Cambio político

Dolarización de Argentina: ¿en qué consiste la propuesta estrella de Milei y qué efectos ha tenido en otros países de América Latina?

Muchos economistas del mundo consideran que su promesa carece de fundamento técnico y político

Milei arma y desarma el "rompecabezas" de su futuro gabinete al calor de las alianzas.

Milei arma y desarma el "rompecabezas" de su futuro gabinete al calor de las alianzas. / EFE

Abel Gilbert

Durante la campaña electoral, Javier Milei exhibía un billete gigante de 100 dólares con su rostro. Toda una premonición, debieron pensar sus seguidores, y con su voto le llevaron a ganar las elecciones. Muchos economistas del mundo consideran que su promesa carece de fundamento técnico y político. Sin embargo, el presidente Alberto Fernández escuchó en la intimidad palaciega, durante la reunión que mantuvieron el pasado martes, lo mismo que el ultraderechista ha asegurado en las tribunas: "Vamos a dolarizar Argentina". El rostro de perplejidad de Fernández quedó retratado en la foto que les tomaron juntos.

El anarcocapitalista considera que delegar la soberanía monetaria en el Departamento del Tesoro estadounidense será la fuente de la prosperidad de un país con un 40% de pobres y una inflación que perforará el 150% anual cuando reciba los atributos de mando. "Nuestro cálculo es que en 16 meses todos los pesos se canjearán por dólares", dijo.

En América Latina se conocen tres experiencias semejantes: Ecuador, El Salvador y Panamá. Pero es el primero de los países donde el equipo de Milei ha puesto su atención. En medio de un ajuste incesante, con la hiperinflación mordiendo los talones y el trasfondo de bancos quebrados y capitales en fuga, el presidente ecuatoriano Jamil Mahuad puso en marcha la dolarización el 9 de enero de 2000: El sucre, la moneda existente, se devaluó previamente un 400%. Doce días más tarde, Mahuad fue echado del Gobierno por una protesta en la que convergieron el movimiento indígena y las Fuerzas Armadas. Abandonó el Palacio Carondelet escondido en una ambulancia.

La dolarización se llevó a cabo en una economía con un PIB de 37.000 millones de dólares, relativamente pequeña. Los depósitos se pulverizaron, algo que los argentinos conocen por experiencias de 1989 y 2011. El primer año de vigencia del nuevo modelo no pudo frenar la inflación, que fue del 90%. La economía comenzó a normalizarse con el paso de los años y a reducir el coste de la vida a un promedio de 10% anual. En el camino ganaron los sectores importador y financiero.

Un modelo dependiente

El aumento de los precios internacionales de las materias primas, en especial el petróleo, y un inédito flujo de remesas que empezaron a enviar los migrantes en una escala desconocida facilitaron el proceso de estabilización (algo similar ocurre en El Salvador, donde las remesas constituyen el 25% del PIB). Creció el consumo interno, la inversión pública y mejoraron las condiciones de vida en la medida que entraron dólares a las arcas del Banco Central. La sostenibilidad del esquema monetario dependió, sin embargo, del mercado internacional del crudo.

Durante los años de Gobierno de Rafael Correa, Ecuador recurrió a su Banco Central para contener los bajos precios del petróleo. A pesar de esos esfuerzos, no quedó otra alternativa que financiar el déficit en la balanza comercial con endeudamiento externo. Las sucesivas presidencias de Lenín Moreno y Guillermo Lasso profundizaron esa tendencia. La falta de divisas se financió pidiendo dólares a bancos extranjeros y al Fondo Monetario Internacional (FMI), a cambio de un ajuste en el Estado y el mercado de trabajo. Moreno tuvo que enfrentar un estallido social en 2019. Lasso se vio obligado a adelantar los comicios. Ambas crisis políticas tuvieron el mismo sustrato económico: casi un 30% de pobres. La deuda externa pasó de representar un 12% a un 40% del PIB. Ecuador tuvo que suspender en dos ocasiones el pago de sus intereses.

Advertencias y empecinamientos

"La entrada a la dolarización fue traumática y la salida sería catastrófica", le advirtió a una radio argentina Andrés Arauz, excandidato a presidente y vicepresidente del correísmo en los últimos dos años. "La dolarización es un tema monetario", dijo Carlos Julio Emanuele, el ideólogo de la experiencia ecuatoriana. Consultado por el portal argentino La Política Online, el exministro de Economía tras la caída de Mahuad fue categórico: no resuelve el problema de la pobreza. Pero Milei quiere transitar ese camino, aunque el peso de la economía de este país en nada se parece al ecuatoriano.

Los especialistas estiman que se necesitarían unos 37.000 millones de dólares para llevar a cabo el plan maestro del ultraderechista. Si algo no posee el Banco Central es esa cantidad de dinero. Argentina tiene una deuda externa de 403.809 millones de dólares, el 64% de su PIB y, entre 2024 y 2026 el Gobierno de ultraderecha debe afrontar vencimientos por más de 53.000 millones, a un promedio de 17.800 millones anual, de acuerdo con el cálculo de la consultora Ecolatina

A pesar de la insolvencia y el consenso entre numerosos economistas de que la dolarización no es viable ni deseable, sus promotores quieren pedir un nuevo préstamo por la cifra estimada y respaldar los bonos con empresas públicas, en especial la petrolera YPF y las acciones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad, que permiten financiar el pago de las pensiones y otros gastos. Robin Brooks, del Instituto Internacional de Finanzas, descarta que los ahorros de los argentinos en el exterior, de unos 300.000 millones de dólares, regresen al país para financiar el gran proyecto de Milei. El asesor del presidente electo, Carlos Rodríguez, propone un generoso blanqueo de capitales para que vuelvan esas divisas que se encuentran fuera del sistema. "Los ricos no van a repatriar sus dólares", insiste Brooks.

Impacto social

Los especialistas temen a su vez el coste social que podría provocar este proyecto. Argentina pagó caro en los 90 atar su moneda al dólar. Lo sostuvo con venta de activos públicos y deuda. La fantasía de ser parte del "primer mundo" dejó heridas sociales: pobreza y paro. Todo estalló en 2001 con la crisis del corralito. Pero 22 años parecen un siglo en este país. Pasaron tantos sobresaltos que la era de la convertibilidad quedó relegada al olvido, la confusión o como un pasado idílico del consumo. "Aunque puede contribuir a estabilizar la economía en el corto plazo, las consecuencias de una dolarización son negativas: apreciación del tipo de cambio, estrangulamiento de la estructura productiva, un Estado incapaz de maniobrar en las crisis y, a la larga, la adopción de cuasi monedas", opina el economista Claudio Scaletta.

La distancia entre los anhelos y la realidad comienzan tempranamente a presentarse como un problema a los ojos de Milei. Emilio Ocampo, quien iba a asumir al frente del Banco Central para implementar la dolarización, ha decidido dar la espalda al ultraderechista, disconforme con los nombramientos en el Ministerio de Economía. Los billetes gigantes de 100 dólares con su rostro corren el riesgo de convertirse en un cotillón sin valor siquiera simbólico. Milei tal vez deba esperar más de la cuenta para materializar su sueño de un país sin moneda propia. Quizá sea tan solo el sueño de un hombre que llegó demasiado lejos.