El golpe de la pandemia en el mercado laboral tardará mas tiempo en curarse, sobre todo para jóvenes, mujeres, temporales, junto a la economía sumergida, a los que no podemos dejar de observar, por los efectos que se confirman, derivados de los estímulos no productivos de los flotadores sociales financiados con fondos públicos.

No se trata de recuperar solamente el PIB, sino que es necesario distribuirlo bien para que las familias puedan recuperar sus rentas de trabajo y los empresarios su confianza e inversión.

Para adelantarlos y fortalecerlos, necesitaremos reforzar las habilidades de los trabajadores a través de formación y políticas activas de empleo, en vez de políticas pasivas y de subvención, de carácter estructural.

De parte de la economía, hay que implementar y reforzar las actividades sostenibles mediante reformas estructurales, acceso fluido al crédito barato, desburocratización, baja tasa de desempleo, dinamización del consumo interno, captación de inversiones, exportación y recuperación del turismo.

Una vez que los presupuestos públicos se declaren incapaces de soportar la situación actual, que ocurrirá más pronto que tarde, la recuperación se sostendrá, principalmente, de los beneficios empresariales y la productividad, junto a la optimización de la gobernanza pública y su credibilidad, interna y externa.

Los fondos europeos previstos para la recuperación y transformación, no solo se terminarán en 2026, si conseguimos ejecutar todos los fondos disponibles, sino que habrá que reembolsar gran parte de ellos mediante nuevos y mayores impuestos en un entorno publico donde hay que rebajar, al mismo tiempo, la deuda y el déficit publico.

Solo podemos tener éxito. No hay plan B.