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Rafael Dorta

Crónicas de la Revo-ilusión

Rafael Dorta

Superpoblación y política

Tenerife se ha convertido en un laboratorio poblacional. Como suele ocurrir, los agentes políticos van por detrás de esta realidad, al igual que sucede con su perenne miopía a la hora de proyectar un plan de futuro viable para Canarias. El nuevo ciclo electoral toca a la puerta, así que el programa de gobierno se reduce a un calendario de actos publicitarios para perpetuarse en el poder, y en el peor de los casos, a la búsqueda de pactos que no los arrojen a la oposición. Esa y no otra es la prioridad, solo dulcificada por algún tímido globo sonda sobre la necesidad de generar un debate sosegado sobre nuestro crecimiento demográfico, o la aplazada imposición de una tasa turística. Los intereses de las empresas vinculadas al motor de nuestra economía y del ecosistema creado a su alrededor, provocan un innegable efecto llamada que entra en contradicción con la capacidad de carga de una isla masificada de forma desigual. Habría que preguntarse el precio que estamos dispuestos a pagar, en aras de un desarrollo explosivo que demanda cada vez más infraestructuras, con el agravante de una gestión ineficaz o directamente deplorable en algunos ayuntamientos, y de un presidente del Cabildo sin carisma ni liderazgo. La integración de personas de diferentes nacionalidades, razas, o culturas, tiene un efecto positivo en la transformación de una sociedad, que aún conserva tics provincianos y ese complejo de inferioridad que bebe de nuestra frágil identidad. Mientras el paisanaje cambia velozmente, las soluciones políticas abusan del cortoplacismo, en vez de abordar una complejidad que debería afrontarse con la intervención de un equipo multidisciplinar renovable, compuesto por profesionales y expertos en diversas ramas de la ciencia, para diseñar una isla consciente de sí misma, que conduzca a la toma de decisiones valientes por parte de aquellos que nunca tendrán que presentarse a las elecciones.

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