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Meryem El Mehdati

Más cemento

Más cemento

Más cemento / Meryem El Mehdati

Escribo esto un 13 de octubre a las seis y dieciséis de la tarde. Estoy en Puerto Rico (Mogán) a treinta grados de temperatura. No recuerdo un octubre así de cálido, ni siquiera aquí. Aprobó por fin el pleno del Parlamento de Canarias este miércoles una declaración de emergencia energética en el archipiélago, aunque Vox votó en contra. No creo que esto sorprenda a nadie. Cualquier medida que suponga un alivio o un avance para los ciudadanos de su país es un molino contra el que esta gente lucha a pedradas y escupitajos. En contra de todo y a favor solo de lo suyo. La cara sempiterna de tonto a las tres que se le ha de quedar a más de uno que los denominó «nueva esperanza del sistema político» es un tema. La vergüenza me dejaría cóncava si hubiese sido yo. En la Cámara regional, el portavoz de ese partido de intoxicadores y maestros del bulo del que usted me habla, Nicasio Galván, pidió cuidado y mesura a la hora de hablar de las temperaturas de estos días en el Archipiélago. «La historia no nació ayer, tiene miles de años. Cuando me hablan de que la temperatura en Canarias nunca ha tenido estos niveles, señorías, les recuerdo que Canarias nació de la lava y podemos hablar con los compañeros palmeros… ¿A que hacía una temperatura mucho mayor en la lava que la que hace actualmente? Yo creo que eso cae por su propio peso», dijo. Se le exige mucho más nivel a un adolescente en las pruebas de acceso a la Universidad que a personas que encabezan las listas de sus respectivos partidos políticos, es para molestarse un poco. Puestos a señalar elementos que caen por su propio peso, podríamos comenzar por algunos diputados que no se avergüenzan de alardear de su total desconexión de la realidad y de su escaso entendimiento y razón. Qué culto a la muerte tan enajenado, hace unos años negaban la existencia del coronavirus a pesar de que las cifras de fallecidos no paraban de crecer, ahora se mofan de la alarma que genera que un 13 de octubre el sur de Gran Canaria amanezca con una mínima de 23 grados. Siempre orgullosos de estar en el lado equivocado.

Los servicios esenciales de nuestras islas no están preparados para las olas de calor como la que venimos sufriendo. Se suspenden las clases en colegios e institutos tras días sufriendo jornadas lectivas de treinta y seis grados, se resienten los hospitales y los enfermos ante la dejadez. Tampoco contamos con los medios necesarios para combatir los incendios forestales que asolan nuestros montes y cuya complejidad no hace más que aumentar con el cambio climático. Aun así, cuando Rosa Dávila se pregunta cómo servir mejor a los ciudadanos de su isla llega a una conclusión que descoloca a cualquiera que haya pasado estos últimos días asándose en su casa: invertir 580 millones de euros en la ampliación de los aeropuertos de Tenerife Norte y Tenerife Sur. Va por delante ampliar la cantidad de visitantes que pueda recibir Tenerife –ningún número va a satisfacerles jamás, se rigen por un combo doble mortal compuesto por los empresarios hoteleros y el lobby de la hostelería, ambos acostumbrados a vivir como viven las sanguijuelas: chupando sangre ajena– que las vidas de sus vecinos que a duras penas consiguen mantenerse a flote. Podríamos usar esos 580 millones de euros para adaptar nuestras infraestructuras a lo que se viene, que no será poco y no dejará a nadie sin su ración de angustia, la naturaleza no diferencia a ricos de pobres. Se atribuye mucho a María Antonieta una frase que utilizó refiriéndose a su pueblo y a los periodos de hambruna que asolaron Francia durante el reinado de Luis XVI. Al ser advertida de que los franceses estaban sufriendo mucho por la escasez de pan, ella replicó «Que coman pasteles». Nadie sabe a ciencia cierta si se dio ese intercambio y si realmente pronunció esa frase, aunque se ha repetido tantas veces y lo han asegurado tantas personas que quién sabe, quizá sí sucedió así. A mí no me cuesta nada imaginar a Clavijo encogiéndose de hombros ante las cifras de exclusión social y pobreza que asolan Canarias para luego sentenciar «Que coman cemento» refiriéndose a muchos de nosotros.