Opinión | Visiones atlánticas

Hugo Luengo

Canarias en El Sahel

Una aldea del Sahel cerca de Tombuctú (Malí), al borde de la Gran Muralla Verde.

Una aldea del Sahel cerca de Tombuctú (Malí), al borde de la Gran Muralla Verde. / FAO

Canarias frente al Sáhara Occidental, en proceso de descolonización por la ONU, en una de las fronteras más debilitadas en los cambios de la globalización. Agravadas por una errática política tanto de Madrid como de Bruselas, España y la UE. La franja del Sahel ocupa un área de unos 6.000 km de largo por 500 km de ancho, 3 millones de km2, 6 veces España, entre el Trópico de Cáncer y el paralelo 10. Hoy la región más convulsa del mundo en el patio trasero de Europa, que se repliega hacia si. Paradigmático el caso francés, mientras asistimos a la escalada del fenómeno migratorio que se gestiona sin políticas, París huye de África y España del Sáhara.

Sufre el Sahel, conflictos de inseguridad, sin soluciones. Carecen de «seguridad física», expuestos a sus ejércitos, a Rusia, China, EEUU y la implantación de Al Qaeda/Isis, ocupando el desplome de los estado-nación. Carecen de «seguridad sanitaria- médica», con el Covid 19, el ébola, el sida, la tuberculosis y la malaria. Carecen de «seguridad ambiental», incrementada con la crisis climática y la inexistencia de infraestructuras hidráulicas. Y de «seguridad económica y administrativa», y por ello de supervivencia y emprendimiento.

Tormentas de arena e inseguridades en el repliegue de la francofonía y de España. Nos recuerda Carlos Cipolla en La Decadencia de los Imperios 2022, que «crecen las naciones mientras mantienen espíritu innovador, comercial y empresarial, mantienen su espíritu de frontera y contienen a sus burocracias extractivas». Listado de déficits que acumulan Europa y España, impasibles al fenómeno migratorio, impulsado desde la frontera activa del Sahel, donde no llega el esfuerzo económico de la UE y los estados.

Herederos del reparto de África en el Congreso de Berlín de 1884, y de la descolonización de 1960, el Sahel ofrece estados inestables, en las tensiones cristiano-musulmanes y nómadas-sedentarias. Con Europa, UE, EEUU, Rusia y China, posicionados con las reservas de uranio, oro, cobre, fosfatos, hierro, gas, litio y tierras raras. Con Al Qaeda/Isis ocupando el vacío de estados con fronteras fluidas. Vemos la malograda «Gran Muralla Verde del Sahel», de 8.000 km de largo, entre el Atlántico y el Mar Rojo, por 15 km de ancho, 120 millones de Ha. Cuya ejecución carece del apoyo finalista de los países. Ante la serie de golpes de estado en Níger, Burkina Faso, Mali, Gabón, Sudán Norte y Sur, Guinea Conakri, Malí, República Centroafricana, Chad y Mauritania, todos ellos en el ránking de los países más pobres del mundo. Donde los avances sanitarios van a hacer crecer a África, a mayor velocidad que el resto del mundo, pasando de los 1.200 millones de hoy, a 2.500 en el 2.050.

La frontera como actitud defensiva poco vale, si no revierte en los países de origen de las migraciones, en el cambio climático y en el papel de la mujer en la economía familiar. Es complejo desarrollar el equivalente de un «Plan Marshall» para el Sahel, con las inseguridades, de «vida, sanidad, medioambiente y economía», sin estructuras estatales de soporte y en conflictos de fronteras, religión y tribus. Las cuantiosas ayudas de la UE y de los países y ONG, no llegan al final de la cadena. Hay que garantizar la fiabilidad de su aplicación, con el establecimiento de la confianza en los agentes, públicos y privados, que presencialmente respondan. Hay que ir a África en relaciones horizontales, para corregir las inseguridades e invertir los fondos globales con la población, sorteando las burocracias extractivas de aquí y allí. Coordinados con la Unión Africana, iniciadora de la «Muralla Verde del Sahel». Que es miembro observador de la ONU, e integra a los 55 países de África, entre ellos el Sáhara español. Hoy tiene suspendidos a Burkina Faso, Níger, Guinea Conakri, Mali, Sudán del Norte y Gabón. África con y para los africanos. Canarias se juega su seguridad y economía.