Opinión | ARTÍCULOS DE BROMA

La mirada de esos ojos

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden / Michael Brochstein/ZUMA Press Wi / DPA

En la sociedad universal de la codicia, lo que no corre vuela y en la de la tecnología, vuela todo. Hay una nueva inquietud por cualquier objeto volante no identificado (ovni) o fenómeno aéreo no identificado (fani), pero el principio de parsimonia nos lleva a pensar que es técnica terrestre pendiente de ser identificada. Al priorizar las explicaciones más sencillas, el principio de parsimonia vuelve el mundo poco excitante. Si un menor de edad de clase media tiene un dron que le trajeron los reyes, ¡qué no poseerán un técnico de mediana preparación, un grupo terrorista, un estado o un milmillonario visionario!

El principio de parsimonia parece tranquilizador, pero no siempre lo es. Un objeto de cierto tamaño que vuela es chino, ruso, estadounidense o israelí y eso da miedo. Uno extraterreste daría mucha más curiosidad. Si el Pentágono tardó 24 horas en aclarar que cosas que andan por la atmósfera con destino desconocido, tamaño considerable y función espía no eran naves extraterrestres es porque en la sede del Departamento de Defensa de Estados Unidos valoraron hacer la nueva guerra fría con los mismos argumentos que la anterior, cuando nos dieron sopas con platillos volantes. Aquello atiborró las ficciones desde los años cincuenta hasta los noventa y ocupó manías conspiratorias y locuras locales y todo ayuntamiento de ciudad mediana recibió por registro la denuncia de secuestro de niños por extraterrestres en un parque de barrio.

El mundo es necio y la aclaración del Pentágono de que los objetos que derribó el pasado fin de semana no son alienígenas sólo confirmará la visita extraterrestre a los que creen que ET está buscando móvil en la Tierra para llamar a casa. La inteligencia y la contrainteligencia no ayudan mucho cuando China explica que se le escapan a merced de los vientos sus globos para identificar gamusinos. Inquietan esos globos espías que se intercambian, océano mediante, las potencias. Espías como globos oculares, de ahí la grima que da verlos estallar. El mundo vuelve a ser más hostil y nacionalista cuando miramos a esos ojos.