Ayer aproveché la ausencia de actos y cerré mi Cantina. Un día de descanso entre tanta trabajera no me viene nada mal; de esa forma descansé un poco de las palizas que me han dado en estos días, en los que he batido record de ventas: trescientas ochenta y seis toneladas de garbanzas de las de mi madre y cuatro camiones cisterna de vino de Ravelo. Increíble.

Y es que no solo ha sido en mi cantina. También he tenido que atender compromisos como el del domingo pasado, en el que estuve de jurado en la elección de la Reina infantil y en la que me llevé una grata sorpresa; en concreto, con las comparsas infantiles. A la ya conocida presencia de Tropicana, este año se suman los niños y niñas de Joroperos; ambos actuaron en la Gala Infantil y fue una enorme satisfacción ver como la cantera de nuestras comparsas va creciendo, de manera lenta, pero creciendo al fin y al cabo. Se notó en ellas el mismo patrón que en las murgas infantiles: la gran mayoría de componentes son niñas. Ojalá se pueda conseguir la integración de más niños en el cuerpo de baile ya que, en la batucada, el equilibrio, es más patente.

En cualquier caso, verlos, fue una alegría y por momentos pensé que, ojalá podamos ver crecer ese colectivo y llegar, como mínimo, a los seis que ya hay en Las Palmas, número razonable a mi entender, para poder celebrar un concurso más y garantizar de paso la salud, a futuro, de la que gozan nuestras comparsas. No se cuánto tardaremos en verlo pero, si el momento llega, será una satisfacción brutal comprobar que, la modalidad que creó en la década de los sesenta el gran Manolo Monzón, tiene una cantera consolidada que llenará nuestras cabalgatas de batucadas infantiles.