Opinión | Maestras y maestros de ayer

Domingo J. Jorge

Luis Miguel Pino enamoró a sus alumnos con las Clásicas

Fue catedrático de la asignatura de Griego en el Instituto Poeta Viana y también asumió la cátedra de Filología Griega de la Universidad de La Laguna

El profesor Pino Campos en una visita a las ruinas de Itálica.

El profesor Pino Campos en una visita a las ruinas de Itálica. / E. D.

El Atlántico cuenta con un puente imaginario, o no, soportado por columnas de sabiduría, que han creado un pasillo de descenso y ascenso por el que corren desde hace milenios los conocimientos, que nacen en Canarias y entran a Europa por Andalucía, o viceversa. Esa historia se repite y se ha repetido con la venida desde las tierras andaluzas de muchos profesores a Canarias, donde han ejercido su carrera docente. Igualmente, ha ocurrido lo contrario, isleños que han cruzado estas aguas para cumplir allí con la profesión que aman, el magisterio. Ese modelo entra hoy en la página de Maestras y maestros de ayer, de la mano de Luis Miguel Pino Campos, un helenista, que fue catedrático de Griego del Instituto Poeta Viana, catedrático de Filología Griega de la Universidad de La Laguna, Presidente del Consejo Provincial del CSIF, miembro de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, y autor de innumerables libros, artículos, conferencias y distintas creaciones humanísticas. Pero sobre todo, el doctor Pino Campos ha sido un guía para sus alumnos, para aquellos que han contado con la suerte de poder escucharle y trabajar con él en las aulas, un guía que ha sabido enamorarlos de las Clásicas.

Escribía en La Voz de Cádiz, la profesora Juana Sánchez-Gey sobre nuestro maestro de hoy: «conocemos a un profesor, que nació aquí y se formó en La Mirandilla, en el Instituto Columela y comenzó su carrera de Filosofía y Letras en aquel Colegio Universitario que miraba a La Caleta. Luis Miguel Pino Campos aprendió su amor a los clásicos entre estas murallas, por eso puede hablar de raíces, de raíces grecolatinas y de raíces filosóficas». Esos fueron sus comienzos, los que él mismo, mirando atrás nos recuerda. «Nací en Cádiz un 24 de marzo de 1953, en el seno de una gran familia numerosa. Éramos nada menos que 13 hermanos. Vivíamos todos en un piso en la calle Cardenal Zapata. Mi padre, Manuel Pino Ibarra, era patrón de pesca. Hice mis primeros años de estudios primarios en el Colegio La Salle Mirandilla de Cádiz hasta los once años», profundiza.

Seminario Menor

Tras su paso por La Mirandilla, Luis Miguel a los 11 años ingresa en el Seminario Menor de Cádiz, donde se encuentra con los inicios de su verdadera pasión durante toda su vida como profesor e investigador, las Clásicas. «Convenzo a mis padres y logro que me matriculen en el Seminario Menor de Cádiz. Este centro público estaba en la zona que mira a lo que se llama el Campo del Sur y colinda con la Parroquia de Santa Cruz. Allí estoy durante tres cursos, y además es donde empiezo a recibir mis primeras clases de Latín. Recibí becas para mis estudios desde los 12 años. Era un niño al que no le costaba estudiar y además me sentía bien entre libros, y ya desde aquel entonces miraba con curiosidad el mundo antiguo, más concretamente el mundo clásico y leía sobre ellos».

Luis Miguel Pino, fotografía de la orla de Licenciatura en 1976.

Luis Miguel Pino, fotografía de la orla de Licenciatura en 1976. / E. D.

La vida de alumno sigue y «a los 14 años comienza mi diatriba de si continuar como seminarista o incorporarme a un instituto. El Seminario Mayor estaba en la calle Compañía. Sí es cierto que entre las murallas del seminario me topo con mi amor por el pasado», asegura. «Inicio el curso, pero antes de que acabe, abandono y me incorporo al Instituto Columela, donde termino 4º, haciendo también la Reválida», explica. «Curso también 5º, 6º y PREU. No puedo olvidar mencionar a la profesora que me abrió la mente hacia el mundo de las Clásicas durante el bachiller, que fue doña Carmen Huguet en griego. Con ella di los primeros pasos en torno a esta lengua que todavía hoy me acompaña. El deporte también me apasionaba, era miembro del equipo de atletismo del Instituto».

Filosofía y Letras

En 1971, tras superar 6º y PREU con unas notas brillantes, se matricula en la carrera de Filosofía y Letras, haciendo sus dos primeros años en el Colegio Universitario de Cádiz y los tres últimos en la Universidad de Sevilla. «De aquellos años recuerdo a mis grandes profesores que fueron don Juan Gil Fernández, en Latín, y don Alberto Díaz Tejera –un tinerfeño, Hijo Predilecto de Fasnia–, quien me formó definitivamente en griego. Fueron años de esfuerzos y dedicados plenamente a la traducción de textos latinos y griegos, así como a su análisis, conocíamos la lengua desde sus autores y textos originales».

Luis Miguel no ha podido olvidar sus días y días de estudio, donde «en casa, imagínate –se ríe–, éramos 13 hermanos y estudiar no era nada fácil. Yo me aislaba en una habitación y de vez en cuando salía a pedir un poco de silencio. Mis hermanos me denominaban a veces, por eso, el dictador. Nos respetábamos y ayudábamos. Nuestra madre, por supuesto, era nuestro pilar». Durante sus años de estudios superiores obtuvo una Beca Salario, «que equivalía al salario base y se concedía a aquellos alumnos que tuviesen una media de nueve en sus notas durante la carrera. Con ese dinero me daba para pagar mis estudios en Cádiz y Sevilla, y además para ayudar en casa. También desde Bachiller comencé a dar clases particulares de las asignaturas de Letras».

Oposiciones a Catedrático

El esfuerzo siempre, más pronto que tarde, trae consigo la buena fortuna. «Tras finalizar la carrera, en 1976, los profesores Gil y Díaz Tejera me asesoran y me ofrecen incorporarme a la plantilla de la Universidad Hispalense como profesor ayudante. Aunque la oferta era muy atrayente, elegí marcharme al Colegio Universitario de Cádiz, dando clases de profesor ayudante», explica. «Lo elegí por razones económicas, dado que en esta ciudad estaba mi vivienda familiar». Durante estos años de forma simultánea, imparte clases y prepara sus oposiciones a Cátedra de Instituto, convencido de que sus aspiraciones eran continuar con la docencia. «Fueron momentos de trabajo y estudio. La preparación de mis oposiciones a Catedrático requerían mucha dedicación, mucha lectura y mucha traducción, por el amplio temario. Me presenté en Madrid a Oposiciones Libres, que básicamente consistían en desarrollar por escrito uno de los numerosos temas que habías preparado y hacer una defensa oral del mismo ante un tribunal», apostilla.

La historia que nos ofrece Luis Miguel Pino nos lleva a esos tiempos en los que las Clásicas, el Griego y el Latín, eran dos lenguas que formaban el buque insignia del Bachillerato de Letras. Tiempos que Luis Miguel recuerda con entusiasmo, porque notaba que transmitía a los alumnos su pasión por estas lenguas y su cultura. Hacía que ellos amaran el Griego y el Latín. Este profesor gaditano, un verdadero hijo adoptivo de Santa Cruz de Tenerife, por todo lo que ha hecho por la docencia en esta capital, seguirá el próximo lunes narrando su paso por las aulas en Maestros y maestras de ayer.