Aniversario de la declaración

Kosovo, 15 años de independencia, corrupción y pandemia demográfica

La corrupción y la desigualdad alimentan una emigración que no parece tener fin, con Alemania como destino preferido

Un mural en Kosovo.

Un mural en Kosovo. / EPC

Irene Savio

La profesora Vjollca Neziri-Mengjiqi, del centro de idiomas Zastrade de Pristina, se coloca delante de la pizarra magnética y, a las nueve de la mañana, pide la declinación alemana de un sustantivo. Las alumnas son todas mujeres y la mayoría, muy jóvenes. "Repitan", las incita. Y entonces el aula parece convertirse en una salita de teatro. La estudiante Fatbardha Ajvazi, de 24 años, tiene dificultad con la fonética. Su compañera Qedresa Gashi entra en escena, riéndose, y termina la frase. "Nein (no)", les responde la docente. En una mañana gris, la clase se anima. Casi todas están allí porque no descartan un destino: probar suerte en Alemania. "Aquí muchos no encuentran trabajo", zanja Neziri-Mengjiqi.

Es un fenómeno nuevo de una situación añosa. "Hasta hace algunos años, la mayoría aspiraba a trabajar en las organizaciones internacionales. Después de la guerra, aquí en Kosovo había un gran número de internacionales. Ahora el 70% pide clases en alemán y solo el 30%, en inglés", dice Zeqir Lushaku, un economista que en 1992 decidió abrir una de las primeras escuelas de idiomas de Kosovo. "Yo me licencié en 1976 y dos semanas después, tenía trabajo; un año después, me compré un piso. Y luego me casé", razona.

La emigración de kosovares es una realidad enquistada desde tiempo. Entre 2010 y 2020, se fueron a vivir al extranjero 220.000. En 2021, otros 42.728, según datos de la oficina de estadísticas de Kosovo. Lo nuevo es precisamente que los jóvenes de Kosovo sueñan cada vez más con emigrar a Alemania, el destino preferido de una lista que también integran Suiza, Italia y Austria. La huida masiva podría continuar durante mucho tiempo. Otra razón: en noviembre, Alemania suavizó su ley de inmigración para hacer frente a sus necesidades de nuevos trabajadores.

La normal anormalidad

Quince años después de una declaración unilateral de independencia, Kosovo (con 1,7 millones de habitantes, según el último censo) ofrece hoy una imagen de cierta normalidad. En la capital, Pristina, la sensación es de una amalgama de cultura eslava y oriental, con paisajes trasplantados de Europa occidental. No hay muchos turistas, pero sobran las tiendas de conocidas marcas de ropa y los bares de tendencia, así como las panaderías que ofrecen bollerías turcas, y los bulevares y plazas en los que conviven las estatuas y fotografías de Bill Clinton, madre Teresa de Calcuta, el héroe nacional Ibrahim Rugova y los controvertidos guerrilleros del UÇK.

Es un teléfono que, al aterrizar en el aeropuerto Adem Jashari, informa en pocos segundos de la llegada a tres países distintos (primero Albania, luego Serbia y por último, Kosovo), junto con la proliferación de los carteles con ofertas para la diáspora, lo que recuerda que, además del limbo jurídico en el que vive este territorio al que mucho aún no reconocen, son la desigualdad, la corrupción, los tráficos ilegales, el crimen organizado y la impunidad (la reforma de la justicia lleva tiempo discutiéndose e informes reconocen la interferencia política) que lastran a la sociedad

La situación es tan indiscutible que en 2021 el Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD) decidió incluso investigar las razones que llevan a la gente a irse. Según este informe, más del 81% de los jóvenes respondió que Kosovo sufre de falta de trabajo, el 68% se quejó de la pobreza y las penurias económicas y el 42% del nepotismo y la corrupción. "Si esta mala situación continúa, yo también me iré", asegura Fatbardha, una de las estudiantes.

Pandemia demográfica

El Banco Mundial, la UE, la ONU e incluso el Gobierno kosovar también lo ratifican en sus informes. Porque, por estas tierras y pese a algunas recientes mejoras, el índice de desarrollo humano es del 0,76 –el peor de la región, por detrás de Bosnia, Albania y Macedonia del norte–, casi un cuarto de la población vive en la pobreza, el PIB per cápita anual es de 4.900 euros y el 25% no tiene oficialmente un empleo (más del 40% en el caso de los jóvenes). Y ello en un país en el que el Estado solo destina el 8,5% (es el 28% la media europea) a las ayudas sociales.

"Es un problema enorme. Si seguimos exportando a nuestros jóvenes, entraremos en una pandemia demográfica", dice tajante el economista Safet Gerxhaliu, al referirse al balance demográfico que ya es negativo (-15.000 en 2021). "Hoy día no solo emigran los que no tienen trabajo, sino también los que lo tienen pero han perdido esperanza en el futuro y buscan mejores condiciones", añade este analista. La pandemia y la guerra en Ucrania, además, han sido el enésimo golpe. Las alzas del precio de la electricidad y de los alimentos (que Kosovo importa) contribuyeron en un 65% y 20% a aumentar la inflación en Kosovo, según datos oficiales.

Es el secreto a voces que captó Vetëvendosje (Autodeterminación), el partido socialdemócrata con profundas raíces en el nacionalismo albanokosovar, que desde 2021 gobierna en el país. Una de sus principales promesas fue precisamente acabar con la corrupción, que ha alimentando en estos años el hartazgo por la política y el proyecto de Kosovo. Uno de sus frutos, en julio de 2022, ha sido una nueva ley anticorrupción, así como que se lograra remontar unos 20 puntos en el índice de Transparencia Internacional.