09 de agosto de 2019
09.08.2019

No hay talento

09.08.2019 | 00:40
Juan José Millás

Cuando la realidad se pone en modo cámara lenta, no sabe uno si se encuentra en el cine o en el sofá de su casa, viendo un telediario de verano. Hace poco salía un responsable político, quizá una responsable política (el genérico, que no llega) afirmando que "el descenso del paro se modera". He ahí una frase a cámara lenta de la que tienes que deducir que el paro crece, lo que lleva su tiempo, sobre todo si acabas de comer y la digestión está robando sangre al cerebro para llevarla al estómago. El aparato circulatorio funciona como los sistemas de regadío: cuando abres una compuerta aquí, cierras el paso del agua allá. Así que el "descenso del paro se modera". Lo escuchas entre los vapores del vino blanco frío con el que te has tomado el arroz y sientes que te la han colado, aunque ignores por dónde. Como cuando dicen funcionalidad por función, obligatoriedad por obligación o periodo vacacional por vacaciones. Hay en todos esos estiramientos inútiles una voluntad consciente o inconsciente de ralentizar los acontecimientos. No digan ustedes climatología, por favor, digan clima. Gracias.

¿Por qué esa voluntad ralentizadora?

Porque el asunto está atascado por un sitio y acelerado por el otro. Los precios de los pisos se disparan a velocidades de vértigo, por ejemplo, mientras que la acción política permanece estancada. La media entre una cosa y otra da lugar a la cámara lenta. De ahí que Pedro Sánchez llegara con cincuenta minutos de retraso a la cita con el rey en Marivent y que Felipe VI saliera a su encuentro con paso largo pero parsimonioso, como si lo recibiera sin ganas o con las mismas ganas con las que los espectadores asistíamos al espectáculo: ninguna.

El Open Arms se mueve perezosamente por el Mediterráneo con la cubierta a rebosar de casos urgentes, urgentísimos, a los que ningún país europeo es capaz de proporcionar una respuesta rápida. Un verano de pesadilla, en fin, en el que los tweets de Echenique, que quieren ser agudos, resultan completamente romos. Es posible que hasta las vacaciones, debido a la apatía general, se nos acaben haciendo largas. Debería ocurrir algo pronto, ya, ahora mismo, pero no hay talento.

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