En La Palma no todo son plátanos. La producción de proteas se ha visto también reducida debido a que los gases de origen volcánico, y en especial el azufre, han dañado las hojas de esta planta ornamental en las fincas de la cara oeste de la isla, lo que supone una merma del 40% de la cosecha.

La protea es una flor decorativa, de origen sudafricano que florece en invierno en las zonas de medianías altas, cuyo cultivo ha ido en aumento en los últimos 25 años en La Palma para su exportación tanto a centroeuropa como a países asiáticos, donde es muy demandada especialmente en fechas próximas al año nuevo chino.

El gerente de la cooperativa Proteas de La Palma, Francisco Molina, apunta que en la actualidad hay en cultivo unas 28 hectáreas distribuidas entre 45 agricultores. La temporada de zafra actual terminará en mayo con una producción estimada de 600.000 tallos acordes «con la calidad que exige el mercado». Molina explica que el dióxido de azufre que aún emite el Tajogaite pasados 13 meses desde el final de la erupción, mezclado con la lluvia fina del sereno durante la etapa de crecimiento de las plantas, ha afectado a las puntas de las hojas, dándoles un aspecto quemado que impide su comercialización.

En este tipo de plantas la estética es crucial, y aunque las flores no han sufrido desperfectos, sí se ven las cicatrices. El resultado es un aspecto seco en los extremos, que provoca su desecho durante el empaquetado.

Las fincas más afectadas por la presencia de esta lluvia ácida son las ubicadas en el municipio de El Paso, donde se originó la erupción, por lo que el gerente de la cooperativa estima que se perderá alrededor de un 40% de la cosecha.

La imposibilidad de exportar las flores implica que desde la cooperativa Proteas La Palma no están siendo capaces de afrontar la demanda, especialmente de los clientes de China, en un año en el las restricciones por covid en el país asiático han terminado y han aumentando los festejos, y con ello las importaciones.

Además, para hacer llegar los tallos en perfectas condiciones hasta clientes habituales en lugares como Estados Unidos, Vietnam o Japón, las proteas hacen un recorrido contrarreloj en el que viajan pasan por Helsinki, o Amsterdam para llegar a su destino en menos de una semana. Una tarea ardua a causa de la pérdida de conexiones aéreas a causa de la pandemia.