Día del Periodista 50% DTO. eldia.es

eldia.es

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Entrevista

Félix de Azúa, académico y escritor: "Los dos centros de la corrupción en España son el fútbol y la Universidad"

"La solución en Cataluña llegará cuando los chavales vean que les tomaron el pelo, en dos o tres generaciones", señala

Félix de Azúa. Luisma Murias

Félix de Azúa (Barcelona, 1944) es escritor, articulista, catedrático jubilado de universidad y académico de la Real Academia Española (RAE), institución en la que ocupa el sillón 'H', Acudió este martes al Museo de Bellas Artes de Asturias para impartir la conferencia 'Origen y final de la Estética', organizada por la asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes. Una charla en la que buscaba "acabar con el prejuicio", que a su entender responde a una intención mercantilista, de asociar estética a belleza.

–Cuando vemos al Gobierno derogar las leyes de secesión o la malversación, ¿eso es ética o estética?

–Ni ética ni estética: eso es filibusterismo.

–Ellos aseguran que ahora Cataluña está mejor que antes de que llegasen al Gobierno. ¿Usted cómo lo ve?

–Eso es como decir que el Congo está mejor ahora que en época de Leopoldo de Bélgica. Hombre, un poco mejor sí que están, porque no se comen crudos a los misioneros. Pero es el mismo país: un país totalitario. No tiene vuelta de hoja.

–¿No hay solución?

–Faltan dos o tres generaciones para llegar a eso. Cuando finalmente los chavales empiecen a darse cuenta de que les han tomado el pelo.

–En pleno auge del 1 de Octubre, los independentistas decían que con la independencia sería todo maravilloso, y ocultaban el impacto económico y social de la ruptura. ¿Ese es el golpe de realidad que necesitan los jóvenes?

–Sí, sí, por supuesto. El nacionalismo es una ideología burguesa de derecha o de extrema derecha tanto si la practica Stalin como si la practican los catalanes. Si entras en ese juego, como ha entrado Pedro Sánchez, te conviertes inmediatamente en un colaboracionista de la derecha y la extrema derecha.

–Sorprende que la izquierda, que presume de ser internacionalista, entre a ese juego con tanto fervor, ¿no?

–Esa izquierda, o sea, Podemos, desde hace muchos años se conoce como la izquierda reaccionaria. Es un partido extraordinariamente reaccionario, un partido muy peligroso que recuerda a los años treinta europeos.

–En España está en el Gobierno...

–Sí, sí, pero es simplemente porque el megalómano de Sánchez quiere mandar y entonces le da igual. Se ha unido con los etarras, con los independentistas catalanes, con los independentistas vascos y se hubiera aliado con los gibraltareños si hubiera sido necesario para estar en el poder.

–¿Fue una ocasión perdida esas elecciones de 2019 en las que entre PSOE y Ciudadanos sumaban mayoría absoluta?

–Sí, eso fue un error muy grave de (Albert) Rivera y se ha visto cómo lo ha pagado.

–También marcó el devenir político de Ciudadanos, un partido en cuya gestación usted participó.

–Sí, sí, lo puso en la senda de la destrucción. Pero yo seguiré votando a Ciudadanos.

–¿Por qué?

–Porque, hombre, a Sánchez y los sanchistas no les daría ni un vaso de agua, pero el PP tampoco me convence. El PP tiene unas relaciones muy desagradables con la jerarquía católica y tiene problemas con cosas tan absurda como el aborto. El PP tal y como está ahora tampoco me interesa. Entonces, Ciudadanos.

–Esta última maniobra del PP y el Constitucional respecto a las leyes de renovación de los órganos judiciales, y el posterior enfrentamiento entre dos poderes básicos del Estado, ¿cómo lo ha visto usted?

–Es que los dos partidos son iguales... bueno, en realidad no lo son: el sanchismo se ha convertido en un partido ultrarreaccionario, de tal forma que en este momento el PP es centro, es el partido centrista. Pero en la cuestión de los jueces, los dos partidos actúan igual, como dos navajeros. Lo que quieren es comprar jueces para sus fines y no tienen el menor respeto a la independencia judicial, ni uno ni otro. No les interesa para nada, no creen en la separación de poderes.

–Las palabras del Rey en el discurso de Navidad caerán entonces en saco roto...

–Como siempre. El pobre hombre, bastante tiene: es la única persona sensata de todas las instituciones españolas.

–Unos y otros entran en la malversación del lenguaje. Ahora más la izquierda, con el lenguaje inclusivo. Eso en la RAE se debe ver con pavor...

–Con pavor no: con muchas risas. Ellos mismos no se dan cuenta de que son posiciones muy ridículas, posiciones que ellos traen de las universidades norteamericanas: son unos plagiadores de universidades norteamericanas, especialmente Berkeley, y no se dan cuenta de que actúan con la moral del ultracapitalista. Son tan ignorantes que ni siquiera se dan cuenta de eso.

–Hablaba usted de Podemos, partido que se gestó precisamente en la Universidad. ¿Es un reflejo de lo que acontece en ese ámbito?

–Los dos centros de la corrupción en España son el fútbol y la Universidad. He estado treinta años en la Universidad y por lo menos en todo el período que yo viví no hubo una sola oposición honrada. Son organismos muertos, pero como todos los dinosaurios empiezan a morirse por el rabo, y hasta que llega al cerebro pasan muchos siglos.

–Confiéseme una cosa: ¿usted acentúa la palabra "sólo" en la intimidad?

–Bueno, tienes la doble opción. Somos libres de usarla con tilde o sin tilde.

–Y a usted, ¿qué le gusta más?

–Yo, si equivale a "solamente", la acentúo.

–Vieja escuela.

–No vieja: histórica, gramatical, seria. En la Academia mis colegas son todos muy serios, soy feliz en la Academia y me llevo maravillosamente bien con ellos. Pero a veces les da por ser modernos, y admiten cosas que yo no hubiera admitido.

–¿Hay debates muy intensos dentro de la Academia cuando tienen que decidir cuestiones como estas?

–Sí, sí, por supuesto. Hay debates muy serios, aunque por fortuna no hemos llegado a las manos. Allí se trabaja por comisiones: hay una de neologismos, otra de terminología científica... la mía es la comisión cultural, y son esas palabras justamente que empiezan a circular y no sabes si admitirlas o no admitirlas. Allí hemos tenido enfrentamientos porque hay una parte de la comisión que considera que en cuanto la palabra ha aparecido en seis provincias hay que ponerla en el diccionario. Y otros decimos: "Depende". Yo, por ejemplo, no hubiera admitido "mamitis". Que se usa, sí, pero hay que hacer todo lo posible para que se use lo menos posible y haga el menos daño posible. Son sobre todo ese tipo de palabras que tienen usos comerciales. Por ejemplo: tuvimos una discusión, en un momento dado, sobre la palabra "culot".

–¿El de los ciclistas?

–Sí. Viene del francés. Pero como ciertos comercios han hecho publicidad y eso ha aparecido en todas partes, pues si ibas a la tienda a pedirlo tenías que decir "culot". Y en la comisión unos decían: "hay que ponerlo". Y otros decíamos: "no, no hay que ponerlo".

–No estoy al tanto, ¿entró finalmente al Diccionario?

–Entró, entró. Son más ellos que nosotros: hay una parte filológica que son muy fuertes, son mayoría, y luego estamos los escritores. En mi comisión estábamos Javier Marías, que se murió el pobre, Arturo Pérez-Reverte y yo. Y los tres decíamos que no. Pero los filólogos dijeron: "si salió en cinco provincidas, cuatro medios y Google, se pone". Y se puso.

–Eso es como el Consejo del Poder Judicial, divididos en bloques.

–Exactamente.

–Habla de Javier Marías, ¿tenemos ahora mismo autores de esa talla?

–No, era el mejor. Marías era el mejor con diferencia. Ya no quedan.

–Da la sensación de que se publica más que nunca, pero el nivel es más bajo que antes. ¿Es así o es falta de perspectiva?

–Es así, todo es así, y no es solo cosa de la literatura. Salvo los coches, que cada vez son mejores, todo lo demás se viene abajo. No hay ninguna calidad, se pierde a una velocidad tremenda.

Compartir el artículo

stats