Opinión

La resurrección en vida de Tejero

Antonio Tejero.

Antonio Tejero. / Juan Fernández

No es absurdo concluir que el 23F ha sido tan longevo como el franquismo o el juancarlismo, cuarenta años de vigencia en los tres casos. De ahí que la sorpresa, al descubrir que Antonio Tejero sigue vivo, esté acompañada por un renacido interés en su figura con la pistola desenfundada en el Congreso. El golpe de Estado pertenece al reino de la interpretación, con las opiniones de ordenanza alineadas según la misma disciplina que al sondear sobre la amnistía catalana o la guerra en Palestina. Sin embargo, cuesta contradecir al protagonista absoluto de la acción violenta cuando proclama que «al rey Juan Carlos lo jodí vivo». Hasta que se repara en que también el coronel está presuponiendo, porque su rango lo descartaba de una entrevista con el monarca.

A propósito, la versión de Juan Carlos I sobre el 23F merece el mismo crédito que su declaración de la Renta. Los salvapatrias que acorazaron al monarca con un blindaje de antigolpista han exagerado en su purificación, hasta convertir al Rey en el único español adulto que a principios de los ochenta no había contemplado la posibilidad de un golpe de Estado, aparte de que su ignorancia sería un agravante. Mientras Tejero abrillanta su papel de golpista de ultraderecha que no se dejó embaucar por los golpistas de la derecha a secas, conviene recordar que los alzamientos militares se curaron con dinero, con el PSOE pagando a buen precio la reconversión al silencio democrático de los generales levantiscos.

Tejero reclama hoy a Sánchez el cumplimiento escrupuloso de la Constitución, una curiosa pinza contemporánea entre los golpistas y los dirigentes socialistas en el 23F, tal vez una reanudación de los lazos inconfesables trenzados durante aquellas fechas. A favor de la resurrección en vida de Tejero, los cabalistas apreciarán la frase que me dijo Sabino Fernández Campo en 2001, «entenderé el golpe cuando pasen veinte años más, ya desde el otro mundo». El plazo y el tránsito se han cumplido, cuando en este enredado contubernio solo falta ingresar a Bill Gates y el 5G.