22 de septiembre de 2019
22.09.2019

La salud mental de Trump y otros mandatarios

22.09.2019 | 00:12
José Vicente González Bethencourt*

Uno de los empresarios con más poder de Estados Unidos, el polémico Donald Trump, contra todo pronóstico, se convirtió en el presidente número 45 de la nación más poderosa del mundo al vencer a Hillary Clinton. Nacido en Nueva York en 1946, en principio llama la atención que sus padres eran emigrantes procedentes de Escocia, y si bien en sus inicios como empresario tuvo éxitos llamativos, en 1989 sufrió una bancarrota comercial, de la que logró recuperarse, adquiriendo las acciones de la Organización Miss Universo y otros concursos de belleza, y construyendo edificios emblemáticos como La Trump World Tower, situada frente a la sede de Naciones Unidas en Nueva York, o el Trump International Hotel and Tower en el mismo corazón de Manhattan.

Casado al menos en tres ocasiones, su infidelidad, pública y notoria, le supuso un divorcio costoso y muy mediático. Un inesperado embarazo lo llevó de nuevo al altar, y tras un nuevo divorcio, se casó con Melania Knauss, hoy primera dama de los Estados Unidos. Envuelto en diversos conflictos denunciados por mujeres, 19 de ellas lo acusaron de contactos físicos forzados cuando entraba en los vestuarios de las concursantes de Miss Estados Unidos. En 2015 anunció su precandidatura a las elecciones presidenciales, calificando a los inmigrantes mejicanos de corruptos y responsables de la entrada de drogas en su país, prometiendo que si llegaba a presidente construiría una valla en la frontera que divide Méjico y Estados Unidos con cargo al Gobierno mejicano. Una vez elegido, eliminó el tímido programa de salud de su antecesor, Barack Obama, reforzó militarmente la seguridad en las fronteras, y abandonó el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, separando de sus hijos a millones de emigrantes indocumentados, medidas todas ellas que han generado toda suerte de polémicas.

Y si bien la Asociación Americana de Psiquiatría y la Asociación Americana de Psicología consideran que sus miembros no deben informar a la opinión pública sobre supuestos trastornos mentales de personajes públicos si no los han tratado personalmente y no tienen su permiso, de acuerdo con la regla Goldwater, sin embargo, dada la trascendencia que para la humanidad tienen las decisiones de Donald Trump, miembros de dichas sociedades han analizado el estatus mental del hombre más poderoso del mundo. Nos preguntamos al respecto si resulta ético informar sobre el diagnóstico de posibles trastornos mentales de famosos, o si, por el contrario, no es una cuestión de interés general sino de contenido morboso. El 13 de febrero de 2017, 33 profesionales de la salud mental escribieron una carta a The New York Times señalando que "había demasiado en juego como para seguir permaneciendo en silencio por más tiempo sin informar sobre la salud mental de Donald Trump", que no tolera puntos de vista diferentes a los suyos, de ahí que haya cesado a muchos colaboradores, concluyendo que "la grave inestabilidad emocional del señor Trump lo incapacita para servir de manera segura como presidente". Diferentes son los diagnósticos que se han publicado sobre él, como psicópata, narcisista, histriónico, obsesivo-compulsivo, esquizoide, etc.

Informar y opinar sobre la salud mental de mandatarios no es nada nuevo, y mucho se ha escrito sobre el diagnóstico mental de Lenin, Hitler, Mussolini, Stalin, Franco, Pinochet, Fidel Castro, Boris Yeltsin, Nicolás Maduro o Puigdemont. Recordemos que, en 1964, en Estados Unidos, cuando el candidato republicano Barry Goldwater se enfrentó al demócrata Lyndon Johnson, la revista Fact envió una encuesta a 12.356 psiquiatras preguntando por la salud mental de Goldwater, y de los 2.417 que respondieron, 1.189 no lo consideraron adecuado para ser presidente, definiéndolo como esquizofrénico, por lo que presentó demanda judicial por difamación, y aunque la ganó, perdió las elecciones.

En España, el Código de Ética y Deontología Médica considera que los datos de salud y diagnóstico de las enfermedades son privados, pudiéndolos divulgar los afectados si es su deseo, pero también, sobre todo los médicos, tenemos que respetar que no sea así. En cualquier caso, muchos mandatarios expresan su personalidad al opinar en las redes sociales, Trump uno de ellos, con lo que un buen psiquiatra puede llegar a conclusiones sobre su salud mental, y si resulta que su comportamiento supone un peligro, lo debe comunicar.

*Doctor en Medicina y Cirugía

jvicentegbethencourt@yahoo.es

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