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Memoria Histórica

Los monjes del Valle de los Caídos barajan Silos como destino cuando los eche el Gobierno

Un pleito de reclamación de impagos flanqueará el desalojo si no hay acuerdo antes entre el Ejecutivo y la abadía

Una imagen del Valle de los Caídos. JOSÉ LUIS ROCA

El año 2023 será el de la resignificación del Valle de los Caídos. Cuelgamuros se convertirá en el lugar de principal, más visible y más concentrada aplicación de los cambios que trae la Ley de Memoria Democrática. Y entre ellos, el de la desaparición de la abadía de monjes benedictinos que actualmente regenta la basílica, los enterramientos y un hostal con cafetería de muy escasa actividad.

La docena de monjes que encabeza el abad Santiago Cantera es ahora una comunidad en busca de residencia futura. Y el monasterio burgalés de Silos, habitado por monjes benedictinos de la misma rama, es el destino más barajado, indican a El Periódico de Catalunya, del grupo Prensa Ibérica, fuentes próximas a la congregación, dado que los monjes de Cuelgamuros no hacen declaraciones a la prensa. Se baraja Silos con preferencia a otra opción, el monasterio de Leyre, en Navarra, porque Silos fue el origen. De allí salieron los primeros 20 monjes a los que el dictador Francisco Franco encargó custodiar el monumento de la sierra de Madrid y los 34.000 cuerpos de combatientes y víctimas de la Guerra Civil que alberga. Y de Silos son, todavía, dos de los religiosos de la actual comunidad.

"No hay nada decidido", dice a este diario el abad de Silos, el monje, teólogo e historiador religioso Lorenzo Maté, restándole inminencia al traslado. Ciertamente no es inminente, confirman fuentes de Moncloa, pero a la vez subrayan que es imparable: "La entrada en vigor de la Ley de Memoria Democrática extingue la Fundación de la Santa Cruz", resumen. Esa entidad fue la que creó Franco con un decreto el 23 de agosto de 1957, durante unas vacaciones en San Sebastián, con el fin de dar carta legal al encargo de la gestión del monumento a una nueva congregación de monjes de San Benito.

Para ello, la dictadura llegó a un acuerdo con la abadía de Silos, estableciendo un contrato de escisión de parte de su comunidad. Y el contrato por el que los monjes entraron en el valle "está aún por resolverse... y también los incumplimientos de ese contrato", recuerda desde su retiro de Burgos el abad Maté, que no quiere hacer más comentarios. Se refiere al pago "por el trabajo" de los miembros de la comunidad, que, calcula, lleva cuatro años sin abonarse.

Pleito en lontananza

Antes de regir Silos, el abad Maté fue prior del Priorato Silense de Montserrat en Madrid. Los monjes de Silos, los de Cuelgamuros y los de la abadía barcelonesa de Montserrat tiene en común ser de la Orden de San Benito, pero pertenecen a diferentes ramas. Los de Catalunya, a la Congregación Sublacense Casinense (originaria de Monte Casino, en Italia); los de Silos, a la Congregación de Solesmes, que desde mayo pasado dirige en Francia el monje alsaciano Geofroy Kemlin. Es por esa razón que la abadía catalana, aun siendo un recinto benedictino, no se baraja como destino de ninguno de los monjes que hoy habitan el Valle de los Caídos.

No es improbable que en el proceso de desalojo de los frailes tenga alguna intervención el nuevo dirigente de los benedictinos de Solesmes. En recientes declaraciones al digital 'Religión en Libertad', Cantera, el abad del valle, respondió que "en Solesmes hay mucha sensibilidad hacia nuestra abadía", en referencia a una pregunta de ese medio por si conocía la situación de la congregación "continuamente atacada por parte de las autoridades".

Santiago Cantera fue candidato electoral de Falange antes de tomar los hábitos, y se opuso todo lo que pudo durante todo el proceso de exhumación y traslado de los restos de Franco, y también ante las peticiones de exhumaciones de familias de republicanos. Su relación con el Gobierno de Pedro Sánchez es mala, y el Ejecutivo tiene cerrado el grifo de las dotaciones económicas a la congregación. Pero las fuentes consultadas en Moncloa no descartan que algún enviado del Gobierno y los monjes se sienten a hablar, no ya sobre la permanencia o no de los religiosos, sino sobre la fecha y la manera en que se hará su salida.

Los integrantes de la abadía tienen que tener antes decidido su nuevo destino. Son una congregación independiente, y esa decisión corresponde a su capítulo. Pero la salida no estará exenta de un posible pleito de reclamación de cantidad al Gobierno que estudiarían juristas próximos a la congregación.

Fuentes del Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial, en cuya sierra se abre el valle de Cuelgamuros, apuntan aún otro extremo por resolver: el colegio de los niños de la escolanía que canta en las misas del Valle. Se trata de un centro concertado. Parte del profesorado está formado por algunos monjes. Esas fuentes municipales ven ahí a una vía de personación en el proceso para la Comunidad de Madrid, gobernada por la popular Isabel Díaz Ayuso.

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