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Se agotan las bebidas en Moncloa

La Moncloa organizó el jueves una suerte de jornada de puertas abiertas. Mañueco a las diez, Alfonso Rueda a las 12 y Juanma Moreno a las cinco. A Mañueco un té, que no es hora de aperitivo ni tampoco hay que ponerlo más nervioso con un café que bastante tiene con tolerar a Vox. La de Rueda es una hora indecisa, no es hora de un Albariño ni de un Rueda, es algo tarde para café. El agua siempre reconforta y no sabemos si el grado de esnobismo llega a pedirla con gas y una rodajita de limón. Moreno llegó a palacio a las cinco, con el calor en todo lo alto. El presidente andaluz se ha creado un perfil tan transversal y buenrollista que tal vez le diga a Sánchez, oye Pedro, lo que quieras, lo que tú tomes, un cortadito o una infusión con hielo, Pedro, que si la reunión se prolonga nos da la hora del gin tónic de media tarde. Total, yo aquí a lo que vengo es a pedir, como todos.

Mañueco iría por Madrid camino de Moncloa envidiando la cantidad de gente que hay en la España no vaciada, gente en coche, en moto, por las aceras, en el metro, en los autobuses, en las tiendas. Gente y gente a todas horas y oiga sin reserva no hay mesa. Alfonso Rueda albergaría nervios, ha llegado hace poco al cargo, iría temiendo que un ujier le dijera hola señor Feijóo. Es el menos conocido de los tres, al que menos van a agobiar los fans si se hace un Ayuso, o sea, una caña en una terraza después de lo de Moncloa.

Sánchez no quiere citar a Larra, así que no va a decirle a ninguno vuelva usted mañana. Los tres presidentes, todos castizamente españoles, sí querrían expresar una gran frase de nuestro acervo: qué hay de lo mío.

Dicen que la financiación autonómica es un sudoku pero esta gente lo que quiere resolver es un balance. Dos cosas nos igualan a los españoles: la muerte y sentirnos mal financiados. Unos esgrimen el criterio de población y otros el de poca población. Unos citan lo que aportan y otros lo que necesitan. La vida es lo que nos pasa mientras nuestros presidentes piden una mejor financiación autonómica. O un refresquito en Moncloa.

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