Primera vuelta

Cinco claves para entender las elecciones en Argentina y el miedo a una posible victoria de la ultraderecha

La votación adquiere características dramáticas porque puede llevar a la ultraderecha al poder

La reflexión ocupa el lugar del fango en la antesala de las elecciones argentinas.

La reflexión ocupa el lugar del fango en la antesala de las elecciones argentinas.

Abel Gilbert

A los 40 años del triunfo electoral de Raúl Alfonsín que puso fin a siete años de la peor dictadura militar de la historia argentina, y en medio de una crisis sin precedentes desde 2001, unos 35 millones de ciudadanos están en condiciones de decidir quién será su presidente a partir del 10 de diciembre. La votación adquiere características dramáticas porque puede llevar a la ultraderecha al poder. Se gana en la primera vuelta con el 45% de los sufragios o el 40% y 10 puntos de distancia del segundo.

Angustia e incertidumbre

Las primarias del 13 de agosto dibujaron un nuevo mapa de las preferencias electorales en este país con el ultra Javier Milei a la cabeza con 29,86%, seguido muy de cerca por el peronista Sergio Massa (28%) y la conservadora Patricia Bullrich (27.28%). Los últimos sondeos son confusos: algunos no descartan que el candidato de La Libertad Avanza (LLA) acceda a la presidencia este mismo domingo, mientras que otros auguran una segunda tanda de votación el 19 de noviembre. Los encuestadores tampoco se ponen completamente de acuerdo en relación al aspirante que competirá con Milei. Nadie descarta otra sorpresa. La duda es la regla.

"Ni el más avezado y confiable de los consultores sobre procesos electorales se atreve a decir mucho más que, a horas de los comicios, la moneda está en el aire", señaló Claudio Escribano, columnista del diario La Nación. La resolución de esta encrucijada electoral estará en manos del 30% de hombres y mujeres que en las primarias de agosto se quedó en sus casas. Por lo pronto, parte de la elite económica, política y cultural ha entrado en pánico ante la posibilidad de que se cumplan los peores presagios. Se teme que pudiera ser tarde para evitar que la ultraderecha se imponga finalmente en el ballotage en el caso de que Bullruch quede en el camino. Milei recibiría buena parte de las adhesiones del antiperonismo furioso y Massa se quedaría con poco margen para ser el Emmanuel Macron argentino que trata de frenar a la Marine Le Pen de las pampas.

Las razones del 'mileismo'

"Libertad", gritan unos. "Esperanza", braman otros. "Fuera la casta política", repiten juntos. Milei se ha vuelto un candidato competitivo como consecuencia de la profunda desafección de un importante sector de la sociedad. Una reciente encuesta sobre "cultura constitucional" da cuenta que un 72% de los entrevistados no está satisfecho con la democracia. Un 50% está de acuerdo con la llegada de un Gobierno no democrático si resuelve los problemas de la gente. A Milei lo siguen especialmente los jóvenes menores de 24 años y los trabajadores precarizados.

El discurso de la autosalvación de los emprendedores ha calado hondo en aquellos que quedaron al margen del mercado laboral formal o no llegan a fin de mes con sus magros salarios. Les son ajenos el discurso sobre un "Estado presente" y los llamados a preservar los derechos al trabajo, la salud y la educación públicas porque sienten que, en un punto, los han perdido hace mucho tiempo. La irrupción mesiánica de Milei no se entiende sin los 40,1% de pobres. Lo siguen en sus mitines especialmente los hombres, indiferentes a sus prédicas machistas y antiabortistas. Su irrupción ha puesto entre paréntesis la histórica disputa entre peronistas y antiperonistas. La ultraderecha se nutre de ambos, por motivos diferenciados.

Una economía en estado ruinoso

El "mileismo" es hijo del fracaso del Gobierno del presidente Alberto Fernández quien, en nombre del peronismo, había prometido "volver mejores" que las anteriores versiones kirchneristas (2003-2015). Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner se pelearon a cielo abierto ante la perplejidad de sus seguidores. La inflación anual, del 140%, es una fábrica de infortunios colectivos. El precio del dólar salta por los aires. Fernández renegoció un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para refinanciar el crédito que le había otorgado el organismo a su antecesor Mauricio Macri por 45.000 millones de dólares. El ajuste económico le hizo perder al peronismo las parlamentarias de 2021.

El PIB caerá en 2023 al menos un 2,5% debido a una grave sequía por la cual Argentina no ha percibido este año unos 20.000 millones de dólares. La deuda externa ha pasado en cuatro años de 323.000 millones de dólares a 403.000 millones. Las reservas internacionales del BCRA están por el suelo. Entre 2024 y 2032, Argentina debe saldar vencimientos de capital e intereses de deuda por 18.000 millones de dólares de promedio anual. La zozobra por "lo que vendrá! altera el comportamiento de la economía diaria. Faltan precios de referencia porque nadie sabe cuánto se depreciará la moneda local. "Stockearse", es el verbo que han inventado los argentinos. Acumular lo que sea: dólares, papel sanitario, aceite frente a las incógnitas y meidos que suscita el "día después".

Agresividad sin precedentes

El país donde nació el papa Francisco tiene también su anticristo incubado en estas tierras donde cunde la desesperación. Milei se ha convertido al judaísmo de la mano de un rabino ultraortodoxo y ha hecho campaña con la bandera de Israel. Sobre todo, ha puesto en el espacio público palabras que pocos años atrás habrían resultado inadmisibles porque estaban fuera del consenso que forjó la transición democrática. Milei no solo pone en tela de juicio la naturaleza del terrorismo de Estado y reintrodujo el concepto de "guerra" interior, esgrimido por los reprsores rechazado ya en el histórico juicio contra los excomandantes, en 1985, sino manifiesta reiteradamente su aborrecimiento al concepto de "justicia social", tan caro al peronismo y la Iglesia Católica. El candidato ultraderechista ha llegado a calificar al pontífice de "comunista". Durante el cierre de su campaña se propuso suspender las relaciones con el Vaticano mientras lo habite Jorge Bergoglio. "Lo escuché y quedé realmente azorado, sorprendido", dijo el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva. Como Bolsonaro, Milei intenta apoyarse en los sectores evangélicos, profundizando un cisma en el universo cristiano que también es regional.

Una contienda mucho más que local

Nunca en la historia política argentina una fuerza política surgida casi de la nada y con un programa radical de derechas ha estado tan cerca de ganar en las urnas la posibilidad de moldear a un país a imagen y semejanza. Esa tarea en el pasado correspondía a los militares. Los civiles se quedaban entre bambalinas como autores del programa económico. Ya no hay nada que esconder. La hoja de ruta se ha diseminado primero en las tertulias televisivas y espacios dedicados a la farándula del espectáculo. Luego en todos los medios, hasta devenir un fenómeno político. Si bien se trata de un caso político de aristas originales, también tiene su conexión internaciona.

Por eso estos comicios despiertan tanta atención y entusiasmo en la ultraderecha global. Eduardo Bolsonaro, el heredero del expresidente brasileño, y representantes de Republicanos, el partido del chileno José Antonio Kast, han viajado a Buenos Aires para acompañar a Milei. También lo han hecho representantes de Vox, entre ellos Eduardo Cader, del Foro Madrid, que agrupa a los ultras iberoamericanos. El tumpismo sigue con atención lo que sucede en la remota Buenos Aires. El propio Elon Musk dejó entrever su simpatía por Milei, cuyos videos en TikTok son vistos con fruición -y también- espanto en diversas latitudes. Su eventual victoria no haría más que amplificar ese impacto fuera de Argentina.