganándose el cariño y afecto de las gentes que lo visitan», apuntan en la web.

Además, la página señala que este histórico barco es «depositario de prácticas seculares, que ayudan a formar y a curtir a las personas», tales como «la navegación a vela, el léxico marinero, los buenos momentos en la mar, o los malos, en permanente pelea con un elemento tantas veces hostil, la estrecha convivencia, la incomodidad, la monotonía de las largas travesías, el compañerismo, el conocimiento de diversos países y gentes, o el de uno mismo». Y añade: «Todo ello es motivo de orgullo para los que, voluntariamente, año tras año, tienen el privilegio de navegar en él y una responsabilidad para los que recogen el testigo, comprometidos a cumplir su misión y mantener viva la esencia del buque».