Opinión | Crónicas de la Revo-ilusión

León Benavente en el Aguere

Abraham Boba, el cantante y líder de un bloque homogéneo que transmite como pocos, inició el éxtasis colectivo con una confesión sobre la dificultad que entraña venir a Canarias desde la Península

León Benavente.

León Benavente. / JOAN MATEU PARRA

Hace unos días disfruté del mejor concierto que he visto en mucho tiempo. Fue en el espacio Aguere, en La Laguna, dos horas seguidas que inundaron la sala grande con la vibrante energía de León Benavente. Y es que su éxito no es casualidad sino producto del trabajo honesto de estos cuatro músicos, que volvieron a demostrar por qué son referencia consagrada en el indie rock español.

Abraham Boba, el cantante y líder de un bloque homogéneo que transmite como pocos, inició el éxtasis colectivo con una confesión sobre la dificultad que entraña venir a Canarias desde la Península. Fue su peculiar manera de expresar el agradecimiento a los organizadores y al equipo técnico, en un lugar donde se cuidan todos los detalles, gracias a la calidad humana y profesional que han convertido al Aguere en un templo del sonido en directo. Si a esto le sumamos que la gira es de aniversario, contábamos con los ingredientes necesarios para degustar un recorrido de sus diez años en un espléndido cocktail de temas coreados por un público entregado.

La reinterpretación de estas composiciones añadió un plus especial con los sintetizadores que aportan fuerza y matices a un universo sonoro cuya base se sostiene en la clásica formación de guitarra, bajo y batería. La veteranía es un grado, pero encima del escenario, César, Luis, Eduardo y Abraham se aplican como jóvenes ochenteros en plenitud de facultades, con letras inteligentes y profundas que hablan de las oscuridades que habitan nuestra realidad. Reflexiones sobre un mundo abocado a terminar engullido por la tecnología e historias personales que hablan del miedo a la libertad, nos sumieron en un clima hipnótico, una especie de trance terapéutico. Remataron la actuación con Gloria y Ayer salí. La temperatura anímica alcanzó su máximo nivel y propició una merecidísima ovación para esta inolvidable banda.